Capítulo 35

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Nara

Pasé el resto de la mañana frente a la pantalla del ordenador. Había varias pestañas abiertas, dos cuadernos en el escritorio y tenía un bolígrafo metido entre los dientes. Estaba nerviosa. Claro que sí. Quería superar las expectativas de Gian con la organización de ese evento. Quería lucirme. Esta noche me encargaría de investigar a cada invitado antes de enviarles una tarjeta.

Puedo hacerlo.

Abrí el archivo del evento anterior. Oro, mármol, decoración elegante. Todo era demasiado pretencioso y frío. Yo necesitaba que nuestra gente se sintiera cómoda de elegir un bistec en lugar de un caviar. Algo relajante sin caer en lo ordinario. Agarré el lapicero y tomé notas rápidas. Las gamas de colores esta vez serían vino tinto con negro. Música en vivo. Piano estaría bastante bien, aunque me tentaba la idea de una violinista. Consideraría ambas cosas.

Servicio de catering con menú italiano, incluyendo comida vegana y celiaca. Barra de tragos exclusivos. ¿Vino? ¿Champagne? ¿Whisky? ¿Cóctel? ¿Agua? ¿Jugo natural? Sí.

Código de vestimenta: vestidos, trajes...

Meseros, manteles de seda, souvenir para eventos empresariales. ¿Flores cerezo? Eso era un toque muy personal. Sonreí ante la idea y busqué las mejores opciones en Google. La Torre Vitale era lo suficientemente grande para abarcar a más de trescientos personas, pero primero los invitados tenían que confirmarme sus asistencias así hacía una estimación exacta.

Sería el evento más comentado del año.

Nadie querría perdérselo.

Justo cuando estaba echando un vistazo a las cortinas, Luciano apareció sin anunciarse y recostó su cadera contra mi escritorio. Me lanzó una sonrisa socarrona que me provocaba escalofríos. A diferencia de Gian él me intimidaba muchísimo.

—¿Puedo ayudarte en algo? —pregunté, tratando de sonar lo más amable posible sin que mi voz temblara.

Luciano alzó ambas cejas, mirándome fijamente.

—Solo pasaba a decirte hola. ¿Qué pasa? ¿Estás nerviosa?

Solté una risita baja.

—Llevo toda la mañana organizando el evento y me asusta no superar la del año pasado. La secretaria hizo un buen trabajo.

Luciano resopló, una carcajada sin alegría.

—Fue aburrido como la mierda.

Vaya... me sorprendía su lenguaje tan grotesco. Esperaba algo más diplomático, considerando que era el vicepresidente de la Corporación. Pero él no funcionaba así. Luciano no era pulido ni complaciente como Gian. Él decía lo que pensaba. Punto. Y quizás por esa razón me asustaba.

—¿Por qué piensas eso? —inquirí, intrigada en su respuesta para tomar notas.

Se inclinó ligeramente hacia mí, su perfume caro mezclándose con el olor del café que aún humeaba en mi escritorio.

—Las personas estaban más interesadas en agradarle a Gian y mi padre para cerrar nuevos acuerdos. Viejos lambiscones que ofrecían a sus hijas como un regalo a cambio de un porcentaje de nuestras acciones—explicó con un toque de humor—. Parecía un jodido prostíbulo en vez de un evento empresarial.

Me quedé en silencio, procesando. Me imaginé que esto pasaba a menudo. Gian era un hombre soltero y codiciado por muchas mujeres. Había lidiado con Mercedes Bellucci al principio. ¿Qué me esperaba en esa fiesta?

—Lamentablemente no puedo cambiar cómo se comportan nuestros invitados—Forcé una sonrisa incómoda.

Luciano se rió más fuerte, como si mi comentario fuera sumamente entretenido.

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