Capítulo 3: Un pedazo de historia

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Me levanté del suelo y ayudé a los demás. Weyb se raspó un poco las manos al usarlas para frenar su caída pero el resto estaban sanos y salvos. Habíamos logrado pasar la entrada y llegamos a nuestra querida tierra Thilia. Era reconfortante estar en el lugar donde creciste y que conoces como a la palma de tu mano, también lo era ver las caras felices de la que era ahora mi familia al haber vuelto. 

-Bien, el año sabático no estuvo nada mal pero creo que ya era hora de regresar a casa-comentó Feyz.

-Si, aunque hay que admitir que me hubiese gustado que fueran en otras condiciones.-agregué un tanto apenada. Los presentes callaron y me sentí culpables por arrebatarles esa sonrisa - Vamos, aún podrían venir. Debemos encontrar un lugar seguro en el que podamos estar por un tiempo.- el rostro de Hope se ilumino y una sonrisa creció en su rostro.

-Sé donde podemos ir. Conozco un lugar- empezó a caminar a paso acelerado entre los árboles. Hizo una seña con la mano para que la siguiéramos.- Vengan ¡Les va a encantar!

La seguimos por unos minutos, a veces corriendo otras caminando rápido cuando se perdía. Nos llevó por entre los bosques hasta la pequeña cordillera donde estuvimos más de dos horas escalando y caminando entre rocas, algunas fijas y otras que se caían con solo mirarlas. Finalmente llegamos a una abertura en la montaña, no podría considerarse una cueva de lo estrecha que era.

-¿Es aquí?¿Una cueva?- exclamó incrédula Feyz

-Eso no es una cueva. La grieta en el techo de la casa era más grande que eso- agregó Weyb 

-¿Podrían confiar por un momento en mí?-espetó Hope molesta. Todas se callaron al instante.

-¿Es aquí, Hope?- pregunté tranquila. Hope se calmó y negó

-No, hay que pasar por ahí para llegar.- contestó señalando el interior de la abertura

-De acuerdo ¿Qué estamos esperando?

Feyz tragó saliva sonoramente y puso cara de pánico.-¿Hay que entrar si  o si?¿No se puede, no sé... rodear la montaña?

-Es la única forma, y allí estaremos a salvo. Confíen en mí. -los de Hope suplicaban que la sigamos y yo creía en ella.

Uno a uno fue pasando. Mis hombros rozaban las paredes de piedra negra, fría y sólida. El camino debió de ser de por lo menos cien metros y en plena oscuridad. Si hacías silencio se podía escuchar  insectos y pequeños animales arrastrarse entre las piedras. También, alguna que otra queja de las chicas. Luego de una curva bastante cerrada se vio a lo lejos una luz, al acercarnos se fue haciendo más grande al igual que el espacio. Terminamos en un inmenso valle con un lago de agua cristalina, verdes pastizales, una arboleda y una pequeña cabaña con su huerta. 

-La construimos con mi papá, veníamos acá de vez en cuando para descansar y alejarnos del pueblo. A mamá le encantaba- explicó Hope.

La cabaña no tan era chica; dos habitaciones, un baño, una cocina y un comedor. En la parte trasera de la casa había un horno de barro y algunos sillones hechos de troncos bajo un techo de paja. Era muy pintoresca para ser una cabaña en el medio de la nada. Nos dividimos en dos grupos para ocupar las habitaciones.

Estando ya tranquilos y a salvos, Hope dio un recorrido por el valle mientras me quedaba en la cabaña escondiendo armas en lugares estratégicos y un plan de emergencia si llegábamos a estar nuevamente en peligro en algún momento. Zach quiso quedarse conmigo, dijo que ya tendría tiempo de explorar él mismo el  territorio. 

Estaba analizando el mapa del valle que le pedí a Hope que realizara para mí así poder pensar un plan de escape por si las dudas. Zach se sentó junto a mí, miró el plano, luego a mí, a la habitación y nuevamente a mí. Lo miré enarcando una ceja.

ThiliaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora