La puerta se abre y las últimas personas que quería ver están allí. Mis padres. Sus padres. Cuatro pares de ojos, afilados como cuchillos, clavados en nosotros con furia.
-¡Basta ya de tonterías!-, truena mi padre, su voz reverbera por todo el pasillo. -Has avergonzado a esta familia lo suficiente, Pat.-
-Y tú-, chasquea la madre de Pran, señalándole con un dedo acusador, -arrastrando a mi hijo a este vergonzoso lío... ¿tienes idea de lo que has hecho?-
El calor de sus palabras me golpea, pero no me inmuto. Esta vez no. A mi lado, Pran aprieta la mandíbula, pero se mantiene firme. Estamos hartos de que nos traten como criminales por querernos.
-¿Huir?-, escupe mi madre, entrecerrando los ojos. -¿Crees que puedes esconderte de nosotros para siempre?-.
En ese momento, algo dentro de mí estalla, no de miedo, sino de claridad. Miro a Pran y veo el mismo fuego ardiendo en sus ojos. Llevamos demasiado tiempo callados.
-No-, digo con firmeza, mi voz tiene más peso del que creía posible. -No huimos de ti. Corrimos el uno hacia el otro. Hay una diferencia-.
Pran da un paso adelante, con la mano agarrada a la mía. Su voz es tranquila, pero de acero. -Y si el amor es el peor crimen que crees que hemos cometido, entonces tal vez la verdadera vergüenza aquí no es nuestra. Es la tuya-.
El aire se detiene, espeso por la conmoción de nuestro desafío. Sus rostros se tuercen de ira, pero no me importa. Por primera vez, me siento
Y ese silencio, su silencio, se siente como una victoria.
El silencio se rompe primero con el gruñido de mi padre. Me señala con el dedo, con la cara roja de furia. -¿Crees que esto se ha acabado, Pat? Nos has humillado por última vez. Si te quedas con él, no serás hijo mío-.
A su lado, los ojos de mi madre arden de traición. -Te arrepentirás de habernos dado la espalda. No vuelvas arrastrándote cuando todo esto se desmorone-.
La madre de Pran se cruza de brazos, su voz aguda como el cristal. -Estás tirando tu vida por la borda por él, Pran. Y cuando te destruya, no esperes que recojamos los pedazos-.
Su padre lo mira, sus palabras bajas y venenosas. -Recuerda mis palabras: ambos aprenderán por las malas lo que cuesta desafiarnos-.
Y entonces, como si estallara una tormenta, se dan la vuelta, chasqueando, murmurando, cerrando la puerta tras de sí mientras su ira resuena por el pasillo. Retroceden con pasos pesados, cada uno de ellos impregnado de amenazas y del peso del repudio.
El apartamento vuelve a quedar en silencio. Pero este silencio es diferente. Ya no está cargado de miedo, es limpio, nítido, casi liberador.
Suelto un suspiro que no sabía que estaba conteniendo. Me tiemblan las manos, pero el agarre de Pran las estabiliza al instante. Me vuelvo hacia él y, por primera vez desde que llamaron a la puerta, me permito sonreír.
-Nunca lo entenderán, ¿verdad?- susurro.
Pran niega con la cabeza, sus labios se curvan en una sonrisa feroz e inquebrantable. -Puede que no. Pero no necesitamos que lo hagan-.
El eco de los portazos y las amenazas a gritos persiste, pero no importa. Ya no importa. Porque en este momento, de pie juntos en el silencio posterior, me doy cuenta de algo inquebrantable:
Se fueron enfadados.
Nosotros seguimos aquí, más fuertes que nunca.
Le aprieto la mano y él me la devuelve.
-Juntos-, digo con voz firme.
La sonrisa de Pran se ensancha, sus ojos arden con el mismo fuego que los míos. -Siempre-.
Y mientras el polvo de su furia se asienta a nuestro alrededor, lo sé: ninguna tormenta, ninguna amenaza, ningún padre puede deshacer lo que hemos construido.
Ya hemos ganado.
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Olvidándolo
Fiksi PenggemarPat a estado enamorado de Pran desde que era un niñito, pero siempre a tratado de ocultar sus sentimientos por él para que Pran no llegue a odiarlo. Pat ha tenido que reprimir sus sentimientos, fingir que estaba bien al ver a Pran salir con diferent...
