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Esta noche has llegado con un largo y grande abrigo que cubre tus delicadas manos y las protege del desolador frío. Retrocedo por instinto, pues no quiero que pases frío. Y, sin embargo, puedo ver como te recuestas sobre la nieve. Siento una sensación cálida en mi pecho al ver el cariño que ofreces a ese frío.

¿Acaso la nieve es producto también de tus dulces sonrisas?

El espíritu de la nieveHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora