No tarde mucho en descubrir lo que ya sabía. Erin había mentido. El camino que se suponía debía estar destrozado, incapaz de ser cruzado incluso a pie, se encontraba en perfectas condiciones desde fuera de la gruta hasta el final del camino al pie de la montaña. Ni rastros de derrumbes, fisuras o algo que indicara que un rayo había caído en ese lugar. Absolutamente nada. Barro y piedras resbaladizas era lo más peligroso que podría llegar a haber. Una voz en lo profundo de mi cabeza, la voz de la confianza, tenía la esperanza de que solo habría mentido en eso para tener una excusa que explicara el por qué de su presencia. La esperanza de que su historia, su vida, su coartada, sea cierta.
Tarde o temprano averiguaría lo que esa voz ya sabía y con tanto esmero se negaba a aceptar. La verdad de la mentira que, al igual que la mía, seguro había sido contada tantas veces hasta hacerla creíble. Después de todo, cuando repetimos la misma historia, cuando deseamos algo tan intensamente, con tanto entusiasmo, ¿no termina convirtiéndose eso también en real? ¿No tiramos una moneda a una fuente y pedimos un deseo, esperando con todas nuestras fuerzas que se vuelva realidad cuando realmente es una mera ilusión? Pero esa esperanza que muchos creen vana es lo que nos impulsa en los peores momentos, la que nos ayuda a seguir. Despojar al hombre de esa esperanza es como contarle a un niño que no hay nada bueno en la vida, nada que importe, nada que lo haga feliz sin que lo lastime al final; es como caer en una depresión tan honda que ni el alcohol ni la compañía podría levante devuelta; sería como despojar al hombre de su propia alma.
Tarde medio día en recorrer los primeros pueblos. Preguntaba aquí y allá si conocían a un tal Erin, lo describía, contaba algún detalle de lo poco que sabía sin recibir resultados. Nadie lo conocía ni había escuchado hablar de él. No me preocupé demasiado, no esperaba recibir alguna información hasta llagar a los pueblos más cercanos al reino. El viaje fue solitario, procurando ser discreta, sin llamar la atención ni ser reconocida. Me escondía cuando jueces de paz se acercaban, fingía ser una pariente preocupada por el bienestar de su primo, hermano, sobrino -dependiendo de la historia que contara- cuando interrogaba a los comerciantes y vecinos.
Llegando a las últimas aldeas el sol ya se escondía en el horizonte tiñendo todo de un tono anaranjado y dorado. Busqué un establo donde pudiera pasar la noche inadvertida, me colé entre las puertas de madera casi podridas y me recosté sobre una montaña de paja y heno. Comí una manzana de mis provisiones y cerré los ojos para dormirme hasta que el sol asomara sus primeros rayos.
El sonido de pasos y la puerta al abrirse me despertaron de mis sueños. Un hombre mayor ataviado en un largo poncho desgastado y remendado, y un gorro tapándole las orejas entró en el establo. Arrastraba los pies al andar, parecía que le costaba caminar; tenía una mano en su espalda y una mueca de dolor en su rostro, al parecer la edad le había cobrado y ahora el pobre hombre apenas podía moverse. Se giró hacia el caballo asomando en la primera tranquera. Una sonrisa borró la mueca que tenía, le hablaba al caballo con un tono cariñoso, casi paterno. Sospeché que el hombre vivía solo, tal vez no tuvo hijos o se habían ido dejándolo solo hace mucho y no lo visitaban a menudo, si es que lo hacían. Reculé lentamente hacia la puerta trasera del establo. No solían tenerlos, solo una entrada y era donde entró el hombre, pero para mi suerte este establo lo tenía. Sin hacer demasiado ruido destrabé la puerta y la abrí. Rechinó sobre sus bisagras. Contuve la respiración mientras salía como exhalación hacia el exterior. El hombre dejó de hablarle al caballo y miró en dirección a la puerta por donde salía rápida y sigilosamente.
-¿Quién anda ahí?- preguntó
No respondí. Monté mi caballo que estaba atado en un árbol a unos metros y cabalgué lejos en dirección al próximo pueblo.
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Thilia
FantasyCuando Graxe decide que ya no puede seguir con el trabajo para el que fue entrenada toda su vida, se escapa del imperio con la esperanza de huir de todos sus males. Pero el camino fácil no siempre resulta como esperas. Graxe se ve envuelta nuevament...
