PRIMAVERA: TREINTA
La primera nevada cayó sobre Läuss, el ambiente estaba lleno de la expectación por las fiestas de fin de año, Daniel permanecía ajeno a todo dormitando en su cuna, Sebastian desechaba invitaciones a fiestas de navidad y Dante planeaba el menú para la cena de navidad familiar, o bueno, para los miembros cercanos de la familia. Con un bebé recién nacido pudieron saltarse los compromisos sociales sin parecer groseros o soberbios, inclusive dejaron que la pobre Larissa se haga cargo de la fiesta anual de empleados del Conglomerado, en realidad era algo más como un retiro para los jefes de departamento y sus familias en un resort en la única isla cálida de Läuss en esa época, así que seguramente estaría bien.
―No hicimos nada por tu cumpleaños― fue Dante quien lo mencionó con pesar posando la mirada en su esposo―Sé que dijiste que estaba bien no celebrarlo este año porque Daniel es pequeño, pero, creo que debimos hacer algo, es el primer cumpleaños que celebraríamos juntos y no pude ni hornear un pastel para ti.
―Mi amor, te prometo que estoy bien así. Jamás he hecho mucho en mi cumpleaños, inclusive de niño no había celebraciones grandes. Un pastel y un viaje a la juguetería con el abuelo, además, este año coincidió con la fecha cercana al nacimiento de nuestro hijo, organizar una fiesta era demasiado para ti.
―Sigo molesto, no me gusta no festejarte― renegó Dante ―No pude ni comprarte un regalo.
―Ángel, tienes a Daniel todo el día pegado a ti ¿cuándo tendrías tiempo de comprar un regalo? Estoy bien mi amor, lo prometo.
Aunque Sebastian parecía frío sobre el tema de su cumpleaños Dante percibió algo en sus palabras, una brizna de un sentimiento roto que lo inquietó. Su esposo era un niño roto al igual que él, creció ignorado por sus padres y con su abuelo y tío abuelo como únicos seres interesados en su bienestar; la imagen que dibujó en sus pensamientos sobre Sebastian era la de un niño callado y acostumbrado a no exigir nada, sin embargo, con un corazón que aún alberga esperanza e ilusión por su cumpleaños inclusive si su familia simplemente pasaba de él.
―A mí me importas Sebastian― afirmó Dante dejando sus ocupaciones y yendo hasta su esposo para sentarse en su regazo ―Me importa tu cumpleaños, me importan tus logros y me importa lo que te hace feliz y lo que te lastima.
Y con un gesto suave y sincero buscó los labios de su pareja en un beso lento que los conectó genuinamente, como si un hilo invisible se atara de corazón a corazón haciéndolos parte de algo más íntimo y que solo puede pertenecerles a ambos. Los brazos del Alpha apresaron el cuerpo de su esposo en un gesto firme, reteniendo a su pareja a su lado, dejando que su corazón se guie por Dante y la dulzura que le ofrece; sus palabras y ese beso eran algo más que la lujuria y deseo compartido, le entregó una caricia directa al corazón, una caricia que suavizó sus cicatrices y limpió algunos dolores.
―Te quiero― confesó Dante abrazando a su esposo en un gesto íntimo y sincero ―Sé que quererte no está en el contrato, pero, no solo me agradas, te has ganado mi afecto... Te quiero porque me gusta quererte, no hay más que eso.
―¿Realmente te importa lo que me suceda?― preguntó Sebastian apretando el abrazo y sosteniendo la respiración, ansioso por esos pensamientos llenos de pesimismo que se deslizan por su mente y logran que le taladre el pecho con el miedo de que las palabras de Dante sean una mentira.
―Por supuesto, me importas Sebastian.
Una respiración profunda se coló en el cuerpo del Alpha trayendo consigo alivio. No imaginó que las palabras dichas por su esposo por conveniencia le darían un poco de la paz que ha estado buscando durante tanto tiempo y sanarían viejas heridas que parecían imposibles de cerrar.
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DECADENCIA
RomansaÉrase una vez que un poderoso Alpha Dominante Máximo buscaba un esposo para ayudarlo a criar al hijo bastardo de su hermana mayor y así mantener su puesto como presidente del conglomerado perteneciente a su familia, érase una vez que un joven médico...
