PRIMAVERA: TREINTA Y TRES

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TREINTA Y TRES

Cabello negro, jeans rotos, una camiseta simple y un abrigo que quizás nunca estuvo de moda, zapatillas de un mercadillo barato, una maleta con artículos indispensables, la sensación de frío por todo el cuerpo y un viaje en un taxi que tomó a dos calles de casa. Con el reloj marcando las seis y treinta minutos Oliver tronó los dedos de sus manos con nerviosismo, el conductor del taxi, un hombre joven con aroma a tabaco, le echó un vistazo por el retrovisor y sonrió coqueto, sin embargo, Oliver no se enteró de la insinuación; su corazón bailaba en una cuerda muy delgada y sus pies se apretaban con fuerza buscando desesperadamente calmar sus nervios.

El claxon de un autobús escolar hizo saltar a Oliver en su asiento, el taxista se pasó un alto y lo festejó con otra sonrisa coqueta y un "¿Has visto eso? ¡Soy un genio!", el Beta se limitó a una sonrisa sin entusiasmo y regresó la atención a sus propios asuntos. Vestido así solo podía pensar en el día que abandonó la casa familiar, recordaba sus manos frías, los zapatos viejos y la mochila con algo de ropa, sus ahorros, el cuaderno que contenía sus diseños y sus sueños al hombro; era solo un chico que no sabía a dónde ir, pero, con la firme decisión de no regresar a ese lugar. Ahora, el sentimiento de miseria acompañaba los nervios y el malestar en su cuerpo, ese día estaba allí para ponerle fin a las estupideces de Mauricio y, si el Alpha pedía algo como el sexo a cambio de dejar en paz a la familia de Oliver, lo soportaría.

Un mensaje llegó al teléfono que sostenía entre sus manos con fuerza, el remitente era Dante y el contenido una frase simple:

Buen viaje Oli, Danny extrañará a su tío favorito. Besos.

El nudo en su garganta creció y unas terribles ganas de llorar golpearon su corazón, sabía que era una estupidez ir hacia Mauricio, sin embargo, él que fue un niño abandonado y herido que nunca tuvo el calor de una familia haría cualquier cosa para proteger a ese cuñado que llegó para darle ese calor familiar que siempre deseó. Dante apareció en su vida como un salvavidas, antes de la llegada del Omega, sus días oscilaban entre el trabajo y las fiestas, ignorando el vacío en su vida y el apartamento frío al que siempre regresaba, nadie enviaba mensajes para preguntar sobre su día o se preocupaba por su bienestar; todo eso cambió con Dante tomando un lugar importante en la familia, haciendo que todas esas personas se unan y empiecen a comportarse de forma cercana.

Cuando Sebastian anunció que ya tenía un candidato para convertirse en su esposo Oliver decidió hacer su propia investigación. Fue al campus de la Lindenbaum y observó a Dante, lo vio como una persona simple con una belleza apagada, notó la ropa vieja, el maletín desgastado y como tomaba el autobús en lugar de usar un auto como todos sus compañeros, prestó atención a sus interacciones con otras personas y se enteró que todos estaban un poco embobados con él, tenía una buena personalidad y era capaz de reír aún en las carencias que enfrentaba. Lo siguió por un par de días, supo que visitaba a su abuelo y apreció de primera mano el desastre que era la casa en la que vivía; experimentó pena y se preguntó si su primo no estaría aprovechándose de un Omega tan necesitado como Dante.

En su primera interacción Oliver también se enamoró un poco de Dante, además de la belleza física se encontró con un corazón precioso y simplemente sucumbió a sus encantos. Desde ese momento Dante y él se acercaron, convertirse en amigos fue natural y divertirse juntos algo que pasó a ser necesario; Dante era ajeno al mundo estrafalario y de excesos al que solía pertenecer, con él pudo recibir un abrazo cálido acompañado de una conversación simple y reconfortante, acudió a cenas que no tenían nada de pretencioso donde podía hablar con libertad y tuvo unos brazos que lo recibirían si el mundo se volvía muy pesado para soportarlo.

El día que Dante lo llamó mi cachorro, Oliver se perdió completamente. Su madre jamás lo llamó de esa forma, lo más cercano a una palabra cariñosa fue un simple hijo, dicho en un momento público con la intención de cuidar su imagen de mamá perfecta, sin embargo, su cuñado lo convirtió en parte de su familia casi de inmediato, el abuelo Jeremy también le demostraba cariño y, de pronto, se encontró con que la aparición de Dante significó la creación de una familia donde se sentía apreciado y querido. Lars y Magnus estuvieron allí cuando era niño, Sebastian también lo cuidó, pero, él necesitaba más y cuando Dante unió a todas las piezas pudo acurrucarse y dormir sin miedo a la soledad; esa era la razón por la que no renunciaría a lo que tiene aunque deba pagar con su cuerpo, no permitiría que Mauricio, Amelia o cualquier otra persona destruya ese pequeño oasis en el que ha hallado refugio.

DECADENCIAHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora