PRIMAVERA: VEINTINUEVE

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VEINTINUEVE

Sebastian arrulló a Daniel después de que Dante le diera de comer, aún estaban en el hospital porque Phil quiso hacerle tantos estudios como fuesen posibles al recién nacido antes de enviarlos a casa. Dante observaba desde la cama con una sonrisa dulce, aunque su pecho se sentía extraño y húmedo, no se arrepentía de haberse sometido a la Técnica Blanch porque, cada vez que Daniel se pegaba a su pecho para alimentarse con tan buen apetito, sentía que todo lo que él y Lucrecia hicieron valió la pena.

―Es pequeño― comentó Sebastian arrullando a su hijo.

―Tiene el tamaño de un niño que hubiese nacido un poco antes, a pesar de que nació a término― suspiró Dante ―Afortunadamente no tiene desnutrición, pero, aún está en riesgo de desarrollar el Síndrome Kulpi, su recuento de feromonas es bajo para un tipo D+.

―Phil dijo que si no te tuviera para alimentarlo y darle de las feromonas maternas seguramente lo pasaría mal― el padre dejó un beso en la frente de su casi adormilado hijo y agregó: ―Siendo honesto ángel, si tú no fueses la madre de este niño quizás las cosas para él serían diferentes.

―¿A qué te refieres?

―A mí me importaba que naciera, pero, no tomé en cuenta todo lo que tú creíste necesario hacer... Siempre preguntas sobre por qué te escogí antes que a cualquiera de las familias ricas, bueno, a ellos no les hubiese importado involucrarse; este matrimonio es conveniente para ambos, pero, para nuestro hijo fue la decisión correcta. Todo lo que hiciste, la forma en que cuidaste de ella y cómo me creaste la idea de ser padre, todo fue para que este pequeño naciera bien.

―Lucrecia solía decir que se veía como madre sustituta para nosotros, nunca me gustó que lo dijese de esa forma, pero, desde que se percibía así la vi más tranquila y contenta con la idea del bebé. En los últimos días estaba muy emocionada por el parto y me preguntaba sobre la habitación del bebé y los nombres que habíamos elegido... Ella hizo más por Daniel de lo que yo pude hacer.

Daniel dio un último bostezo entre los brazos de su padre y cayó profundamente dormido, con cuidado el Alpha lo dejó en la cuna, después fue hacia Dante para robarle un beso y pasear sus manos por la espalda de su esposo con un gesto cercano.

―Me está volviendo loco tu aroma ángel, las feromonas que emites son tan deliciosas... No me culpes si encargamos pronto un hermanito para Daniel― El Alpha dirigió sus labios hacia el cuello de su esposo buscando besar su piel y juguetear con la glándula 0, sin embargo, fue rechazado por el Omega.

―Tu hijo está durmiendo, no tiene ni veinticuatro horas de nacido y tú ya estás pidiendo otro bebé ¿acaso tienes decencia?

Dante empujó a Sebastian y le envió una mirada fría.

―Mi amor, estoy bromeando, por supuesto que Daniel debe crecer y librarse de todos los peligros, entonces, podemos darle un hermanito. La vida de los hijos únicos puede ser muy solitaria, es mejor que tenga hermanos.

―Sebastian ¿acaso escuchas lo que dices?― regañó Dante cruzándose de brazos.

―Claro que sí, toda mi vida quise una familia grande y ahora puedo tenerla.

Dante fue empujado suavemente por su esposo para hacerle espacio en la cama, pronto el hombre se acurrucó junto a la nueva madre pasando el brazo alrededor de su cintura y enterrando el rostro en la curva de su cuello con una sonrisa que demuestra lo cómodo que está en esa posición.

―Sebastian, estamos en un hospital― advirtió Dante cuando las manos traviesas de Sebastian se colaron por la bata del Omega y buscaron sus pechos con urgencia ―No toques mi pecho.

DECADENCIAHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora