64 (Final)

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"Quedan dos horas"   susurro al aire, como si este fuese a darme las respuestas a esta realidad que se cierne sobre mí. Todo ahora parece más claro que nunca y es que los recuerdos se agolpan en mí, haciendo que cada uno de los flashes de mi vida, desde que nací hasta ahora, pasen por mi cabeza con rapidez.

No me duele tener que desaparecer. Realmente es comprensible que tarde o temprano todo acaba. Nada prevalece eternamente. Aunque me arrepiento de no haber aprovechado cada instante que la vida me regaló junto a Lena después de morir. Si hubiera sabido antes quien era, las cosas podrían haber sido diferentes.

Pero ya estaba hecho y no se podía hacer más.

Me incorporo para dirigirme a la tumba que tantas veces he visto como protagonista ante los ojos de Lena y su hermano. Es sorprendente como hasta ahora a quien iban a ver era a mí. Observo el nombre grabado en la lápida y trago saliva. Es duro ver ante tus ojos tu propia tumba. Ver que ahí debajo estás tú y que no volverás a la vida igual que antes.

Suspiro brevemente antes de girarme y saltar debido al susto. Detrás de mí, a pocos pasos, se encuentra Lena observando también la misma lápida que yo.

Trago saliva por ello. No estoy preparado para enfrentar esa mirada. Hace tiempo que no sé nada de ella. Tenerla en estos momentos ante mí, con esa expresión dulce bañando sus ojos, es demasiado para mí.

Decido que lo mejor que puedo hacer ahora es alejarme para darles intimidad. Bastante he rondado ya en su vida en el pasado. Sin embargo, es algo de lo que no tendrá que preocuparse dentro de poco. Todo acabará en cuestión de una hora.

Me siento en las escaleras del templo. Respiro hondo para calmarme, pero el aire se queda atascado en mis pulmones y toso al ver que Lena se dirige hacia aquí también. No lo entiendo. Si no fuera porque soy un espíritu creería que me está siguiendo.

Se arrodilla al lado mía y yo aprieto los puños para no alzar una mano y acariciarla. La he echado tanto de menos. Muerdo mi labio para calmarme y cuando alzo nuevamente la mirada, me quedo prendado de su rostro. No puedo apartar la mirada por mucho que quiera. Siempre ha sido así, aunque lo intente, su belleza siempre es capaz de deslumbrarme por completo. Todo en ella es luz. Una luz que sin importar el tiempo nunca parece apagarse. Sigue brillando con la misma intensidad de siempre.

¿O acaso soy yo que la veo como mi luz en medio de tanta oscuridad?

Sin embargo, por mucho que me gustaría que fuera así, no todo dura para siempre.

"Ha llegado la hora." escucho en mi mente, haciendo que cierre los ojos con tristeza. Al menos he podido verla una vez. Una sola vez antes de marcharme para siempre.

Me levanto para empezar a subir las escaleras. Cada peldaño es más difícil para mí, porque me alejan de donde realmente deseo estar. Siento un picor en la lengua cuando llego ante la entrada del templo. Quiero voltearme para decirle todo lo que pienso y siento, pero sé que si la miro ahora, no seré capaz de cruzar esta puerta. Por lo que, dando la espalda a la persona que dirijo las siguientes palabras, decido soltar lo que llevo tanto tiempo guardando.

"Te amo, Lena." pronuncio con un tono de voz dulce. El mismo que poseo desde que la conozco. Es imposible no sentirme así al verla o pensar en ella. Sólo su presencia puede provocar que actúe de este modo.

Mis manos ya se aferran a la entrada, cuando algo me detiene. Esa voz que llevo tanto tiempo sin escuchar, y que echaba tanto de menos.

"¿Neus?"

El espíritu de la nieveHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora