'Gemini

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Nota:

'Segunda parte de "Haunted"
'Todas las notas del o.s anterior son válidas para este
'Esta segunda parte se llama "Gemini" porque Sunghoon tiene dos versiones a lo largo de la historia, la angelical y la reciente versión diabólica
'Habrá un poquito de dramilla, ni tanto porque yo no lo soporto
'Levísimo smut
'Sin límite de extensión










En el momento en que la máscara de Lucifer se agrietó, dejó de ser el Rey del Infierno por un momento para ser simplemente alguien que necesitaba ser sostenido. No era un acto de conquista, sino una rendición.

Es por ello que el santuario de Heeseung olía a incienso quemado y vino amargo. Estaba sentado en el suelo, apoyado contra la base de su trono de obsidiana, con la camisa desabrochada y la mirada perdida en las sombras del techo. La marca en su pecho -esa pequeña mancha de luz que Sunghoon le había dejado- palpitaba con un ritmo doloroso, recordándole todo lo que había perdido al caer.

Cuando la puerta se abrió sin previo aviso, Heeseung ni siquiera levantó la cabeza. Sabía que era él. El aire siempre se volvía más ligero, más respirable, cuando Sunghoon estaba cerca.

── Te dije que no vinieras ──dijo Heeseung, su voz era un hilo ronco y cansado.── Hoy no tengo fuerzas para tus juegos, ángel. Vete.

Sunghoon no obedeció. Caminó con pasos silenciosos hasta quedar frente a él. Se arrodilló lentamente, ignorando la frialdad del suelo de piedra, y quedó a la altura de los ojos de Lucifer.

── No me veas así ──gruñó Heeseung, intentando invocar una chispa de su antigua furia, pero sus manos temblaban sobre sus rodillas.── No quiero tu lástima. No soy uno de tus protegidos.

── No es lástima, Heeseung ──respondió Sunghoon con una calma devastadora.

Extendió una mano y, con una audacia que hizo que el corazón de Lucifer diera un vuelco, acarició la cicatriz de donde alguna vez salieron sus alas negras.

── Me besaste ──susurró el ángel, acercándose más, eliminando cualquier rastro de espacio personal.── Y no fue el beso de un Rey que reclama un territorio. Fue el beso de alguien que tiene hambre de algo que no sea oscuridad. ¿Por qué sigues peleando contra lo que ambos sabemos?

Sunghoon llevó sus manos al primer botón del pantalón de Heeseung, sus dedos rozando la piel caliente. Heeseung soltó un jadeo ahogado y le rodeó las muñecas con fuerza, pero no para apartarlo, sino para sostenerse.

── Si haces esto... ──advirtió Heeseung, su voz quebrándose.── Ya no habrá vuelta atrás. El Cielo te cerrará las puertas para siempre. Te quemarás conmigo.

Sunghoon sonrió, una sonrisa triste pero llena de una determinación feroz. Se inclinó y unió sus labios con los de Heeseung, un beso que sabía a vino, a sal y a una promesa eterna.

── Entonces deja que me queme ──murmuró Sunghoon contra su boca.── Prefiero arder contigo que seguir brillando solo allá arriba.

Heeseung finalmente soltó un gemido de derrota y atrajo a Sunghoon hacia él con una urgencia desesperada. El encuentro no fue delicado; fue una colisión de siglos de soledad. Heeseung lo tocaba como si Sunghoon fuera la única cosa sólida en un universo de cenizas, y Sunghoon recibía cada caricia, cada mordida y cada embestida como si fueran bendiciones.

En medio del acto, Heeseung intentó cerrar los ojos, incapaz de procesar la intensidad de lo que sentía, pero Sunghoon le tomó el rostro con ambas manos, obligándolo a mirarlo.

── Mírame, Heeseung ──le exigió el ángel, mientras sus alas negras se agitaban espasmódicamente contra las sombras de la habitación.── No te escondas. No esta vez.

Y Lucifer, el ser que nunca se arrodillaba ante nadie, se entregó por completo, dejando que la luz de Sunghoon inundara cada rincón oscuro de su ser, mientras el placer los arrastraba a ambos hacia un abismo del que ninguno de los dos quería ser rescatado.











La mañana en el Infierno no tenía sol, pero para Heeseung, la claridad que emanaba de Sunghoon, aún dormido entre las sábanas de seda negra, era más cegadora que cualquier amanecer celestial.

Heeseung estaba de pie frente al gran ventanal de su santuario, dándole la espalda a la cama. Ya se había vestido -pantalones negros, camisa perfectamente abotonada hasta el cuello-, intentando desesperadamente recuperar la armadura que se había desmoronado la noche anterior. Pero su cuerpo lo traicionaba. Sentía un hormigueo extraño en las yemas de los dedos y un peso en el pecho que no era dolor, sino una plenitud aterradora.

Su resaca emocional era una mezcla de náusea, orgullo herido y una fascinación que odiaba.

¿Qué he hecho? He dejado que un niño me viera suplicar. He manchado mis manos con luz y ahora la oscuridad se siente... Insuficiente.

Escuchó el roce de las sábanas detrás de él. El silencio se llenó con el sonido de las alas de Sunghoon desplegándose. Heeseung no se giró. No podía. Sabía que si veía a Sunghoon con el cabello revuelto y esa mirada de victoria serena, su resolución de volver a ser el "Señor de las Tinieblas" caería de nuevo.

── El silencio te queda mal, Heeseung ──dijo Sunghoon, suave y ligeramente ronco por el sueño.── Estás pensando en cómo echarme de nuevo, ¿verdad? Estás buscando las palabras para decir que lo de anoche fue un error de cálculo.

Heeseung cerró los ojos con fuerza.

── Fue una debilidad ──respondió, su voz recuperando esa frialdad metálica que usaba como escudo.── Una que no se repetirá. Has conseguido lo que querías, Sunghoon. Me has visto caer dos veces. Ahora vuelve a tu hogar antes de que las sombras de este lugar te devoren por completo.

Sintió unos pasos ligeros. Sunghoon no se detuvo hasta que su pecho rozó la espalda de Heeseung. El ángel lo rodeó con sus brazos por la cintura, apoyando la mejilla entre sus omóplatos. Heeseung se tensó, pero no lo apartó.

── No te mientas ──susurró Sunghoon.── Ya no puedes ser el mismo. Anoche me diste una parte de tu alma que ni siquiera Dios recordaba que existía. Puedes ponerte todos los escudos que quieras, Lucifer, pero yo sé cómo late tu corazón cuando no hay nadie mirando.

Heeseung soltó una risa amarga, aunque su respiración se estaba volviendo errática.

── ¿Crees que por una noche de placer ahora soy un santo?

Se giró bruscamente, atrapando a Sunghoon por los hombros, obligándolo a mirar la oscuridad en sus ojos.

── Mira a tu alrededor. Esto es el abismo. No hay finales felices aquí. Te he condenado. Al tocarme has renunciado a la eternidad por un demonio que sólo sabe destruir lo que ama.

Sunghoon sonrió, y fue esa sonrisa lo que terminó de romper a Heeseung. No era una sonrisa de triunfo, sino de una ternura devastadora.

── Entonces destruyeme ──dijo Sunghoon, subiendo sus manos al cuello de Heeseung.── Pero no me pidas que me arrepienta de haberte encontrado en la oscuridad.

Heeseung lo miró con una mezcla de odio y adoración. La "resaca" era real; se sentía expuesto, vulnerable y peligrosamente humano. Por primera vez en eones, Lucifer tenía miedo. No del cielo, no del castigo, sino de lo mucho que necesitaba que Sunghoon no se fuera nunca.

── Vete ──susurró Heeseung, pero sus manos se enredaron en el cabello de Sunghoon, atrayéndolo para un beso que desmentía cada una de sus palabras de rechazo.── Vete al diablo, Sunghoon.

── Ya estoy con él ──respondió el ángel contra sus labios.── Y nunca he estado más cerca del cielo.


















Se partió el bloque! 🗣️

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⏰ Última actualización: Aug 25 ⏰

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One Shots HeeHoon [Heeseung x Sunghoon]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora