Lo siento, Lena.
Posiblemente suene raro que una persona de la que ni conoces su existencia se esté disculpando contigo, pero me siento en la necesidad de hacerlo.
Esta mañana volviste al cementerio después de casi una semana sin verte; pero yo no estuve ahí para recibirte. No fue algo que yo mismo decidiese, Lena. Ante todo quiero que comprendas eso. ¿Sabes de esos deseos impulsivos que tenemos a veces y del que queremos negarnos por dentro una y otra vez? Digamos que algo así es lo que me ha pasado a mí ese día en concreto.
Te echaba de menos; ¿cómo no voy a hacerlo si para mí un sólo segundo lejos de ti es perder momentáneamente el aliento? Y nada me habría hecho más feliz que quedarme en el cementerio esperando tu pronto regreso.
Sin embargo, un deseo que ni yo mismo comprendía me obligo a irme al mismo lugar al que te seguí aquella vez.
Sí, Lena, fui al hospital donde tu mejor amiga Emma esta hospitalizada.
Fui a verla, pero no por lo que tú piensas.
Es cierto que sentí la necesidad de ir a verla, que algo dentro mío me gritaba que debía acudir a aquel lugar cuanto antes; pero ante todo quiero dejar claro que te aseguro que no se trata de un sentimiento igual al que tengo siempre contigo. Más bien con tu amiga es como si algo encajase cuando la miraba de cerca, como si algo que me faltara se uniese con su simple presencia.
No puedo evitar preguntarme a veces una cosa, Lena: ¿todos estos pensamientos y sentires que he tenido últimamente son realmente provocados por Neus? ¿O es una señal que intenta decirme que todo lo que recuerdo está conectado de alguna manera conmigo?
