Capítulo 45

3.6K 747 416
                                        

Nara

Thomas era un completo estúpido. Tenía cero instintos de supervivencia. Si ya sospechaba que Gian era un asesino... ¿Entonces por qué seguía provocándolo y tratando de dejarlo en ridículo? Se me estaba haciendo difícil defenderlo.

Entendía que era su trabajo. Yo también expuse mi vida cientos de veces cuando escribía artículos sobre la corrupción de Fernando Rossi y los líderes políticos de Palermo. Aunque esta vez era diferente, sobre todo, cuando el hombre que amaba estaba involucrado. Ajá, era hipócrita de mi parte. Ya no daría la cara por Thomas la próxima vez. No a costa de Gian.

Mi esposo siempre estaría primero.

Gian y yo nos mezclamos fácilmente entre los invitados, pero la tensión seguía latente y solo quería que terminara rápido para regresar al refugio que proporcionaba nuestro pent-house. Me sentía más cómoda con la compañía de Uma y Rocco. Por alguna razón no podía calmar la agitación en mi estómago. Estaba nerviosa, preocupada, cansada.

Mi esposo mantuvo la mano en mi cintura mientras me presentaba a los hombres y mujeres más importantes de Palermo. Políticos, filántropos, inversionistas, actrices, modelos. Todo en un mismo lugar. Había muchas personas sofisticadas que me encantaría entrevistar.

Mi favorita, sin dudas, era Laura De Santis. La directora de un hospital infantil que aceptó la generosa donación que Gian le había hecho. Estaba demasiado feliz y había dado las gracias incontables veces. Oh, aunque esa no fue la única donación de la noche. Nos aseguramos de dárselo a orfanatos, organizaciones no gubernamentales y hasta a un refugio de animales.

Nunca me había sentido tan feliz de repartir dinero. ¿Era adecuado decir que mi esposo mafioso tenía un gran corazón? El eufemismo del siglo.

Bebí un sorbo de champagne, moviéndome por el salón para asegurarme que todo estuviera en orden. Gian estaba en una acalorada conversación con Luciano y los alemanes. Kiara se veía igual de impaciente que yo.

—¿Aburrida? —pregunté, deteniéndome frente a ella.

Soltó una risita baja.

—Un poco. Solo estoy algo inquieta.

Alcé una ceja.

—¿Por qué?

—Envié mis diseños a una empresa prestigiosa de cosméticos—suspiró—. Espero que lo aprueben para la próxima publicidad.

—Verás que sí, Kiara. Eres una gran diseñadora gráfica.

Su sonrisa se ensanchó.

—¿Cómo lo sabes? Ni siquiera has visto mi trabajo.

La miré ofendida, cruzándome de brazos.

—¿Los que compartes en tus redes sociales no cuentan?

—Son bocetos rápidos sin producción—aclaró, pasando los dedos por su delicado vestido azul—. No son gran cosa.

—¿Qué es ese tono, señorita? Si no confías en ti misma, ¿por qué esperarías a que los demás lo hagan?

Sus mejillas se sonrojaron.

—Tienes razón. A veces soy un poco tonta.

—Es normal tener inseguridades, Kiara, pero nunca dudes de ti misma. Tu potencial es enorme al igual que tu talento.

Ella asintió con una pequeña sonrisa.

—¿Alguna vez vas a dedicarte por completo a la moda? —Miró mi vestido dorado—. Tu talento sí está siendo desperdiciado.

Has llegado al final de las partes publicadas.

⏰ Última actualización: 2 days ago ⏰

¡Añade esta historia a tu biblioteca para recibir notificaciones sobre nuevas partes!

Imperio OscuroDonde viven las historias. Descúbrelo ahora