Capítulo 13: Declaración de amor

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Cuando abrí los ojos al instante supe dónde estaba. Y como no conocer el lugar si en meses pasados se convirtió en mi segunda casa. Esos días habían sido tan pesados y tuve que mantenerme firme, luchando contra mi enfermedad, la cual en esos días había empeorado. Gracias a ese riguroso tratamiento logré recuperarme un poco, bueno controlarme, y pude regresar a casa. No quería que eso se volviera a repetir, porque a pesar de que todos estuvieron pendientes de mí y de que hice algunos amigos en el hospital, siempre estuve postrada a una cama o en una silla de ruedas, sin poder disfrutar de la libertad que me brindaba el mundo. Además, los rostros de mis padres y de mi hermana cada día envejecían y aunque ellos trataban de sonreírme yo podía ver a través de sus ojos la angustia que tenían de perderme.

-Melody ¿Estas despierta? —Preguntó mi padre apareciendo por la puerta. Sus ojos brillaron de emoción y culpa. —Lo siento tanto pequeña... —Se acercó a mi cama después de cerrar la puerta detrás de él —Yo no quise hacerte daño. Lo siento mi niñita —Suplicó con la voz a punto de rompérsele.

Sonreí alegre de verlo, de tenerlo a mi lado y de estar recibiendo sus dulces disculpas, que no tenían razón de ser pues él nunca quiso golpearme.

-No te preocupes papá todo está bien —Alcancé a decir.

Me atrapó entre sus brazos y me apretó fuertemente. Sentí como sollozaba en silencio y rápidamente comencé a llorar con él. Poco a poco el llanto de los dos se fue apagando y nos separamos. En sus ojos quedaron lagrimones pegados en sus mejillas al igual que en las mías, alcé las manos y las aparté con una suave caricia. Mi padre me miró con inmenso cariño.

La siguiente en visitarme fue mi madre y se mantuvo firme delante de mí. Pero alcancé a ver cómo su fuerza se resquebrajaba al abrazarme.

-Melody…

Su mirada pasó de ser triste a ser tan seria que mi corazón comenzó a latir acelerado, mi madre se podía así cuando iba a decir algo importante y amenazante.

-De ahora en adelante deberás ser más fuerte de lo que ya lo has sido —Dijo. Fruncí el ceño sin comprender y mis ojos se cristalizaron.

-¿Se van a divorciar? —Escupí sin pensarlo al instante que la idea se cruzó por mi mente.

Su indestructible mirada y su entereza se doblegó y comenzó a llorar. Bajó la mirada para que no la mirara pero su cuerpo sufría espasmos interminables.

-¿Mamá?

-Perdónanos —Sollozó.

No respondí nada sólo fijé la mirada en la ventana que tenía a mi izquierda. El cielo brillaba intensamente y los edificios permanecían tan lejanos, tan lejanos que quise alcanzarlos. Quise salir corriendo y gritar en la azotea de alguno de ellos, gritar hasta que se me desgarrara la garganta.

Cuando mi madre abrió la puerta para marcharse Valentina ya estaba del otro lado esperado impaciente para entrar a verme.

Sonreí a fuerzas al verla y ella avanzó a paso rápido y se acostó a mi lado con toda la confianza del mundo, como si también fuera su camilla; pero Valentina era así, aun recordaba que cuando estuve internada recibiendo el tratamiento ella todas las tardes, después, de sus clases llegaba al hospital y se acostaba a mi lado para leerme uno de los libros que había pedido prestado en la biblioteca de su escuela.

-Enana, ¿cómo estás? —Cuestionó sonriendo.

-Bien, Valen… sólo que me aprietas y estoy a nada de caerme —Ironicé y Valentina rio con fuerza.

-Fui a tu colegio y le avisé a tus maestros y amigos que estabas internada —Me contó.

-¿A la escuela? Joder, tanto tiempo estuve dormida —Valentina asintió y continuó hablando.

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