Capítulo 31

22.9K 2K 1.5K
                                        

Nara

¿Mejor amigo? Thomas ya no encajaba en ese concepto. Me apuñaló por la espalda porque estaba dolido. En cierto modo lo entendía, pero lo que había hecho era demasiado bajo. ¿Por qué humillarme públicamente? ¿Acaso decidió olvidar todo lo que habíamos pasado juntos?

Recordé nuestras charlas en aquel pequeño restaurante cerca de Diurno, donde soñábamos despiertos con futuros que parecían posibles. Las veces que me sostuvo la mano para que no me derrumbara. Los días en que me secó las lágrimas cuando De Rosa convertía mi vida en un infierno.

Pero ahora, cada uno de esos recuerdos, se las llevó el viento. Thomas vendió esa foto a mi peor enemigo y me convirtió en la burla de Palermo.

Lancé el celular en la cama y abracé a Cleo, buscando consuelo en su calor. No era gran cosa. No me importaba lo que pensaban unos desconocidos. Esto se trataba de Thomas. Su traición. Su falta de lealtad. No quería pensar en las cosas que Gian le haría cuando se enterara. No tuvo piedad de Filippo. Por no hablar que apenas toleraba al fotógrafo. Oh, Dios...

Tenía que decidir ahora mismo. ¿Se lo contaba antes de que lo descubriera por otro lado? ¿O me hacía la tonta para ganar tiempo? Lo conocía lo suficiente como para saber que, si alguien más le informaba, la tormenta sería peor. Pero abrir la boca significaba adelantar una tragedia. Estúpido Thomas. ¿No podía ocuparse de sus propios asuntos? Por supuesto que no. Él quería darme una lección. Este era su venganza, aunque también estaba agradecida de que mostrara su verdadera cara. Nunca le importé realmente.

Al carajo con él y su resentimiento. No valía la pena sentirme mal por alguien que no apreciaba mi amistad. Thomas siempre quiso más. Aurelio tenía razón después de todo. Me imaginé la cara de mi nonno cuando supiera lo que hizo ese traidor. Me soltaría su típica frase: Te lo dije. Siempre fuiste ingenua, Narita. No todas las personas que te rodean tienen buenas intenciones.

Genial.

Esto era humillación en su máxima expresión, pero una parte de mí no pudo evitar cuestionarse. Tal vez si hubiera sido sincera con él desde el principio me ahorraría tantos problemas. Basta. No iba a justificarlo. Fue un cobarde poco hombre. Vendió mis fotos a De Rosa. No le perdonaría esta traición.

Thomas estaba fuera de mi vida a partir de ahora.

Respiré hondo y me levanté de la cama. Agarré una pastilla anticonceptiva, luego me dirigí a la cocina. Tenía problemas más grandes por las que preocuparme. Raiden seguía allí afuera, buscándome. Thomas era inofensivo a comparación. Mañana ya nadie hablaría de esas fotos.

Cerré la puerta de mi habitación y bajé las escaleras, intentando calmar la opresión en el pecho. Necesitaba aire fresco. Necesitaba calmarme. Me aseguré de que nadie me estuviera viendo y tomé la pastilla con un vaso de agua. Si Aurelio me pillaba haría un completo escándalo. Pero quizás le gustaría la idea de tener un nieto.

No. De ninguna manera. Era demasiado joven. Las pastillas funcionarían. No tenía nada de qué preocuparme. Relajé los hombros y avancé hacia las puertas que conducían al jardín, dónde el silencio solo era interrumpido por los cantos de los pájaros. Miré la pequeña fuente de agua rodeada de colibrís.

Era un hermoso día soleado, prometiendo mucho optimismo. Sonreí cuando vi a mi nonna inclinada sobre uno de sus bonsáis, con las manos cubiertas de tierra y una diadema en la cabeza. Cortaba una rama diminuta con unas tijeras finas y les hablaba a sus plantas como si estas fueran a responderle. Amaba a esa mujer.

Me quedé un instante, observándola. Ella se veía increíble, pero me gustaría pasar más tiempo a su lado. Estuve tan ocupada en mis propios problemas que no le había prestado atención. ¿Cómo iban sus tratamientos? ¿La enfermedad estaba siendo controlada? Tantas preguntas... Aurelio tampoco me dijo nada al respecto. Era una nieta horrible.

Imperio OscuroDonde viven las historias. Descúbrelo ahora