Capítulo 6

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Mica dejó de mirar el paisaje y se volvió. La mano de Lucas se deslizó entonces desde su mejilla hasta su cuello, bajó por su brazo, le cogió la mano, se la acercó a los labios y le besó suavemente todos los nudillos. Cuando acabó, devolvió la mano a su estupefacta dueña, y añadió.

-¿Mejor?

Mica carraspeó, se volvió otra vez hacia el paisaje y, cuando encontró su voz, respondió:

-Sí. Mejor.

Y se hizo el silencio.

Lucas conducía con la mirada fija en la carretera, totalmente concentrado en la conducción, pues eso era lo único que se le ocurría para controlar las ganas de parar el coche y abrazar a Mica. No podía ver llorar a nadie, pero si encima era alguien con los ojos y la mirada de un ángel, le resultaba realmente insoportable. Además, si era sincero consigo mismo, abrazarla no era lo único que quería hacer. Tenía que distraerse con lo que fuera, porque conducir empezaba a dejar de tener efecto, así que optó por hablar:

-¿Has estado alguna vez en Bath? -No era una pregunta muy original, pero la primera que se le había ocurrido.

-¿Eh? No, nunca. Cuando estuve en Londres estudiando, quise ir, pero ya sabes, el tiempo pasa tan rápido -respondió Mica sin dejar de mirar el paisaje-. ¿Vas a menudo a ver a tu abuela?

-No, la verdad es que no; intento ir siempre que puedo, pero... supongo que no es muy a menudo. Siempre pienso que tendré tiempo más adelante, y eso, por desgracia, casi nunca es así. -Lucas se quedó pensativo, como si tuviera miedo de acabar la frase.

-¿Lo dices por tu padre? Guillermo me contó lo de su muerte. Lo siento. -Mica volvió la cabeza para intentar ver la reacción de Lucas.

-Gracias. Hace ya mucho tiempo, no merece la pena que te preocupes por eso. -soltó el aliento-. No, no lo decía por mi padre o, bueno, quizá sí. -Carraspeó incómodo-. Bien, ya estamos llegando. Si miras a tu izquierda, creo que podrás ver la abadía, al lado están las termas romanas. Si Nana nos deja, tal vez podríamos ir a visitarlas por la tarde.

Con esta información turística dio por concluida la conversación, pero durante un
segundo, Mica notó que a Lucas le dolía hablar sobre su padre... y también se dio cuenta de que quería consolarlo, abrazarlo, hacerlo sonreír. Pero lo peor de todo fue que sintió que el corazón le daba un vuelco y que los búfalos de su estómago volvían a descontrolarse.

-Me gustaría ir, si no es problema.

Mica decidió que si él estaba más cómodo dando por concluido el tema de su padre, ella no iba a forzarlo. Si algo recordaba del Lucas de antes era lo cabezón que podía ser.

-Ningún problema, sólo tenemos que convencer a Nana de que nos deje en libertad. Ya estamos, ésta es su casa.

Lucas, paró el motor y bajó a abrir la puerta de su acompañante.

La casa de Nana era uno de esos cottage de postal, estaba rebosante de flores, tenía dos pisos y una entrada preciosa, con un pequeño jardín lleno de rosales y de trastos de jardinería, y allí, arrodillada entre las plantas, estaba ella. Nana, era una mujer de unos ochenta años, con una cabellera blanca que se le escapaba del pañuelo más excéntrico que Mica había visto jamás. Era delgada y bajita, pequeña, pero la primera imagen que acudió a la mente de Mica fue que le recordaba a un dragón.

-Malditas tijeras, sabía que tenía que comprar otras. Es la última vez que me dejo engañar por el dependiente; será cretino.

Estas palabras y otras peores empezaron a salir de la boca de la menuda anciana y así Mica confirmó su primera impresión; era un dragón.

Nadie como tú <<adaptada>>Donde viven las historias. Descúbrelo ahora