Capítulo 34

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Nara

Fue difícil mantenerme silenciosa durante el proceso que Gian me desnudaba. Mi cabello castaño estaba esparcido por las almohadas, mi vestido y mi sujetador habían desaparecido. El único retazo de ropa que quedaba era la minúscula tanga de seda que Gian se encargó de romper.

Su mirada gris examinó fijamente mi sexo desnudo y sonrió satisfecho al notar lo empapada que estaba por él. La vergüenza calentó mis mejillas, pero me negué a cubrirme. ¿Qué sentido tenía? Él había visto cada parte de mí.

—Eres preciosa —susurró—. Tan perfecta que no puedo respirar.

Tragué saliva mientras él proseguía a quitarse el cinturón y los pantalones de vestir. Un temblor sacudió mi cuerpo cuando quedó completamente desnudo ante mí. Me lamí los labios, ansiosa de sentirlo. Siempre me sorprendía lo hermoso que era en todos los aspectos. Su pene era largo y grueso, goteando por mí.

—¿Me quieres? —preguntó, acariciándose con los dedos.

Asentí, luchando contra la ola de excitación.

—Mucho.

—Di mi palabra favorita, amor. Quiero oírlo de tus dulces labios.

—Por favor, Gian, por favor...

Su mano rodeó mi cintura cuando se elevó sobre mí en la cama y se posicionó entre mis piernas abiertas. Un segundo después, sentí la ancha cabeza de su pene deslizarse dentro de mí. Reprimí el gritito en mi palma, alarmada por la forma en que este hombre me rompía.

—Maldición, Nara—Todo su cuerpo temblaba mientras empujaba hasta el fondo y volví a gritar en mi palma. Era demasiado grande. Demasiado grueso—. Shh... preciosa. Está bien.

Miró entre nosotros con la mandíbula tensa, contemplando como su pene me estiraba hasta el punto de hacerme vibrar. Un escalofrío recorrió mi piel y sus ojos grises se oscurecieron por la lujuria. Apartó mi palma, me agarró de la barbilla y besó mi boca mientras entraba y salía de mí.

—Ah, Gian.

—¿Así? —Me penetró más fuerte y grité en su cuello.

—Sí. Oh, Dios, sí.

Empujó de nuevo y me apreté a su alrededor, aferrándome a su espalda con mis brazos. Todo en él estaba hecho para ser una tentación. Para desarmarme y arruinarme. Sus músculos, su cabello rizado cayendo sobre su frente, su boca devorando la mía como si no quisiera nada más en este mundo.

Me volvía loca, me tenía tan perdidamente enamorada.

Y si Raiden lograba su objetivo de separarnos no sobreviviría.

🩷

El reloj indicaba las 3:00 am, pero ninguno de los dos tenía intenciones de detenerse. Nos besamos y nos tocamos durante horas. Gian me llevó a la luna. Recosté mi cabeza en su pecho desnudo y permití que me sostuviera. Su cuerpo era tan cálido. Mi lugar seguro.

—Me gusta tu habitación—comentó, acariciándome el cabello—. Es lindo.

Me reí y deposité un beso en su mejilla. Mi cama era pequeña y aún así logramos caber en ella con facilidad. Estábamos pegaditos.

—Mantuve la misma decoración desde que tengo diez años.

—¿Sí?

Señalé el cuadro de flores de cerezo.

—Esa sin dudas es mi recuerdo favorito —musité con nostalgia—. Cada vez que la miro me siento como si estuviera en Tokio con mamá.

Se aclaró la garganta.

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