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Emma

Pasaron días desde aquella noche del baile. El recuerdo del beso en mi frente seguía persiguiéndome, como una herida invisible que no quería sanar. Connor se había distanciado por completo, como si quisiera dejar claro que lo mejor para mí era mantenerme lejos de él, lejos de Luke, lejos de todo.

Pero con Luke... la fachada empezó a romperse. Al principio intentaba actuar como si nada hubiera pasado, como si aquella sonrisa torcida y maníaca en el balcón no hubiera existido. Pero sus actitudes se volvieron más evidentes. Las llamadas misteriosas a deshoras, los cambios bruscos de humor, las palabras frías disfrazadas de cariño.

Yo lo notaba. Lo veía en cada detalle. Y mientras más trataba de sostener la relación, más claro me quedaba que Luke no era quien decía ser. Su egoísmo, su narcisismo, ese aire de superioridad que me hacía sentir como una pieza más en su juego. Cada día lo escondía menos.

Fue una tarde, después de una discusión absurda, cuando la verdad se abrió paso como una bofetada. Luke me reclamaba por cosas que no tenían sentido: con quién hablaba, a dónde iba, por qué había tardado en responderle un mensaje. Y en medio de su enojo, dejó escapar una frase que me heló la sangre:

-No necesito que me cuestiones, Emma. Tú eres mía.

"Mía." Esa palabra, dicha con tanta arrogancia, me sacudió por dentro. No era amor, no era cuidado. Era control. Era posesión.

Ahí lo entendí. Lo miré a los ojos, y lo único que vi fue la oscuridad que había fingido esconder. No era la primera vez que me hacía sentir pequeña, pero sí fue la primera vez que lo noté con claridad.

Y ese mismo día, sin pensarlo demasiado, lo terminé.

No lloré. No me tembló la voz. Solo le dije que todo había acabado, y aunque intentó sonreír con esa mueca torcida suya, pude ver el destello de furia en sus ojos.

-Te vas a arrepentir, Emma -susurró, antes de darme la espalda.

Desde entonces, su sombra no dejó de perseguirme. Sabía que esto no había acabado, que Luke no era de los que aceptaban un "no" y simplemente desaparecían.

Y mientras más pensaba en todo, más volvía a Connor. En sus advertencias. En su mirada de preocupación. En cómo me pidió que me mantuviera lejos. Quizás tenía razón, y ahora era demasiado tarde para hacerlo.

[...]

Nunca pensé que una pijamada podría salvarme tanto la vida. Mack me recibió en su habitación como si fuera un refugio improvisado, con una montaña de almohadas y una bolsa entera de helado de chocolate esperando por mí.

Ahora estamos tiradas en el piso, con la televisión encendida en mute solo para hacer de "decorado", mientras ella insiste en pintarme las uñas. Me mira con cara seria y sostiene un esmalte azul eléctrico como si fuera un bisturí.

-No te muevas o terminarás con uñas dignas de un payaso -me amenaza.

No puedo evitar reír. En realidad, hacía días que no me reía tanto. Mack tiene esa habilidad extraña de arrancarme carcajadas incluso cuando siento que todo en mi vida se desmorona.

-¿Sabes algo? -me dice de repente-. Tu vida parece una novela turca.
-¿Qué? ¡No exageres!
-Claro que sí. -Rueda los ojos mientras me sopla una uña recién pintada-. Tienes al novio con cara de villano y sonrisa falsa, y al primo misterioso con aire de protagonista atormentado. Es literalmente un triángulo de Netflix.

Le lanzo una almohada a la cara, pero ella se la acomoda en el regazo como si la hubiera pedido a propósito.

-Pues yo solo quiero una vida normal, ¿es mucho pedir? -respondo con un suspiro.

Mack me observa en silencio, y aunque después suelta otra broma sobre casarme con ella para ahorrarme dramas, sé que me ha leído como un libro abierto. Estoy cansada, confundida... atrapada entre la verdad y las mentiras que parecen rodear cada vez más.

Pero al menos esta noche, entre esmaltes, helado y risas hasta que nos duele el estómago, logró olvidar un poco el peso de todo lo demás.

Aunque... cuando mi teléfono vibra sobre la mesa, la pantalla iluminándose con el nombre de Luke, siento un escalofrío recorrerme la piel. Lo ignoro, lo dejo sonar hasta que se apaga.

Sonrío débilmente para que Mack no note nada, pero en mi interior sé la verdad: esto no es más que la calma antes de la tormenta.

Solo Quiero Que Me Ames.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora