《Una oportunidad, no hay más nada que decir...solo una.》
Mientras tanto, él seguía intentándolo, pequeño gesto tras pequeño gesto, sin rendirse. Sabía que debía tener paciencia. En su interior, creía que un día ella permitiría que su amor llegara a...
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Emma
Sus palabras me dejaron sin aliento. Sentí cómo cada una atravesaba mis defensas, esas que había construido cuidadosamente para protegerme de todo lo que Connor significaba para mí.
—¿Qué quieres que diga? —susurré, casi temblando, incapaz de sostener su mirada por más tiempo.
Él seguía ahí, tan cerca que podía sentir el calor de su cuerpo, pero era su intensidad lo que me estaba consumiendo. La forma en que me miraba, como si fuera lo único que importaba en su mundo.
—Quiero que seas honesta conmigo —dijo, su voz ronca, cargada de emociones que no sabía cómo manejar.
Honesta. Esa palabra parecía tan sencilla, pero decirle lo que realmente sentía era como arrancarme el alma. Mi pecho subía y bajaba con fuerza, mis pensamientos eran un caos, y mi corazón latía tan rápido que dolía.
—Connor, no puedes hacer esto —dije finalmente, buscando fuerzas de algún lugar dentro de mí—. No puedes venir aquí y soltar todo eso como si no tuviera consecuencias.
Él frunció el ceño, dando un paso más cerca.
—¿Por qué no puedo? ¿Por qué siempre huyes de lo que hay entre nosotros?
—Porque no tiene sentido, Connor. Tú y yo... somos un desastre. Siempre lo hemos sido. Y además... —mi voz se quebró—. Estoy con Luke.
—Luke —repitió, casi escupiendo el nombre, como si fuera veneno en su lengua—. ¿De verdad crees que Luke te hace sentir algo remotamente parecido a lo que sientes conmigo?
Quise negarlo, gritarle que estaba equivocado, pero no pude. Porque en el fondo sabía que tenía razón. Connor siempre había sido mi tormenta, mi caos, mi tentación más peligrosa. Y por eso lo mantenía a raya.
—No todo en la vida tiene que ser intenso, Connor. A veces, lo que es simple, lo que no duele, es suficiente.
Sus ojos se oscurecieron, y por un segundo pensé que se alejaría, que aceptaría mis palabras. Pero en lugar de eso, dio otro paso, tan cerca que apenas quedaba espacio entre nosotros.
—¿Suficiente? —susurró, inclinándose un poco hacia mí—. ¿De verdad puedes mirarme a los ojos y decir que "suficiente" es todo lo que quieres?
No respondí. No podía. Porque Connor tenía razón. Siempre lo había tenido. Pero admitirlo significaba rendirme a él, y eso era algo que me aterrorizaba más que cualquier otra cosa en este mundo.
El aire entre Connor y yo se sentía pesado, cargado de todo lo que no podía decir. Mi corazón latía tan rápido que casi podía oírlo en mis oídos. Pero antes de que pudiera responder, un murmullo proveniente de la multitud nos interrumpió.