PRIMAVERA: VEINTICUATRO

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PRIMAVERA: VEINTICUATRO

El cielo crujió con furia, nadie esperaba que la lluvia llegara tan pronto ese día, el mar se comenzó a agitar y las festividades se vieron amenazadas por el mal clima. Dante y Sebastian habían pensado pasar su último día en Terra participando en la ceremonia del dios Jeh, sin embargo, ahora parecía que sus planes deberían cambiar según el Alpha.

―Parece que se acerca una tormenta― anunció Sebastian con una taza de café entre las manos.

―Eso parece― comentó con simpleza el Omega mientras se servía un vaso con agua para tomar el medicamento que envió Phil.

―No creo que debamos salir con este clima, sería irresponsable llevarte bajo la lluvia en tu estado― Sebastian posó la mirada en el vientre de Dante.

―El festival no se cancelará por un poco de lluvia― sonrió Dante con calma ―Usaremos impermeables y todo estará bien.

―Pero, si te enfermas...

―Estaré bien― el Omega se acercó a su esposo depositando un beso suave en sus mejillas ―Es solo un poco de agua, no pasará nada.

Sebastian no parecía muy convencido, sin embargo, con Dante dispuesto a asistir al festival no pudo hacer más que respirar profundamente y añadir a las precauciones un par de paraguas.

Tal y como Dante lo anunció, nada fue suspendido por la lluvia. Las personas acudían sin importar nada y se paseaban por allí dibujando un panorama colorido gracias a los impermeables. El último día era el más importante del festival, la creencia dictaba que Jeh y Vin observaban desde el cielo las ofrendas que las personas les hacen y bendicen a todos los presentes; Dante llevaba consigo una canasta de mimbre con algunas flores y frutas, además, también había puesto un fajo de billetes antiguos o bueno, que simulaban serlo. Sebastian no comprendía nada, pero, apreciaba con interés como las personas parecían tan felices de estar allí a pesar de la lluvia, vio parejas, familias e incluso algunas personas solitarias pasear por las calles del centro de Terra y un sentimiento extraño nació en su corazón, avanzando por aquellas calles concurridas de la mano de su, ahora esposo, descubrió que se había perdido muchas cosas de la vida por estar enterrado en el trabajo desde muy joven.

―Dejó de llover― anunció Dante bajando la capucha del impermeable color rosa que compró para la ocasión.

―Es cierto― Sebastian imitó a su esposo comprobando que no había más lluvia ―¿Crees que el mal clima continúe mañana?

―No, la lluvia se detendrá a medianoche― explicó Dante con una sonrisa emocionada ―Ven, vamos a dejar nuestras ofrendas.

El Omega arrastró a su esposo hasta el enorme altar hecho a los pies de la estatua del dios Jeh, aquel altar parecía ser una enorme mesa lista para un gran banquete, se apreciaban frutas y verduras de la zona, productos como café y algunos tejidos. Dante tomó algunas frutas y con calma las puso en un espacio vacío de ese gran altar, su rostro fue iluminado por los bombillos amarillos de la decoración llenando de una luz maravillosa aquellos ojos magenta.

―Querido dios Jeh, ilumina mi vida y la de mi esposo, trae la prosperidad a nuestro hogar, ayúdame a ser una madre adecuada, dame la sabiduría para cuidar y proteger a mi hijo― Dante elevó una plegaria a medida que colocaba cada producto ―Y dame la fuerza para amar y dejar ir en el tiempo acordado, que las desgracias se alejen y que la felicidad llegue... Queridos dioses Jeh y Vin, que la familia que formaremos pronto pueda cruzar las dificultades y los problemas con fortaleza y todos alcancemos la felicidad.

Dante elevó el rostro con suavidad hacia el cielo y dejó que un par de lágrimas resbalaran por sus mejillas, después, tomó los billetes y partió el fajo por la mitad entregando una parte a su esposo mientras decía: ―Si quemas billetes antiguos esta noche y pides un deseo al hacerlo podría hacerse realidad, pero, debes pedirlo con toda la fuerza de tu corazón.

DECADENCIADonde viven las historias. Descúbrelo ahora