Capítulo 2: Retorno a casa

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Poco a poco mi vista se fue acostumbrando a la penumbra y pude reconocer a la persona parada frente a mí. Waire, en su momento uno de mis mejores soldados, sonreía malicioso, su pelo rubio casi blanco brillaba con la luz de la luna que se asomaba en el cielo. Siempre me había sorprendido tanto su agilidad y destreza en el combate como su falta de compasión y sentimientos. En su mano sostenía una daga larga y afilada y de su espalda sobresalían dos espadas. Sin pensarlo dos veces tomé la espada que tenía escondida entre los cojines del sofá y  me puse en posición. 

-¡Corran arriba, rápido!- grité- ¡Feeb, debajo de mi cama!

Todas obedecieron mis ordenes y subieron corriendo las escaleras. Se escuchó el ruido de la puerta al cerrarse y luego un inquietante silencio. Miré directo a sus ojos negros esperando que diera el primer golpe. Se notaba que no le importaba en lo absoluto asesinarme pero se veía inquieto.

-Ha sido difícil encontrarte, le has complicado la existencia a todos en el FE desde que te fuiste. Supongo que sabes que Helz ha ocupado tu puesto; él y Yar nos han tenido muy ocupados tratando de encontrarte a toda costa ¡Hasta ofrecieron recompensa! El emperador quiere tu cabeza servida en un plato y yo seré quien se la de... 

-¿Vas a seguir hablando o vas a matarme? No tengo toda la noche- le corté

-Por supuesto. Lo haré rápido así no sufres

De un rápido movimiento desenvainó una de las espadas y asestó un golpe. Logré esquivarlo sin dificultad y fue mi turno de asestar; le erré pero mientras Waire lo esquivaba la daga que sostenía en su otra mano salió volando de una patada y cayó al piso a unos metros de nosotros. Tomó la espada con ambas manos, la levantó en el aire y la dejó caer rápida y pesadamente. Bloquee el golpe y le di una patada en el estómago, perdió fuerza en la espada y se la quité tirándola fuera de la ventana rota. Levantó ambas manos en forma de rendición, lo tenía acorralado entre el mueble que sostenía la tele y mi espada.

-Me rindo. Me has ganado. Fuiste mejor que yo, siempre lo has sido

Sin que me diera cuenta tomó el florero que tenía detrás de él y me lo arrojó a la cara. Me agaché, golpeó la pared haciéndose pedazos y  cubriendo el piso en un mar de cristales, agua y flores marchitas. Waire aprovechó la oportunidad; me arrebató la espada y me tiró al piso. Estiré mi mano y pude agarrar la daga de Waire; la lancé, el filo de la hoja cortando el aire, el golpe no fue exacto pero rozó su costado y cortó su piel justo debajo de las costillas. Una mueca desfiguró su cara por unos momentos pero no fue suficiente. Levanto la espada en el aire, vi como bajaba atravesando mi pecho quitándome la vida pero en su lugar la espada cayó de sus manos aterrizando a unos centímetros de mi cara y su cuerpo desplomándose sin vida. Feeb se cernía imponente sobre el cadáver del que sobresalía de su espalda la daga que guardaba bajo mi cama para emergencias. 

-Cuando ocultaste armas por toda la casa creí que estabas paranoica, creo que me equivoqué.- comentó Feeb

-Si, también cuando dijiste que unas flores quedarían bien junto al televisor

-Lo siento- me tendió la mano ayudándome a levantarme

-No hay cuidado ¡Ya pueden bajar!-grité

Las escalaras rechinaban bajo su peso al bajar corriendo las escaleras. Se veían aturdidos y asustados. Zach abrazaba a su hermana fuertemente mientras esta lo consolaba diciendo que todo estaría bien, ojalá así fuera. Al ver el cuerpo de Waire desplomado en el suelo, Hope corrió hacia mí envolviéndome en un caluroso abrazo.

-Graxe ¿Qué fue eso? Casi te mata- dijo sollozando. Le devolví el abrazo y froté su espalda para calmarla

-No pasa nada, ya esta todo resulto. Hay que irnos ahora- miré a todos y asintieron- Todas las Fuerzas Especiales están buscándome, podría haber más de ellos intentando matarme. Busquen sus cosas y nos vamos

ThiliaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora