Gian
Mi presencia no fue necesaria para ayudar con el problema de la conexión eléctrica. Luca y Stepanov lo tenían bajo control. La luz regresó en cuestión de minutos. ¿Desde cuando esos imbéciles se habían convertido en los mejores amigos? Resoplé y fui a la cocina a buscar un vaso de agua. No veía la hora de que esta estúpida tormenta terminara. Solo quería regresar a Palermo lo antes posible.
—Te ves como la mierda —comentó Luciano.
—Sí, bueno, gracias—dije—. Este día no está siendo gratificante por muchas razones.
Abrí la nevera y saqué una botella de agua fría. Rellené el vaso sin dejar de pensar en la conversación que tuve con Stepanov más temprano. Eric todo este tiempo fue el jodido villano y yo fui un ciego por no detenerlo antes. Era un incompetente. Recordé su expresión triunfante, su hipocresía cada vez que me decía que se preocupaba por mí. Le resultaba tan fácil mentirme y manipularme.
Idiota...
Él quería verme infeliz, indefenso y sumiso para seguir utilizándome. Luciano y yo éramos su máquina de hacer dinero. Irónico porque al principio había dudado de nuestras capacidades. Se negaba a dejarnos al mando de la Corporación, pero cuando se dio cuenta de que éramos buenísimos en lo que hacíamos se mantuvo al margen y no volvió a discutir.
Le convenía después de todo.
Era eso y seguir disfrutando del imperio que Luciano y yo estábamos fortaleciendo.
—Tenemos mucho de qué hablar —añadí, mirándolo fijamente.
Los ojos azules de Luciano adquirieron un brillo de intriga y arqueó una ceja.
—¿Me perdí de algo?
—De varias cosas en realidad—Me reí sin un poquito de humor—. Es sobre Eric.
Luciano frunció el ceño.
—Sí, debemos ponernos al día. Ese desgraciado ha estado haciendo de las suyas—Luciano apoyó su cadera contra la encimera y se cruzó de brazos—. Él y su mayordomo se dan la gran vida. Pasan mucho tiempo encerrados en la mansión.
Una sonrisa torcida curvó mis labios. Durante la mayor parte de mi vida se encargó de despreciarme a causa de mi sexualidad y resulta que ahora él follaba libremente con un hombre. Cobarde, hipócrita.
—Evidentemente está disfrutando con su amante, pero me aseguraré de arruinar su paraíso. Es lo que ha estado haciendo con todos nosotros—apreté la mandíbula—. Separó a Luca de Alayna. Nos ha usado desde que éramos niños y le vendió la fórmula a Stepanov. Siempre ha sido él. Nunca fue Liana.
Luciano palideció como un fantasma.
—¿Qué?
—Lo que oíste. Eric fue quien le vendió la fórmula a Stepanov. No Liana. Ella solo fue el chivo expiatorio.
Un trueno sonó a la distancia, como si el clima fuera consciente del ambiente tenso. Luciano se pasó la mano por el pelo, incrédulo.
—Apuesto a que estaba muy satisfecho con nosotros culpando a Liana.
Resoplé.
—Él siempre la ha odiado—mascullé—. Pero esta vez no lo dejaré pasar, Luciano. Y tú vas a ayudarme.
Mi hermano se rió entre dientes.
—He tenido ganas de matarlo desde que se atrevió a manipular a Kiara para que mintiera sobre Alayna —apoyó ambas manos en la isla y maldijo—. ¿Cómo pudimos permitirlo, Gian? Ha hecho tantas mierdas y no lo detuvimos. Ser nuestro padre no le da derecho de actuar como un monstruo con su propia familia.
