La nieve caía en gruesos copos a mi alrededor. La capucha caída sobre mi rostro me ocultaba de los campesinos curiosos, caza recompensas y jueces de paz que merodeaban por el pueblo. Detrás de un puesto de frutas observaba todo. Llevaba varios días en esta aldea, observando, recordando. Recordaba haber salvado a esa joven que me había parecido tan valiente y a la que no comprendía como lograba pelear con la agilidad y destreza con la que lo hacía, hasta que supe quien era realmente.
Recordar lo que había dejado atrás dolía, dolía mucho. Pero peor era saber que no estaban a salvo. En ese momento dos jueces de paz cruzaban delante del puesto hablando entre ellos. Desde mi escondite pude captar algunas palabras, pero fue solo una la que llamó mi atención: Graxe. Me acerqué un poco y seguí sus pasos por detrás de los puestos sin que me vean.
-Esa niña estúpida, de saber que haciendo un baile de máscaras la atraparíamos tan fácil lo habríamos hecho apenas se fue.- decía uno
-Al parecer a la niña le gusta divertirse- reía el otro- Aún no puedo creer que no se diera cuenta que todo era una trampa
-Lo sé. Como dije, estúpida e ingenua. No comprendo como llegó a ser jefa del FE
-Ni me lo digas...
Los jueces de paz siguieron su camino mientras que mis piernas se negaban a avanzar. Graxe había sido capturada. Ella no era tan tonta como para ir sola, así que los demás debieron de ir con ella y estarían en la misma situación. Había encomendado a Zik cuidar de Graxe, y donde su segundo al mando va atrás le siguen sus soldados. No lo pensé dos veces antes de correr hacia mi caballo y salir al galope. El Palacio de Arena se veía a los lejos, sus claras torres cortando el encapotado cielo, la nieve cubriendo los tejados. Mientras cabalgaba solo podía pensar en ella.
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Vemos como los dos guardias se llevaban a Graxe a rastras por el lustroso suelo. Pero eso no importa. Había visto cómo perdía la esperanza, ese brillo en sus ojos, la emoción de la lucha y la libertad, en solo un segundo. Había estado ahí tanto tiempo que creerías que es algo permanente en ella, algo que nada ni nadie puede derrumbar; nadie esperaría que ese brillo se apagara con solo una mirada a sus amigos, acorralados, atrapados como sucias ratas, con ver a su enemigo sosteniéndole la mano suavemente y guiándola por la pista como si fuera algo casual, causa del destino y no por un plan cruelmente creado para verla caer. Verla derrumbarse en mil pedazos, sin voluntad ni alma. Sin fuerzas siquiera para gritar o patalear mientras se la llevan por sinuosos pasillos a dios sabe donde.
Al verla me doy cuenta de lo que hice. De lo estúpido que fui. No esperaba que eso fuera a suceder. En mi mente el plan funcionaba a la perfección, no me detuve a pensar en lo que podría salir mal. Llevaba tanto tiempo deseándolo, esperando que sucediera. Tantos años buscando, ideando, manipulando, engañando. Me sentía sucio como no lo había hecho todos estos años pensando que estaba bien, que era lo correcto reclamar lo que me pertenece a cualquier costo. Es ahora cuando entiendo que realmente no me pertenece. Soy el hijo bastardo de un emperador fallecido. Hijo de un tirano y medio hermano de un emperador aún peor a su predecesor.
-Llévencelos a las celdas
La voz de Leonnidas Yar era fría como la nieve que caía afuera, con una pátina de felicidad seguramente a causa de nuestra captura. Puedo jurar que su mirada se dirigió a mí por unos segundos, unos segundos de helado y aterrador miedo. Los guardias reales obedecieron y nos llevaron por oscuros y mohosos pasillos hasta la parte más recóndita del castillo donde se encontraban los calabozos. El camino fue confuso con tantos pasillos, vueltas, recodos y la falta de luz. Nos encerraron de a dos en las frías y sombrías celdas.
Frente a mi Veek mira el piso. Luce igual de derrotado que lo están los otros, igual de afligido y confundido.
-No lo entiendo, estaba todo bien planeado. Se supone que no deberían haberlo sabido...- susurra
Eso no hace más que intensificar mi culpa. Decido, que si de todas formas moriremos a la mañana siguiente, sería bueno que los demás tengan a alguien a quien culpar y con el qué descargarse.
-Veek, debo contarles algo.-este alza la cabeza y me observa. Me aclaro la garganta- Esto es todo mi culpa. Yo los metí en esto...
-Esto no es tu culpa, no es culpa de nadie. Debimos estar más atentos, planear mejor las cosas...
-No, no comprendes. Déjame terminar. Yo conocía a Graxe, sabía quién era y de lo capaz que era. Cuando se fue del palacio la busqué y cuando finalmente la encontré... no digo que la haya engañado, la mayor parte fue todo cierto pero la utilicé. Y a ustedes también. Los necesitaba para entrar al palacio, para deshacerme de Yar... Yo, no estoy orgulloso de lo que hice y lo acepto. Si tienen que culpar a alguien, que sea a mí.
-No te entendiendo Erin. ¿Para qué nos necesitabas?
-Es que yo soy...
Dos celdas más allá se escuchan las llaves y la celda al ser abierta. Veek me mira y yo a él. Alguien sale y la celda se cierra. Se escuchan voces que conversan. Nos acercamos a los barrotes tratando de oír mejor. Dos celdas contiguas a la nuestra Zik grita.
-¡TÚ! Bastardo traidor, cuando te ponga las manos encima te juro que no llegarás a ver el amanecer otra vez ¿me oíste? ¡Te mataré! ¡Lo haré!
Alguien llora más allá, pero no logro saber quién. Tampoco comprendo lo que pasa hasta que lo veo marcharse. Comprendo que la culpa no fue del todo mía, pero aún sigue ahí. Latente y recordándome que gracias a eso la persona a la que probablemente más quiero en todo Thilia está arriba, sufriendo a manos de un maldito, condenada al confinamiento. Nosotros seremos ejecutados; a ella le espera un final peor.
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Buenas noches/ tardes/ mañanas/ crepúsculos/ mundo paralelo... lo que sea. Les dejo otro capítulo, un poco corto pero estamos llegando al final, estoy seca de creatividad y estoy siendo presionada *ejem,camila,ejem*. Mis disculpas si tardo en publicar, de verdad lo siento. Saben que los amo,verdad que si? -Flor
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Thilia
FantasyCuando Graxe decide que ya no puede seguir con el trabajo para el que fue entrenada toda su vida, se escapa del imperio con la esperanza de huir de todos sus males. Pero el camino fácil no siempre resulta como esperas. Graxe se ve envuelta nuevament...
