En el instante en el cual escuché la puerta abrirse y por ella ver a alguien entrar, se me cayó el alma al los pies.
Era Lucas.
Él quedó paralizado, consternado, estupefacto. Yo quedé muda, no sabía qué decir; como si todas las palabras de mi léxico fueran borradas y ahora no conocía ni una. Él se acercó a nosotros con el paso firme, su expresión de repente volviéndose de acero. Me entró pánico. Nunca lo vi de esta manera. No era el Lucas que yo conocía. Se detuvo al lado de Juan y cuando éste se disponía a hablar, Lucas le golpeó con tal fuerza que pensé que le iba a arrancar la cabeza. Un golpe, dos, tres, por un momento pensé que no se iba a detener, pero lo hizo. Observé paralizada su mano, estaba manchada en sangre, Juan sangraba fuertemente por la nariz y la boca. Lucas de repente desvió su mirada hacia mí y no había duda: me iba a golpear. Quise correr, esconderme, pero no pude. Mi cuerpo no respondía a mis estímulos, solo pude observar a Lucas de vuelta, llorando fuertemente pero en silencio. Esperé el golpe venir pero nunca llegó, en cambio llegó algo mucho peor. Su mirada de desilusión: vi en ella tanto dolor,...." Por Dios no me mires así. Prefiero que me pegues, me insultes. Pero no me mires así" Supliqué internamente. Quise romper la ventana cercana a mí y con el cristal cortarme la piel para enfocarme más en el dolor físico que el sentía mi corazón. Me quise morir, su mirada me mataba. Después del momento que pareció eternidad, salió de la habitación. No me golpeó, no me insultó, absolutamente nada. Solo silencio que me hirió más que cualquier otra cosa. Su silenciosa partida me rompió el corazón y con ella me sentí hecha añicos. En ese instante supe: lo perdí para siempre.
Pasaron días, semanas, y Lucas siguió sin hablarme, ni mirarme. En conclusión,evitaba mi presencia en la universidad, cosa que me merecía. Actuaba como si fuera un completo fantasma. Y a esto le sumamos que todos nuestros conocidos se enteraron de lo ocurrido en la fiesta y qué creéis, tuve un nuevo apodo: ''golfa''. Me críticaban, me señalaban, no podía tener un día normal en el instituto, por lo que ese sitio ya no era mi lugar de escape tampoco. Porque además de soportar dolorosamente el desprecio de Lucas, me tenía que aguantar el "bullying" de toda la universidad. Juan no asistía a mi universidad, así que todo el montón de mierda cayó solamente sobre mí (Además que en estas historias las perjudicadas siempre somos las chicas, los hombres salen victoriosos sí o sí). Me mostraba fuerte y como si nada de eso me afectara, pero por dentro hacía tiempo que quedé derrumbada. Yo solo era una chica que quería acabar la universidad con buenos recuerdos, mirar al futuro con una luz. Pero desde aquella noche, al mirar mi futuro solo veía una sombra gris que cada vez se oscurecía más y ceñía más y más sobre mí. Mi momento de felicidad acabó, mi vida triste y miserable comenzó de nuevo. Al cabo de un mes acabamos con todos los exámenes finales y todos ya hacían planes de verano. Yo claramente sabiendo que no pintaba nada allí porque no tenía amigos y además dada mi recién adquirida reputación, ni intentaba participar en esos planes. Un día iba volviendo a casa cuando alguien me llamó detrás de mí. No pude creer que fuese esa misma voz: Lucas.
En principio quise correr, evitar su cara que tanto daño me hacía, esa mirada que me asesinaba en silencio. Pero sabía que tenía que enfrentarlo por mis actos, y lo iba a hacer. Me detuve y me di la vuelta, preparándome mentalmente. Cuando él se acercó a mí y me miró a los ojos, vi resentimiento. Esto no empezaba bien y mucho menos iba a acabar bien.
-Así que....¿Cómo era acostarse con Juan?– preguntó Lucas con una sonrisa de suficiencia –¿Fue tan placentero como cuando estabas conmigo? ¿ O él te satisfació más?– Su voz: qué ironía desprendía, era peor que un tono de enfado.
Si lo que Lucas pretendía era hacerme daño con esas preguntas, pues lo estaba logrando y con mucho éxito. Me hizo sentir sucia, poca cosa, una basura. ¿Cómo podría haber disfrutado con Juan si ni siquiera recordaba un beso entre él y yo? ¿ Cómo él me pudo satisfacer más si para mí Lucas fue el único con el que estuve de verdad?¿Cómo se atrevía a dudar de eso? ¿Después de todo el amor que le demostré? Quise gritarle todo eso, pero otra vez, las palabras quedaron selladas en mi lengua. Mis lágrimas querían aflorar, pero las reprimí a tiempo. Quizás no me quedaba su amor, quizás ya no tenía apoyo, quizás lo haya perdido todo. Pero había una cosa que siempre estaba conmigo: mi orgullo. No iba a dejarme derrumbar delante de él. Él veía cómo la gente me insultaba, cómo me trataban como si fuese la última porquería, no iba a permitir que él se sumase a ello también. Ya estaba destruida lo suficiente. Al ver que yo no respondía, me agarró por los brazos y comenzó a exigirme que le respondiera, que le dijera por qué jugué así con él. Me gritó, me sacudió. Temí que me pegara en ese instante, cosa que no hizo. Su voz estaba cargada de rabia y dolor, furia. Quizá no me golpease físicamente, pero emocionalmente él me destrozó.
–¡TE AMÉ, MALDITA SEA!– me gritó Lucas con la voz temblorosa– Y tú me engañas con el imbécil de Juan. Si no fui demasiado macho para ti, ¿Por qué no rompiste conmigo antes para evitar que yo pasara por esto?– luego hizo una pausa como si reflexionara. De repente sus ojos se abrieron de par en par. Me soltó, dio un paso atrás y me miró intensamente. Con voz neutral me preguntó–¿Hace cuánto tiempo me engañas con él?
Entonces me sentí explotar.
–¡NO HUBO ''HACE CUÁNTO''!– exclamé ya cansada con la voz entrecortada. Esta vez dejé que las lágrimas abrieran camino por mis mejillas, a la mierda mi orgullo. Apenas podía respirar– Yo jamás te engañé con Juan. ¡O alguien! Tú eres el único al que amé y al que sigo amando.
–Si me amaras como dices, ¡No te hubieras acostado con mi amigo delande de mis narices! -me espetó a gritos- Dime qué hice mal. Por qué me hiciste esto. Yo quería tener un futuro contigo. Maldita sea Carmen, yo te amaba con todo mi corazón. Qué hice mal..
-Lucas, yo...
De repente no pude continuar. Las piernas me fallaron, sentí como si el mundo dase vueltas. Me mareé fuertemente (y no era la primera vez que me pasaba algo así) y al final todo se volvió oscuro para mí.
Cuando me desperté, me hallaba tumbada en una camilla de un despacho, enfermería según configuré por el olor a los medicamentos. Me senté lentamente aunque me costó lo suyo. Seguía mareada y a ello se le sumaron las nauseas. Menos mal que no comí gran cosa en todo el día, solo zumo y unas galletas. Con todo el caos que había en mi vida, apenas tenía apetito. Divisé a Lucas,que estaba apoyado en la pared de la esquina. Parecía preocupado, realmente preocupado. Mi corazón se ablandó, por un momento me olvidé de todo lo ocurrido entre nosotros y aferrándome a su preocupación me permití amarlo un poco más. Ese pequeño instante que pronto acabaría siendo sustituida por su odio hacia mí otra vez. Intenté hablar, pero sentía tanta debilidad que preferí callar. Además quise verlo en este modo. Me permití crear una ilusión de que todo estaba bien, que nada malo había pasado entre nosotros. Volveríamos a nuestros apartamento y haríamos el amor, cubriendo mi piel con la suya y anidando su amor entre mis brazos. Qué ilusa.
Minutos después entró un doctor y me entregó algo que no supe a qué cuentas venía. Lucas mientras tanto también se acercó y quedó esperando por la respuesta del doctor. No entendía nada, ¿Era para análisis de sangre? Pero cuando miré el objeto y reconociéndolo vi lo que señalaba, me quedé paralizada.
''Esto no me puede estar pasando''
El doctor al ver que no decía nada, habló:
–A usted la trajeron en claro estado de desmayo. Al revisarla, no vi nada inusual que pudiera provocar tal estado, además fijándome bien en su aspecto, comencé a deducir un posible motivo. Así que me tomé la libertad de haberle practicado un test de embarazo. Salió positivo. Está embarazada. Felicidades.
Lucas abrió sus ojos de par en par,y yo casi me vuelo desmayar al haber oído aquello. ¿Preñada yo? ¿De Juan? No, no podía tener tanta mala suerte. Lucas, que tomó una expresión neutral, pronunció algo que era como una aguja gruesa que se clavó dolorosamente en lo más profundo de mi pecho:
– Felicidades Carmen. De seguro el bebé saldrá tan guapo como su padre.
Y con esas palabras salió del cuarto a paso rápido. En ese instante supe que era el final.
Lo perdí para siempre... Y con él perdí mi vida...
ESTÁS LEYENDO
Mi última carta
Storie breviIntenté ser fuerte, pero fracasé... Hola desconocido, o desconocida. O quizás yo te conozca. A estas alturas, ¿A quién le importa? Si encontraste esta carta, es porque estoy muerta, o al menos voy a estarlo. Es probable que hayas encontrado mi c...
