Hoy he podido darme cuenta de una de las razones por las que soy incapaz de apartar la mirada de ti. Y esa razón sucedió hoy cuando entrabas al cementerio. Echaste a andar hacia la tumba de tus padres cuando un débil llanto te detuvo. Se trataba de una pequeña niña que lloraba sentada frente a una tumba.
Por un momento dudaste en acercarte, pero tu bondad fue más fuerte y le ofreciste un pañuelo junto con una pequeña flor de tu ramo. Ella se sorprendió al momento, pero enseguida se dejó abrazar por ti y lloró en tus brazos hasta sentirse mejor. Te contó que aquella era la tumba de su madre, la cual había ido al cielo hacía dos semanas. Tú no hablaste ni la interrumpiste, permitiste que te contase toda la historia aun a sabiendas de que tú vivías lo mismo.
Cuando terminó, tú sonreíste dulcemente y tomaste su pequeña mano para hablar. Tus palabras fueron dulces y tiernas, las cuales nunca olvidaré:
"¿Sabes? Yo también tengo a mi mamá y a mi papá en el cielo junto a una persona más que también es importante para mí. También me pongo triste como tú cuando pienso en que ya no están físicamente aquí, conmigo, pero al mismo tiempo sé que siguen a mi lado. ¿Sabes cómo lo sé? Porque al despertarme y salir de casa, siempre me recibe una suave brisa, igual de dulce que una nimia caricia parecidas a las que me daba mi madre cuando iba a la escuela. También cuando estoy en el parque y me siento en el columpio siento un pequeño impulso del viento, igual que hacia mi padre cuando me ayudaba a columpiarme cuando era pequeña como tú. Son detalles insignificantes para el mundo, que igual no son nada de lo que pienso, pero yo lo siento así. Aunque no puedan abrazarme igual que antes, sé que ellos están ahí arriba cuidando de mí y pidiéndome que sonría pase lo que pase. Estoy segura de que tu mamá también desea eso."
La pequeña lloró después de eso, pero había algo distinto en ese momento, y era que ahora sonreía y agradecía con una mirada tu agradable ayuda. Tú asentiste al tiempo de ver como la pequeña se levantaba al oír la voz de su padre llamarla y antes de irse te abrazó y besó en la frente. La sonrisa que mostraste entonces derritió completamente mi corazón mientras la veías abrazar a su padre. Pude entender la nostalgia y pequeña felicidad que sentías mientras murmurabas al viento:
"Gracias, papá."
