Capítulo 39

15.2K 1.4K 991
                                        

Gian

Me sequé las manos con un paño, sosteniendo sus ojos todo el tiempo. El aire era tenso, un maldito campo minado de odio. Si este imbécil se atrevía a dar otro paso explotaría. Lo mataría en público y no lo lamentaría. Ya había sido lo suficientemente civilizado. Estaba jugando con mi poca paciencia.

—Tú y yo no tenemos nada de qué hablar —dije con calma.

Sus labios se curvaron en una sonrisa arrogante. Un tic palpitó en mi mandíbula, pero me obligué a no demostrar ni una sola emoción. No le daría nada a este idiota.

—Te equivocas, Vitale —replicó—. Tenemos mucho de qué hablar.

—Elegiste el peor lugar —mascullé—. Y el peor momento posible. Es el cumpleaños de mi sobrina. No me jodas.

Stepanov ladeó una ceja rubia, divertido.

—Precisamente por eso lo elegí. Es ahora o nunca habrá otra oportunidad —Su tono adquirió seriedad—. He callado demasiado tiempo y no pienso seguir haciéndolo. No cuando el nombre de mi mujer está involucrado.

Solté una carcajada seca, cargada de desprecio.

—¿El nombre de tu mujer? ¿Esto tiene que ver con la fórmula o su infidelidad? —Me encogí de hombros—. Lo dejé atrás hace tiempo y tú deberías hacer lo mismo. Ahora apártate de mi camino. Estoy ocupado.

Su expresión se ensombreció y se mantuvo firme.

—Sí, tiene que ver con la fórmula. ¿Sabías que tu padre es el responsable de todo el caos? Él quiso destruir tu imperio.

Me encontré conteniendo la respiración y todo desapareció en una fracción de segundo.

—¿Qué?

—Tu padre, Eric Vitale, es una rata traicionera —Hizo una breve pausa, examinando mi reacción—. Fue él quién me ofreció la fórmula. Le di medio millón de euros a cambio de que me entregara el secreto de tu éxito. Sabes, ni siquiera le tembló el pulso para apuñalarte. Le dio igual.

Mis oídos pitaban, mis latidos aumentaban en una mezcla de horror e incredulidad. Stepanov aprovechó mi silencio para continuar.

—Todavía recuerdo esa noche. Llovía muchísimo, pero eso no le impidió citarme en un muelle. Me dijo que tenía deudas y que sus hijos ya no cubrían sus tarjetas. Sucedió cuando estabas en rehabilitación y dejaste a Luciano a cargo de tus negocios. Tu hermano claramente no pretendía cumplirle los caprichitos y eso lo enfureció.

Entrecerré los ojos sin saber cómo diablos tomar esta información. Le creía, claro que sí. Eric nunca conoció la lealtad ni el honor. Era una escoria motivaba únicamente por el dinero. Luciano y yo jamás fuimos sus hijos. Solo activos. Nos usó, nos moldeó a su antojo, nos vendió al mejor postor. Nos enseñó que el poder y el dinero lo eran todo en esta vida. Tan patético y despreciable.

—Asumiste que ella te robó la fórmula, ¿verdad? —prosiguió Andrei Stepanov—. Y ella permitió que lo creyeras porque no quería destruir la relación que mantenías con tu padre. No quería que lo mataras. No quería que la culparas por eso también.

Me giré de golpe y apoyé ambas manos en el lavabo, clavando la vista en mi reflejo. Mis ojos grises estaban oscurecidos por la furia, las mejillas encendidas y las venas tensas en el cuello. Eric era culpable de haber vendido la fórmula, pero yo había sido un imbécil por asumir que siempre fue Liana. La señalé sin ninguna prueba.

Mi resentimiento no me dejó pensar con claridad. Decidí que ella cargaría con esa cruz cuando todo el tiempo el responsable era Eric. Mi maldito padre. Apreté el borde del lavabo hasta que mis nudillos se pusieron blancos y me giré para enfrentar a Stepanov.

Imperio OscuroDonde viven las historias. Descúbrelo ahora