Prométemelo

4.7K 694 70
                                        

Lucas salió del cuarto y se dejó arrastrar por la pared hacia el suelo, sintiendo su corazón pesado; igual sintiéndose vacío ¿Es posible aquello? Él no lo sabía, ni podía pensar en ello. Al salir del cuarto no solo dejó a Carmen, dejó su corazón roto con ella. Se acabó. Todo terminó Recuperó a Carmen para dejarla ir. Este era el fin de su historia. Ella estaba feliz y él destruido, pero no importaba. Siempre, siempre ella sería lo primero. 

Juan se acercó a él con la duda escrita en sus ojos. No preguntó nada, solo esperó.

–Ella no recuerda nada. Yo...no le dije nada– respondió Lucas hundiendo su rostro en sus manos.

Juan exhaló el aire, aunque en el fondo le pesaba igual como a Lucas. Aunque Carmen no lo amase nunca, le era difícil saber que ella nunca más volvería a formar parte de su vida. Porque los dos acababan de romper cualquier lazo que les uniera a ella. Carmen era libre de los dos. Ellos eran nada para ella.

–Maldita sea, esto duele tanto– dijo Lucas con la voz rota, permitiendo que lágrimas bajaran de forma silenciosa por sus mejillas. Quería morirse, mandar todo al diablo. Todo dejó de tener sentido para él.

–Ella sufrió ya bastante. El dolor– Juan omitió decir "nuestro dolor"– es compensado por su felicidad.

Los dos se quedaron en silencio, aunque Lucas ni de cerca sospechase de que Juan estaba igual enamorado de Carmen que él. Lucas mostraba su dolor abiertamente, mientras que Juan tenía que tragárselo, porque con todo lo que ha pasado no tenía ni derecho de expresar sus sentimientos. Ese sería su eterno castigo, el silencio de su amor.

Sandra observó a Lucas en silencio, quiso decirle algo pero no pudo. Escuchó a los peros pero no podía creer lo que estaba viendo. Quiso replicar; más se calló. Solo se quedó mirándolo. Lucas levantó la mirada y en ellos ella no vio luz alguna, ausencia total de esperanza. Estaba totalmente quebrado.

–Sandra...por favor...– comenzó Lucas. 

Sandra sabía a lo que se refería pero se negó rotundamente – No.

–Sandra.

–Es un error, Lucas.

–Ella...merece ser feliz.

–Eso es mentira. Ella vivirá engañada. Eso no es felicidad, es taparse los ojos. 

–No. Ella vivirá sin recuerdos. Eso no es engaño. 

Sandra quiso gritarle; se resistió solo por el estado tan devastado de Lucas. Ella no compartía su opinión. Carmen iba a vivir una mentira, porque al no conocer su pasado, partiría del cero absoluto, y eso es una forma de mentirse a sí misma. Para ser verdaderamente feliz, uno debe olvidar su pasado, pero por voluntad propia y no por capricho del destino.

–Lucas...esto, esto está mal.

–Solo prométeme...que no le hablarás de mí. Prométeme que estarás a su lado, pero sin contarle nada sobre mí. Si ella...se acuerda con el tiempo, eso ya no podremos evitar. Pero si hay posibilidad de que nunca...recuerde– Sandra cada vez que veía a Lucas inspirar fuerte por la falta de fuerza, se le partía e corazón– no quiero que le ayudes a hacerlo. Solo quiero que viva en paz.

–Lucas...qué será de ti. Tú la amas.

–Más que a mi vida. Por eso quiero su felicidad más que la mía.

Sandra se acercó a él y le abrazó. Intentó ser fuerte, pero en los brazos de Lucas se dejó llevar y lloró. Lloró por él y por Carmen. Por qué simplemente no podían ser felices, por qué un amor tan fuerte y hermoso tenía que sufrir por culpa de un caprichoso destino. Sentía la necesidad de hacer algo al respecto pero estaba atada de manos. Era horrible ver cómo algo tan perfecto iba destruyéndose delante de ti y tú sin poder hacer nada. Por qué. No era justo.

Lucas quiso llorar de nuevo, pero se contuvo. Debía ser fuerte por Carmen. Todo por ella.  Por orgulloso él la dejó ir, y cuando tuvo la posibilidad de recuperarla, la dejó ir otra vez. Ahora que ella recuperaba la luz de la felicidad, él no se interpondría como una sombra de tristeza. Así que debía dejarla ir por tercera y definitiva vez. Ella siempre será el amor de su vida, siempre será la mirada que lo guiará en la soledad. Ella siempre será la chica simple que conquistó su corazón. Su sonrisa será motivo de vivir, razón de seguir. Carmen, siempre será su amor. Sintió húmedo su hombro, Sandra estaba llorando; le dejó hacerlo.

–Lucas– Sandra entre sollozos– es tan injusto...quisiera...oh Lucas...

–Solo prométemelo... por favor. 

Sandra cerró los ojos y con un nudo en la garganta, respondió:


–Te lo prometo.

Mi última carta Donde viven las historias. Descúbrelo ahora