Lucas observó a Juan con una frialdad tan palpable que se podría patinar fácilmente sobre ella. ¿A qué vino? ¿A reírse de él? ¿Verle demacrado en la cárcel? Lucas se acercó a las rejas y encerró sus dedos en las frías barras de hierro, disminuyendo de alguna manera su creciente rabia. O eso creía que estaba haciendo.
–¿Qué quieres?
–Ya te lo dije, hablar contigo.
–Quieres decir, reírte de mí
Juan sonrío secamente.– No.
Lucas calló y esperó a que él hablara, per no lo hizo. Simplemente se quedaron mirando uno al otro, fulminándose con la mirada. La frialdad se penetró en el ambiente, oscureciéndolo todo, haciendo desaparecer la celda, las paredes, el olor de hierro oxidado. Solo estaban Juan y Lucas.
–¿Vas a hablar o ya te mordiste la lengua
–¿Por qué me golpeaste?– interrumpió Juan.
Lucas le miró de forma incrédula, para luego romperse a carcajadas. Al principio era una carcajada leve, para luego intensificarse hasta tal punto de dolerle el vientre. Se rió a toda voz, haciendo temblar hasta las paredes, todo excepto a Juan.
–¿Me lo preguntas enserio? ¿Quieres que te diga las razones?– se calmó y serenándose, le respondió con voz fuerte.– Porque eres un hijo de la gran puta. Por tu culpa dejé a Carmen sola. Por tu culpa pasó todo esto.
"Porque eres un maldito cobarde que drogó a una chica para hacerla creer que se habían acostado. Por tu culpa Carmen estuvo sola en su embarazo. Si yo hubiera estado a su lado, quizás nuestro hijo hubiera sobrevivido... y a todo eso le sumamos el hecho de que te consideraba mi amigo. La llegué a odiar gracias a ti. Deberías agradecerme de que no te maté en el acto, desgraciado. ¿Razones suficientes?"
–Yo ya le pedí perdón a Carmen, y ella me perdonó. Además, yo por todo esto lo estoy pagando.
–Carmen tiene un corazón demasiado noble como para odiar a alguien, pese a todo– responde fríamente Lucas– Yo en cambio, no soy tan santo. Así que ni sueñes que yo te llegue a perdonar, reza para que no te rompa de nuevo la cara.
Juan suspiró. –Esto es lo que quise escuchar. Confirmaste mis dudas.
Lucas estaba confundido. ¿Dudas acerca de qué? Pero antes de que le preguntara, vio a Juan alejarse de las rejas, yendo hacia la salida.
–¡Te merecías la paliza! ¡Los dos lo sabemos!– gritó Lucas, sin saber muy bien si lo hizo por un intento de defenderse o estamparle la verdad en la cara.
Juan respiró a grandes bocanadas el aire. Lucas realmente le odiaba, jamás lo perdonaría. El odio en su mirada era una prueba más que suficiente. Si él se acercaba a Carmen, Lucas movería el cielo y la tierra para alejarlo de ella, hasta quizás sería capaz de matarle, quien sabe. Y reflexionando a fondo, tampoco le interesaba mucho su perdón, con el de Carmen tenía suficiente.
Carmen...Carmen...
Recordó su estado. Tan débil descansando sobre una cama, sumergida en un profundo sueño. Él tenía que estar junto a ella, debía verla despertar. Entonces tomando una decisión, salió de la comisaría. Afuera del edificio, observó el cielo y sintió el peso de la culpa caer sobre él. No iba a retirar la denuncia, al menos no por ahora. Tenía una fuerte razón por hacer esto.
Lo siento Lucas, pero no puedo permitir que me alejes ahora de Carmen. La necesito. Y tu odio no permitirá que yo esté cerca de ella. No puedo alejarme de ella en este estado. Simplemente no puedo...
ESTÁS LEYENDO
Mi última carta
Cerita PendekIntenté ser fuerte, pero fracasé... Hola desconocido, o desconocida. O quizás yo te conozca. A estas alturas, ¿A quién le importa? Si encontraste esta carta, es porque estoy muerta, o al menos voy a estarlo. Es probable que hayas encontrado mi c...
