PRIMAVERA: VEINTIOCHO
Mauricio observó la lonchera térmica que descansaba sobre los asientos traseros de su auto, Dante se la entregó cuando se iba de la fiesta. El Omega no dijo nada, simplemente la puso en sus manos y lo dejó ir haciendo que un sentimiento incómodo apareciera en su pecho, consideró tirarla en el primer basurero que encontrara en el camino, sin embargo, la idea de la cercanía a algo parecido al hogar lo detuvo pues ¿cuándo fue la última vez que comió comida casera o alguien se preocupó por su alimentación? Los elegantes platos que se cocinaba en casa de sus padres o su abuela no tenían el gusto que tiene la comida que disfrutó ese día en casa de su primo.
―Solo es comida― se dijo, sin embargo, el regusto de la comida preparada por las manos del esposo de Sebastian apareció en su paladar logrando que el odio por su primo crezca. Desde que tiene memoria Sebastian ha tenido todo lo que ha deseado, Lars y Magnus lo mimaron al punto de convertirse en el nieto favorito y heredero de la presidencia del conglomerado, tenía amigos leales como Larissa y el apoyo de los accionistas, además, tiene a ese esposo que estaba dispuesto a hablar con su enemigo para fijar una tregua.
―Ese imbécil lo tiene todo― murmuró con rabia.
Mauricio consideró que ese matrimonio era solo uno más de los negocios de Sebastian, no se tragaba la historia cursi que contaban y le parecía patético que su primo hiciera una jugada tan sucia como casarse a las prisas con tal de quedarse con la presidencia, pero, el día del compromiso vio la conexión que existía entre él y Dante. A pesar de ello continuó pensando que algunas cosas pueden fingirse por el bien común, pero, cuando anunciaron el embarazo su teoría tambaleó y se preguntó si Sebastian sería capaz de llevar todo ese circo hasta un punto de no retorno como tener un hijo con tal de quedarse con el conglomerado.
Ese día comprendió que Sebastian y Dante tenían algo real, amor o cariño, lo que sea que los une es más espeso que solo un frío trato para guardar las apariencias. Dante no dudó en invitarlo a aquella fiesta sabiendo que es el principal enemigo de su esposo, le propuso una tregua para asegurarle a Sebastian una paternidad tranquila; no era tonto y sabía que el esposo de su primo midió los riesgos de ofrecerle ese trato y, a pesar de ello, estaba dispuesto a afrontar las consecuencias en el futuro.
Su reflejo en el retrovisor anunció ese rostro que oscilaba en una mezcla de enojo y decepción, giró la vista hacia el asiento del copiloto y observó a la persona dormida en él preguntándose ¿Por qué no pueden tener una historia como la de su primo y Dante? Entonces lo recordó, él no nació en una familia amorosa, fue el hijo que nadie esperaba, aquel que fue moldeado por su padre y su abuela para convertirse en alguien que está dispuesto a romper los límites con tal de conseguir aquello que se marcó como objetivo, a diferencia de Sebastian, él está destinado a vivir tal y cual lo dicte su familia, hacer los sacrificios que crean convenientes y su única rebeldía ha sido negarse al matrimonio porque cree que tal vez pueda hallar la manera de quedarse con lo único que realmente quiere.
―¿Llegamos?― preguntó Oliver frotándose los ojos para alejar el sueño.
―Sí― Mauricio desabrochó el cinturón de seguridad del diseñador y agregó: ―Te quedaste dormido, no quise despertarte.
Oliver descansó la mirada en el Alpha y, cuando su cerebro estuvo despierto se atrevió a decir:
―Si tan solo fueses el hombre de la fiesta.
―Pero no lo soy― afirmó Mauricio.
―Esa máscara es más agradable que la que usas ahora.
―¿Cómo sabes que uso una máscara? Este podría ser mi verdadero rostro.
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DECADENCIA
RomanceÉrase una vez que un poderoso Alpha Dominante Máximo buscaba un esposo para ayudarlo a criar al hijo bastardo de su hermana mayor y así mantener su puesto como presidente del conglomerado perteneciente a su familia, érase una vez que un joven médico...
