Hoy ha aparecido tu hermano por el cementerio. Por lo que le ha explicado a Neus tú necesitabas algo de descanso y por eso te había dejado durmiendo en casa. Una parte de mí se relajó ante las palabras de tu hermano sobre ti. Por lo menos seguías con ellos, tu presencia seguía aquí, iluminando este mundo de tristeza.
Aquel día, tu hermano le habló a Neus de ti. Sólo de ti. Puedo imaginarme la sonrisa que tendría si escuchase todo lo que él le contaba; porque yo lo hacía aun si las palabras no eran para mí. Anécdotas que tenías desde que naciste hasta ahora eran demasiadas. Por no decir que cada una de ellas tenía un sentimiento distinto para mí. Tristeza, nostalgia, dulzura, enfado, y sobre todo, confusión.
Lena, aun había muchas cosas que no sabía de ti. Entre ellas el cargo de dolor que tu corazón siempre había cargado, pero del que no deseabas compartir con nadie; así de inmensa era tu bondad.
Mi pequeña, daría el mundo, el cielo, el mar y las estrellas por tener el privilegio de ver unas de esas reales sonrisas que antes dabas al mundo.
Una sonrisa sólo para mí.
