Gian
El maldito vídeo arruinó mi mañana. El café se volvió amargo y mi cabeza era un completo lío. Los siguientes minutos me encargué de planear la muerte de ese vejestorio. Nada rápido. Quería que fuera doloroso. Quería que me suplicara por clemencia. Por supuesto que no me perdí la parte en que Nara le daba su merecido. Mi chica supo defenderse y estaba tan orgulloso, pero aun así sentía que no era suficiente.
De Rosa no podía seguir caminando por ahí con total impunidad después de lo que había hecho. Ese bastardo poco hombre se enfrentaría a un monstruo. A alguien que no pensaría dos veces en volarle la cabeza con un bate.
El aroma de la focaccia horneada llenaba mi pent-house, mezclado con el del café que había preparado hacía un rato. Aunque mi hambre se había esfumado. Tenía el estómago hecho un nudo. No soportaba la idea de que alguien lastimara a Nara. Esa misma noche me encargaría de su antiguo jefe. ¿Sería otro motivo de discusión? Probablemente. Pero ningún imbécil cobarde que amenazaba su seguridad merecía vivir.
Uma y Rocco se acomodaron cerca de mis pies mientras yo respiraba hondo para no dejar que la rabia me dominara tan temprano. Resolvería esto y dejaría un claro mensaje: Nadie tocaba a mi chica sin asumir las consecuencias.
Escuché pasos provenir desde el pasillo y me obligué a calmarme. Nara apareció descalza, con mi camisa blanca cubriéndole la mitad de los muslos. Su cabello enredado y sus ojos medio adormilados eran la imagen más perfecta de la mañana. Retiro lo dicho. Mi día no estaba tan arruinado.
—Buenos días —me sonrió.
Mierda, no podía respirar.
—Buenos días, preciosa.
Ella miró la mesa con emoción.
—Mmm... todo esto huele muy bien—comentó—. Te has lucido, Vitale.
Intenté que mi sonrisa pareciera lo más natural posible mientras mis ojos devoraban su cuerpo. Se veía destruida en el mejor sentido. Mía.
—Focaccia recién horneada y capuccino —respondí, aclarándome la garganta—. Espero que sean de tu agrado.
Uma y Rocco le sacudieron las colitas. Nara les dedicó una dulce sonrisa antes de caminar hacia mí y rodearme con sus brazos, pegando su cálido cuerpo al mío.
—¿Te levantaste temprano solo para cocinarme? —murmuró contra mi piel y me dio un beso somnoliento en la mandíbula—. Soy una chica muy afortunada.
Asentí y la abracé, inhalando su aroma. Al carajo las amenazas de Ferraro. Ella estaba aquí conmigo. Feliz. Cómoda. Dispuesta. Ya en la noche desataría mi ira. Ahora disfrutaría a la mujer más hermosa del mundo.
—Te lo mereces—Besé su frente—. Siéntate. Voy a servirte.
Nara bostezó contra mi pecho.
—Disculpa. Aún estoy muy agotada.
Sonreí con diversión.
—¿Dormiste bien? Te escuché roncar como un búfalo.
Su rostro adquirió un adorable rubor mientras me miraba indignada por el comentario.
—¿De verdad? Oh, Dios mío... —Se cubrió la cara con las manos—. Me dejé llevar. Es la primera vez en una semana que duermo bien desde mis pesadillas. Lo siento.
Me sentí mal de inmediato. No quería creer que por mi culpa los recuerdos de su pasado la atormentaban. Mi pobre chica.
—Hey, no tienes nada de qué avergonzarte. No te disculpes conmigo—Aparté sus manos—. Solo estaba bromeando, ¿de acuerdo? Además, te veías adorable roncando. Me alegra que hayas encontrado un poco de paz en mis brazos.
