Capítulo 30

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Dos días en que el no fue a verla. Dos días en que prácticamente se olvidó de ella, eso creía, pero no, Sam solo intentaba encontrar la forma de aconsejarla y ayudarla. No quería verla mal otra vez. Caminó directamente a su casa, tocó el timbre y justamente ella salió a recibirlo.
-¿Sam? –preguntó insegura. El le sonrió cálidamente, en gesto de disculpas, y ella se
lanzó a darle un abrazo, de aquellos abrazos que llegan cuando más los necesitas. Ambos cerraron los ojos, disfrutando el calor del otro.
-Siento haberme alterado... -susurró Sam en su oído –te amo, y solo quiero protegerte.
-Perdóname Sam –dijo ella con los ojos llenos de lágrimas –estaba muy deprimida, y no pensé en nada y...
-Shh... -la interrumpió –sé que ahora no volverás a hacerlo, solo quiero verte bien mi vida –susurró cerca de sus labios. –te amo princesa.
-Yo también te amo –dijo ella dándole un beso muy apasionado. Sam la elevó un poco en el aire mientras se besaban. Ambos rieron, sin separarse.
-Queda solo una semana para el baile, este sábado –dijo Sam con una coqueta sonrisa -¿tendría yo el honor de que mi acompañante sea usted, señorita Fabray? –preguntó fingiendo una reverencia. Quinn río divertida.
-Por supuesto que podría acompañarlo, señor Evans –dijo ella riéndose con suavidad
-¿Necesitas ir a comprar vestido? –preguntó Sam.
-Sí, pero esta vez, no irás tú –dijo ella con una coqueta sonrisa.
-¿Y por qué no? –preguntó el frunciendo el ceño.
-Porque será sorpresa –susurró ella en su oído. Sam se mordió el labio de forma traviesa.
-Bueno, si mi novia quiere darme una sorpresa... -dijo Sam sonriendo. Ella arqueó una ceja.
-¿Novia? –preguntó ella. Sam se mordió los labios, recordando que aún no se lo pedía. Tampoco tenía algún día especial para hacerlo.
-Bueno, amiga, chica, a no ser... que quieras ser mi novia –dijo Sam mirándola directamente a los ojos.
-No me lo has preguntado –dijo ella mordiéndose los labios también. Sam se tensó un poco, esos simples gestos lo provocaban.
-Señorita Quinn –dijo Sam con una coqueta y traviesa sonrisa, mientras se arrodillaba y le tomaba la mano -¿aceptaría usted ser mi novia? Prometo cuidarla y protegerla, serle fiel y prontamente casarme con usted –ambos se rieron divertidos. Ella lo miró con una sonrisa, no podía creer todo esto, pero aún así...
-Sí, si quiero –dijo ella riéndose. Rodeo el cuello de Sam con sus brazos, mientras el la tomaba por la cintura y le daba un beso con mucha pasión. Se abrazaron luego de eso, mientras Sam cerraba los ojos. Absolutamente todo lo que siempre deseó se estaba cumpliendo. Esperaba que el momento durara, realmente lo necesitaba. La apretó más contra él.
-Te amo hermosa, no lo olvides jamás –ella sonrió mientras seguía apoyada en su pecho. Y podría estar toda la vida así.
Sam y Quinn esa misma tarde decidieron ir al cine. Les quedaban solamente tres días de colegio, pues eran las despedidas y todo eso. Así que no tomaban con mayor importancia el hecho de ir a clases al día siguiente. Vieron una película de acción, a pedido de Sam. A ambos les pareció bastante buena, luego de eso fueron a comprar un helado, pues Quinn era fanática de ellos. Sam siempre sabía que en una calurosa tarde, debía tener un helado para ella.
-Amo el helado –dijo ella mientras pasaba su lengua por el helado de vainilla. Sam la miró divertido, mientras se mordía el labio algo nervioso.
-En todos estos años, créeme que si me he dado cuenta –dijo él mientras le tomaba la mano.
-¡Miren a quién tenemos aquí! –esa voz repugnante, pensó Quinn. Ambos voltearon, Amber, Brody y Bree estaban parados justo atrás de ellos.
-Que grata sorpresa –dijo Sam con cierta ironía fulminando con la mirada a Brody.
-La bella y la bestia –musitó Brody.
-Más bien, el bello y la bestia –dijo Bree mirando despectivamente a Quinn.
-Bueno, gusto verlos, nos vamos –dijo Sam tomando fuertemente de la mano a Quinn.
-Así que... por fin te tomaron en cuenta, Evans –replicó Brody antes de que se fueran. Sam lo fulminó con la mirada.
-Si, y lo mejor que pude haber hecho –contestó Quinn antes de que Sam dijera algo.
-¿Fue lástima querida Quinn? –preguntó Brody arqueando una ceja.
-No, es amor, algo que tú no conoces –dijo ella guiñándole un ojo. Sam sonrió.
-Espera un tiempo, tendrán sexo, y el te dejará –agregó Bree –no creas que eres demasiado especial, lo hace con todas, te dice que te ama y luego te lleva a la cama, entonces te deja –dijo Bree –o quizás solo es una apuesta de las que suele hacer con las chicas –dijo ella. Sam la fulminó con la mirada.
-La gran diferencia, es que las que se prestan para tener sexo y apenas te conocen, no son chicas a las que le diría te amo. –dijo Sam guiñándole un ojo.
-¿Con quién apostaste esta vez, Evans? –preguntó Amber
-Ya déjenlo, si tampoco tener a esta puta es tan difícil, un par de miradas y corre hasta ti –dijo Brody de forma despectiva. La gota que derramo el vaso. Sam comenzó a caminar amenazadoramente hacia Brody, pero Quinn se puso frente a él.
-No Sam –susurró ella –no lo hagas.
-¿Ves? Tu novia me defiende, solo porque le gusto que me acostara con ella –Sam en un hábil movimiento, movió a Quinn y se tiró sobre Brody, ambos cayeron al piso bruscamente, comenzaron a golpearse. Quinn estaba desesperada, mientras Amber y Bree reían. Sam le dio un puñetazo en los labios, pero Brody le lanzó uno al ojo. Se golpearon con odio, hasta que Brody se levantó rápido y le dio una patada en el estómago a Sam, quien gimió de dolor, el le dio otra, riéndose burlón. Entonces Quinn no lo soportó y se lanzó sobre la espalda de Brody, arañándole los brazos y parte de la cara. Brody le dio un codazo para que lo soltara, y este llegó a las costillas de Quinn. Entonces, ella gimió y Sam golpeó otra vez a Brody, demasiado fuerte, esta vez, el muchacho escupió sangre. Quinn se horrorizó. Para su suerte, dos policías pasaban por el lugar y vieron la escena. Brody iba a correr, pero lo detuvieron. Amber y Bree corrieron del lugar. La policía tomó a Brody detenido y llamó al carro policial. Sam con ayuda de su novia y uno de los uniformados logró levantarse.
-Necesitamos ir a un hospital –le rogó Quinn al policía.
-Ahí viene el carro –dijo indicando el auto policial –los llevaremos a ver las lesiones y luego a la comisaría –replicó el policía.
-Amor, tranquila, estoy bien –dijo Sam abrazándola.
-Sam, mírate, no estás bien –dijo ella. Efectivamente, los labios de Sam sangraban, tenía un gran enrojecimiento en el ojo.
-Si estoy bien mi amor, solo son unos golpes –dijo con la voz entrecortada. Dos carros policiales llegaron al lugar, en uno de ellos subieron a Brody esposado y en otro a Sam y a Quinn. Ella lloraba aún temblorosa, realmente estaba preocupada por Sam, sacó una pañoleta de su bolso, que usualmente usaba como cintillo y la puso la comisura de los labios de Sam, que no dejaban de sangrar. Sam se recostó un poco y cerró los ojos. Le dolía todo el cuerpo, demasiado. Pero no quería que ella se diera cuenta o se preocuparía más de la cuenta. Su estómago le dolía, los músculos de todo el cuerpo, y sentía como su nariz y labios sangraban.
Llegaron al hospital, ambos entraron en salitas diferentes, a ella la revisaron pero nada andaba mal con ella, solo sabía que se le iba a formar un buen moretón en las costillas. Suspiró y se dispuso a esperar a Sam. Cuando salió, llevaba algodones en la nariz, un poco de algo que era como una crema en los labios, y en otras zonas enrojecidas de su rostro. Caminaba lento, se notaba adolorido. Sonrió un poco al ver a su novia. El policía les indicó que fueran al auto, necesitaban ir a la comisaría.
-Apenas salgamos de aquí, irás a dormir –indicó su novia. El asintió.

Llegaron a la comisaría, ahí estaba Brody. Los llevaron a una sala, a declarar.
-Entonces niños ¿cómo ocurrió esto? –preguntó el policía. Quinn levantó la mano como si estuviera en el colegio. –señorita...
-Mi novio y yo caminábamos tranquilos, y él se acercó con dos chicas de la escuela a molestarnos, me dijo cosas horribles, y ahí comenzó todo –dijo ella –luego comenzó a golpear a Sam en el suelo –dijo indicando a su novio –y me lancé sobre él, me dio un codazo y bueno, ahí llegaron ustedes.
-Pero él comenzó –dijo Brody mirándonos con odio.
-Tú la llamaste puta. –replicó Sam con odio.
-Es lo que es –dijo Brody fulminando a Quinn con la mirada. Ella no lo miró.
-Jóvenes, es suficiente –dijo mirándolos a ambos. –bien, ustedes dos se pueden ir –dijo indicando a Sam y a Quinn -no quiero verlos en algo así otra vez –ambos asintieron –en cuanto a ti, te quedas cuatro horas, por no mostrar respeto. –Brody hizo una mueca de enfado. Sam tomó de la mano a Quinn, y como pudo caminó hasta afuera.
-Amor, llamaré a Finn por si puede venir por nosotros –dijo Sam Quinn asintió. Finn pasó por ellos, se preocupó bastante por Sam, luego los dejó en casa de Sam. Mary, su madre, escandalizó bastante al verlo llegar herido, pero Sam la tranquilizó diciéndole que estaría bien. Mary lo regañó por ponerse a pelear en la calle. Pero Quinn la tranquilizó contándole todo. Los dejó por fin solos, porque su novia se ofreció para cuidarlo.
-Siento esto –dijo Sam
-Yo lo siento Sam, fue Brody... no debí haberme metido con ese imbécil –dijo ella.
-No te preocupes linda, ya pasó –sonrió. –Mañana es tu cumpleaños, y estaré todo magullado –dijo frunciendo el ceño.
-Pero estarás conmigo, después de muchos cumpleaños, esta vez, eres oficialmente mi novio –ambos sonrieron. –no sé cómo no me di cuenta antes.
-Quizás porque me comporté como un tonto –dijo Sam –intentando aparentar algo que no era. Pero ya no importa, estoy contigo y me transformé en un cursi –ella sonrió y le besó cortamente los labios. -¿te quedarás conmigo?
-Sí, apenas sean las doce, seré mayor de edad y podré hacer lo que quiera –Sam soltó una risa.
-Muy madura –dijo Sam rodando los ojos. Ella se río.
-Bien –dijo ella –sácate la camisa. –Sam la miró sorprendido, prácticamente se le salieron los ojos. Sintió un calor recorrerle todo el cuerpo. Pero ella comenzó a reírse –no seas pervertido Sam, solo veré que tal están esos golpes –dijo rodando los ojos.
-Graciosa –dijo Sam mientras se quitaba la camisa, Se recostó mientras ella miraba su abdomen. Intentó concentrarse y no parecer perturbada en absoluto con el torso desnudo de Sam.
-Eso se va a poner más feo ¿los ineficientes médicos no te dieron ninguna crema o algo así? –preguntó ella arqueando una ceja. Sam sonrió, mientras su mano iba a la mejilla de ella.
-Me dieron unas pastillas por sí me duele demasiado –contestó Sam.
-Traeré hielo –anunció ella. Se levantó, Sam la observó salir de su habitación. Sonrió triunfante, le encantaba que se preocupara de él. Se sentía pleno, todo parecía mil veces mejor. Ella volvió con tres bolsas de hielo de diferentes tamaños. –bien, ponte esta en el estómago, justo donde terminan las costillas.
-Pero está fría –protestó Sam. Ella arqueó una ceja, y le sonrió coqueta. Sam se mordió el labio cuando ella se acercó a él de manera sensual. Lo iba a besar, hasta que Sam gimió, pues ella había puesto la bolsa de hielo en su estómago. -¡AH! –chilló mientras cerraba los ojos –loca –dijo fulminándola con la mirada, ella sonrió divertida. –tramposa.
-Lo siento, eres muy terco lindo –dijo mientras tomaba otra bolsa de hielo y la ponía bajo su ojo. Sam cerró los ojos. –es para que no se vean tan mal mi amor –le dijo con dulzura
-Eres una dulzura –dijo él irónicamente –está muy frío el de mi panza, quema.
-Lo siento, realmente es por tu bien, aunque te vez algo sexy –el suspiró frustrado. -¿qué hora es?
-Diez y media –dijo Sam
-Avisaré a Judy que me quedo aquí –dijo ella mientras tomaba el celular
-A tu madre –corrigió Sam
-Lo que sea –dijo ella rodando los ojos. Sam suspiró. La madre de Quinn le permitió quedarse con Sam, claramente, era mejor para ella, podía estar con Rob tranquila. –bien, me quedo contigo –dijo dándole un suave beso en los labios.
-Me gusta la idea –dijo Sam –mucho hielo por hoy –se sacó el hielo de su panza, lo dejó sobre la mesita de noche, ella dejó el que le tenía en la cara también –ven acá preciosa –ella se recostó, abrazando con mucho cuidado a Sam. Sus manos se entrelazaron casi por acción propia. –el día que... -Sam comenzó a hablar de pronto –el día que te vi los cortes... bueno, antes de eso... ¿te diste cuenta de lo que hicimos? –preguntó Sam mientras miraba el techo.
-Uhm –ella se sonrojó de inmediato –fue algo... extraño.
-Fue mejor que no pasara –contestó Sam. Ella frunció el ceño.
-¿Por qué? –preguntó
-Porque... -se sentó para poder mirarla a los ojos –no quiero que seas una más de las otras, digo, no quiero que sea algo de locura del momento... ¿entiendes –ella sonrió –tu primera vez debe ser más que eso...
-Eres un cursi –dijo ella mientras miraba con ternura esos ojos verdes que la volvían loca –pero no me interesa donde ni cuando Sam, si es contigo, está todo bien.
-¿Estás segura? –preguntó Sam –digo, debes estar muy enamorada para hacerlo y... -ella le tomó las mejillas de forma muy cuidadosa.
-Estoy segura de que te amo –dijo ella mirándolo a los ojos. Sam la miró embobado. Se acercó lentamente a sus labios y cerró los ojos. Ese beso fue diferente, algo cambió, algo que ninguno de los dos notó. Sus labios se movieron suavemente, disfrutando el momento. Pero la puerta se abrió y ambos se separaron de golpe.
-¡Perdón! –la voz de Mary hizo que ambos soltaran una risa nerviosa. Ella los miró con sorpresa, Sam estaba sin camisa.
-No me mires así –dijo Sam –no es lo que crees, estaba poniéndome hielo.
-Uff... creí que... -Mary rodó los ojos –no importa, Sam, ven un momento lindo. -Quinn les sonrió. Sam le dio un beso en la frente y salió de su habitación, cerrando la puerta. Ella se sentó en la cama de Sam, su piel estaba erizada, sus manos temblaban. Algo sucedía, algo había cambiado entre ella y Sam, no sabía que muy claramente, pero sabía que era importante. Recordó lo que Sam habló sobre su primera vez, y sonrió. Ella ahora sabía lo que quería. Antes le parecía un tema tan lejano, no se entregaría a cualquiera. Pero ahora le parecía la mejor idea del mundo. Era algo así como ¿destino? Quizás, pero sabía que Sam era ese "indicado". No le interesaba lo que el hubiese hecho antes. Eso era pasado, Sam era su presente, su ahora. Le seguía dando vueltas en la cabeza la conversación con Sam. De alguna manera, sabía que ocurriría tarde o temprano, y con él. Quizás ahora se estaba dando cuenta que estaba lista.

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