Gian
Ni siquiera pensé en la posibilidad de que ella estuviera presente porque realmente no me afectaba su presencia. La había dejado ir hacia tiempo y no sentía rencor cuando su nombre venía a mi mente. ¿Pero él? Era una historia diferente.
No podía creer que Alayna le permitiera entrar a su casa. Ella sabía que mi problema con Andrusha Stepanov sí era personal. No soportaría ver su cara porque las ganas de dispararle serían inmensas. ¿Lo peor? No había traído mi arma. Joder... Iba a matarlo con mis puños, un tenedor, el primer instrumento mortal que estuviera a mi alcance.
Él no debería estar presente. Habíamos acordado que los territorios del otro estaban fuera de los límites, aunque no me sorprendía que nuevamente hubiera olvidado su parte del trato. Andrusha no tenía palabra. No tenía honor. No tenía nada.
Apreté un puño a mi costado y me obligué a relajarme. Yo era un hombre adulto y hoy era un día especial para Lía. No lo arruinaría ni dejaría ver mis debilidades. Podía lidiar con esto. Al menos un par de horas.
—Sabes, Alayna, entiendo que tú y Liana son amigas. Ella ha sido una de las primeras personas que te dio su voto de confianza —dije—. Solo no comprendo qué diablos podría hacer aquí su esposo. ¿Necesita que te recuerde lo mucho que me ha jodido?
Alayna suspiró.
—Lo sé y lamento no haberte preparado, pero temía que rechazaras la invitación por él. Lia te adora y te quiere aquí. No ha parado de preguntar por ti —musitó con una sonrisa de disculpa—. Pero ahora mismo están sucediendo cosas que involucran a Andrusha. Él no puede dejar desprotegida a su esposa. Se vio en la obligación de acompañarla.
Me reí con ironía.
—Pudo esperar en un hotel o en el estacionamiento. No me importa.
—Es un hombre precavido, no confía en nadie. Y Liana no quería perderse este día—Me tocó el hombro—. Por favor, no te tomes esto como un ataque. No va ni de cerca por ahí. Luca y yo creemos que es una buena idea mantener una relación cordial con la bratva. Nunca se sabe qué podríamos necesitar de él.
—Habla por ustedes. Yo no necesito nada de ese imbécil.
Asintió.
—No estoy diciendo lo contrario. Quiero que la fiesta de mi hija sea inolvidable y divertida. Sin peleas, sin sangre, sin dramas de adultos. ¿Cuento contigo, Gian? Por favor...
Rechiné los dientes con rabia. Me estaba pidiendo demasiado. Stepanov y yo en un mismo lugar significaba guerra. Todavía quería matarlo después de la mierda que me hizo pasar. Y esto no se trataba de Liana. Él se metió con el trabajo de mi vida. Pudo arruinarme. Pero me negaba a darle la satisfacción de verme en este estado.
—De acuerdo. Sin guerras—mascullé a regañadientes.
Alayna me dio una expresión insegura, pero forzó una sonrisa.
—Gracias. Eres el tío favorito de Lia.
Mis hombros tensos se relajaron.
—Vamos a la fiesta, quiero ver a Luciano disfrazado de dinosaurio.
—Sabía que te encantaría ver eso—Se echó a reír.
Avanzamos hacia el jardín. Alayna hacía todo lo posible para distraerme, pero yo solo pensaba en las formas que podría matar a ese bastardo ruso. Le arrancaría la columna vertebral, ataría su cuerpo a los neumáticos de mi auto y lo arrastraría por la carretera hasta que no quedara nada de él. El rencor que sentía era abrumador. Lo quería enterrado bajo tierra. Lo quería suplicando por piedad.
