Capítulo 30

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Los espasmos cesan de repente otra ves, dejando mi cuerpo sin fuerzas, siento como me tiembla todo y al mismo tiempo ya he dejado de sentir mis extremidades, mi corazón me martilla en el pecho queriendo salir corriendo de mi cuerpo y abandonarme en este infierno, he perdido la cuenta de las veces que mi cuerpo ha sufrido cubetazos de agua fría y corrientazos por las costillas, tanto así que ya no tengo fuerzas, he perdido la noción del tiempo no sé cuanto llevo aquí o si es de día o de noche ni cuanto llevan haciéndome esto, simplemente no se nada, mi mente está en blanco y mi vision borrosa, el pecho lo tengo apretado y con mucha falta de aire, quizás no he respirado lo suficiente o quizás no he estado respirando mientras los flujos eléctricos sacudían mi cuerpo una y otra ves quien sabe por cuantos segundos, minutos, horas, nisiquiera se eso, he perdido la cuenta la cuenta de todo. He dejado de estar en la silla desde hace algún tiempo, no sé cuánto realmente, me encaderaron de pie, con grilletes en las muñecas y en los tobillos que estoy segura que me dejaran marcas y que ahora mismo debo de tener esa parte de la piel totalmente enrojecida, estan muy ajustadas, aunque ciertamente, es lo menos molesto de todo. Ciertamente no podría describir con palabras lo que siento en estos momentos, porque creo que es imposible, creo que nisiquiera he tenido tiempo a pensar como me siento mientras me han estado electrocutado, y quien sabe si algo más, realmente tengo algunas lagunas mentales, nisiquiera recuerdo en que momento me encadenaron de pie aunque sigo consciente la electricidad de mi cuerpo me ha tenido desorientada por la intensidad de los corrientazos, solo han estado parando el tiempo justo para no matarme, aunque dudo mucho que les importe si sucede o no, aunque no pueden permitirse eso.

No voy a morir hoy.

Vuelvo a repetir en mi mente aunque no estoy segura de que logre aguantar esto por mucho tiempo más, debo hacerlo por el, por mi hijo, ese niño pequeño que tanto ha sufrido y que necesita a su madre más que nunca.

Mi pequeño ángel.

-¿Todavía estas consciente?-Dice la repugnante voz de Donaletto, por muy mal que me encuentre es imposible no distinguir esa asquerosa voz aunque se escuche algo lejana.-

Intento mirarlo pero tengo la visión nublada, bastante opaca pero como si fuera poco, también me pesan muchísimo los ojos, tanto que mantenerlos abiertos ya es un esfuerzo enorme y tengo esa sensación de que en cualquier momento entraré en esa oscuridad en la que he intentado no entrar por más tiempo del que estoy dispuesta admitir.

Para mi suerte, los cubetazos de agua helada que me han estado lanzando es el principal motivo por el que he logrado conservar la consciencia, pero ya hace un rato que no lo han hecho.

¿Por qué no me he rendido? Mi mente está en blanco no se ni desde cuando.

Un ardor recorre mi espalda, y eso hace que me de cuenta de que ya la espalda me ardía desde antes ¿desde cuándo? eso no lo sé, no era consciente de ello hasta ahora que me volvió a arder junto con un sonido sordo que cortó el aire en cuanto algo largo y punsante chocó con la piel de mi adolorida espalda quemando y lastimando la piel a su paso y apuesto que provocando la salida de la sangre, de mi propia sangre también.

Latigazos.

Me estremezco al reconocerlo y un grito crudo sale de mi garganta en cuanto vuelvo a sentir el golpe sin poder aguantarlo. Puedo sentir que estos no son los primeros latigazos, mi piel y mi cabeza me lo grita, pero no recuerdo en que momento lo hicieron, ciertamente no recuerdo muchas cosas.

-¿Ahora si puedes contar los latigazos zorrita?-Dice una voz ronca a mi espalda, pero no es la de Donaletto ¿o si?-

No, el gruñido que siento frente a mi seguida de la voz masculina de Donaletto frente a mi me lo confirma.

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⏰ Última actualización: 13 hours ago ⏰

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