-¡Buenos días renacuajo! —Canturrió Valentina. Abrió los ojos y la vi paseando por toda la habitación.
-¿Porque me despiertas? —Mascullé. Me volví a tapar con la fina sabana y cerré los ojos.
-Melody, no te duermas. Te traje el uniforme para que vayas a clases. Ándate, vete a bañar —Me ordenó.
-¿Me dieron de alta?
-Sí, el Doctor dijo que ya estas regularizada y que tienes que seguir las indicaciones de siempre.
-Ah…
Me levanté y me acerqué a ella, llevaba mi uniforme finamente planchado y acomodado en un gancho. Me lo dio con una sonrisa amistosa y motivadora.
-Preferí traerte el uniforme porque no supe que querías para vestir.
-No importa Vale, el uniforme está bien —Le dije.
Una vez dentro del cuarto de baño me quité la deprimente bata y abrí el grifo de la regadera. Regularicé el agua y me metí en ella, dejando que callera sobre mi cabeza. El proceso en el hospital siempre el mismo, me internaban, me controlaba los dolores o el avance de mi enfermedad y cuando me daban de alta me metía a bañar por última vez como para quitarme todo lo que había acumulado en los días que estuve internada.
Salí del baño ya lista, con mi uniforme pulcro y planchado.
-Siéntate, te voy a peinar —Me dijo mi hermana. Obedecí y me senté en el borde de la camilla esperando que ella iniciara con su labor de embellecerme, siempre se esmeraba en hacerlo. — ¿Te hago una trenza?
-Lo que sea Valentina, me voy a ver igual que siempre —Murmuré de mal humor.
-No seas tonta Mel, eres preciosa. Pero… —Hizo una pausa y me observó por unos minutos —Ya sé cómo te peinaré.
Terminé con el cabello recogido, con un chongo tipo cebolla y con mi característico fleco cubriendo mi frente; el último detalle que agregó mi hermana fue un moño rojo en un costado de mi chongo.
-Te vez divina, seguro Bill se enamorará de ti —Me dijo sonriendo — Por cierto, me gusta para ti.
No respondí nada, sólo pude suspirar.
Después de realizar el papeleo de mi dada de alta y de despedirme del Doctor Semer, Valentina me llevó a la escuela. Bajar del auto y respirar aire libre fue un alivio; Valentina era desquiciante cuando se lo propia y durante el camino no hizo otra cosa que torturarme con preguntas acerca de Bill.
Atravesé el portón y un par de caras conocidas me sonrieron, eran compañeros de clases con los que casi nunca hablaba y que al parecer ahora empezaban a aceptarme.
Entré al salón y me senté en el lugar de siempre. Bill no había llegado lo cual me producía un gran alivio, tener que enfrentar su mirada era algo que no deseaba hacer.
Las horas pasaron rápidamente y el descanso llegó. Las clases habían resultado un suspiro pues me la había pasado pensando en qué hacer con lo de Bill. Después de tantas horas con el tema en mi cabeza, al fin había encontrado una solución, la mejor de todas. Sólo hacía falta ver que pensaba él al respecto.
-Vamos, Melody. Muero de hambre —Dijo.
Me tomó de la mano y me jaló hacia la salida del aula. Esto lo hacía para que no pudiera negarme como la mayoría de las veces, pero decidí no resistirme y acompañarla, de cualquier manera tenía que buscar a Bill porque había escuchado que ya había llegado a la escuela.
-¿Qué fue lo que te pasó porque? Tu hermana vino y nos explicó pero creí que estabas muy mal. —Dijo en un hilo de voz. — ¿Y qué te pasó en la boca?
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Vive cada segundo
RomanceMelody es una chica dulce y tierna. Su mayor deseo tener una vida normal, sin padres que la cuiden como si tuviera dos años por su enfermedad y sin una hermana que le haga la vida imposible. Ella está perdidamente enamorada de un chico que sólo la h...
