PRIMAVERA: TREINTA Y SEIS

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TREINTA Y SEIS

Dante vomitó el desayuno entero en el baño del consultorio de Phil, no comprendía el porqué del repentino malestar. Esa mañana se encontraba en perfecta salud, al dejar a Daniel en el conglomerado tampoco hubo señales de nada malo, fue solo a mitad de la consulta con Phil que las náuseas golpearon inesperadamente y la reacción fue inevitable.

―Dante ¿cómo te encuentras?― la voz del ginecólogo al otro lado de la puerta se dejó escuchar, parecía preocupado.

―Mejor― respondió el Omega con la voz húmeda, tiró de la cadena una vez más después de comprobar que no volvería a vomitar, después de lavarse la boca y la cara por fin salió del baño ―Lo lamento Phil, fue repentino.

El ginecólogo lo evaluó, hizo preguntas y por último decidió pedir algunos exámenes.

―No consumes supresores por ahora, sin embargo, necesitamos asegurarnos de que todo esté funcionando como debe ser tras el nacimiento de tu bebé, además, quiero descartar un embarazo.

―¿Embarazo?― preguntó confundido Dante.

―Antojos, vómitos, necesidad por las feromonas de tu pareja...

―No son síntomas exclusivos del embarazo― intentó refutar Dante ―además ¿no es muy pronto?

―Eres un tipo D+, tu cuerpo es naturalmente fértil, aún con tu inestabilidad de feromonas sigues teniendo una excelente capacidad reproductiva― aseguró Phil con una sonrisa ―Y la marca en tu cuello es un punto más para sospechar de un embarazo.

―Sebastian toma anticonceptivos― Dante dijo aquello como si intentase convencerse más a sí mismo que a Phil de que un embarazo es algo impensable ―Y nuestra marca es temporal.

―Es una marca dual, las posibilidades son mayores... Escucha, solo vamos a descartar todo ¿sí? Necesitamos saber qué te está causando estos malestares, no quiero que algo surja derivado de la técnica Blanch, no tengas miedo, incluso si estuvieses embarazo ustedes están casados, no hay nada de malo en tener más de un hijo para una pareja joven como ustedes.

En el rostro de Dante se dibujó una expresión complicada ―En este momento otro bebé no sería conveniente― dijo después de escoger sus palabras con cuidado, como quien quiere evitar un conflicto político.

―Hagamos los exámenes y averigüemos qué te esta sucediendo ¿bien?― Phil cambió de tono, como si hablase con un niño que necesita ser consolado.

―Claro― respondió Dante con tranquilidad.

Un enfermero entró al consultorio minutos después, en cuestión de minutos las muestras de sangre y feromonas fueron tomadas y Dante estuvo listo para volver al conglomerado, Phil dijo que lo vería en unas horas cuando los resultados estuviesen listos. Dante no perdió tiempo, el pecho le dolía anunciando que Daniel necesitaría comer pronto así que le pidió al conductor acelerar tanto como la ley de tránsito le permitiera, afortunadamente a esa hora el tráfico era inexistente y pronto estuvo en el conglomerado tomando el elevador hacia la oficina de Sebastian.

Al llegar se encontró con el ambiente tenso y los empleados corriendo de un lugar a otro como hormigas asustadas, Tania daba órdenes a dos chicas que se apresuraban a tomar nota con el rostro serio como si estuviesen recibiendo una misión ultrasecreta. Al marcharse esa mañana todo parecía fluir con calma, no comprendía el cambio tan drástico en tan solo dos horas, pero, no se atrevió a preguntar y después de darle un saludo corto a Tania entró a la oficina de su esposo para encontrarlo con el rostro bañado de una expresión temible.

―¿Qué sucede? Allá afuera todos están como locos― dijo tan pronto como cerró la puerta tras de sí.

―Un contrato salió mal― respondió Sebastian con rapidez sin prestar mayor atención a su esposo, sus ojos se mantenían pegados a la pantalla de la computadora y en sus manos sostenía una hoja con tanta fuerza que parecía a punto de arrugarla por completo.

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