Dos semanas luego. Tortuosas y bipolares, algo largas y confusas. Sam estaba estresado, por decir lo menos, estaba harto, pero sentía que sus manos estaban literalmente atadas ¿qué podía hacer frente a la falta de comunicación de su novia? Estaba más confundido que nunca, pero no terminaría con ella. La amaba, la adoraba ¿cómo sería capaz de siquiera pensar en cortar su relación, que tanto trabajo le había costado formar? No, eso no estaba entre las opciones, pero la situación lo mantenía bajo presión, estresado y con el ánimo por los suelos.
-Sam, hermano, estoy hablándote. –la voz de Artie lo sobresaltó.
-Lo siento Artie, no estaba prestando atención –dijo Sam mientras jugaba con la pajilla de su batido de vainilla.
-Sam ¿estás bien? –le preguntó el castaño.
-Ya sabes Artie, la situación de Quinn me tiene al límite. –dijo Sam –estoy harto de su actitud, pero sé que algo sucede ¿entiendes? Me siento presionado, no sé que le pasa, sé que tengo que ayudarla, pero es como estar ciego y de manos atadas... -musitó el rubio mientras tomaba un sorbo de batido. –y tampoco terminaré con ella, ya sabes.
-No tengo idea que puede sucederle, la conoces más que yo. –dijo Artie dando un suspiro.
-Es algo en su familia, estoy seguro. ¿Qué mas puede ser? –preguntó Sam. Se rascó la cabeza, estaba desesperado.
-Tienes que averiguarlo sea como sea Sam. Es el único consejo útil que puedo darte.
-Mhm... lo intentaré, o sea, seguiré en eso. ¿Va la fiesta de Puck esta noche? –preguntó el muchacho.
-Claro, a las nueve. –dijo el muchacho de ojos color esmeralda.
-Está bien, iré con Quinn, te veo allá.
La tarde se pasó volando. Quinn había aceptado ir con Sam, todo por escapar de su vida. Aunque ya sabía que la tortura podría terminar rápidamente, todo terminaría, para mejor y para peor. ¿Qué otra cosa podía hacer? Nada, solo podía escapar, huir como una maldita cobarde. Toda su valentía había quedado hecha polvo, se había escapado tan fácilmente como su vida se escapaba ahora.
Se maquilló ante el espejo, tapando las marcas de algunos golpes que tenía en el rostro. Tuvo que maquillarse los rasguños de sus brazos, no quería preocupar a Sam, no quería que su sufrimiento fuese compartido con él. Esta era su última oportunidad de amarlo como se merecía, y no iba a desperdiciarla.
Terminó de arreglarse, y miró por la ventana de su habitación. ¿Por qué tenía que ahora pasarle eso a ella? Se sentía tan mal, su dignidad no existía, tampoco existía lo que llamaba valentía, ni siquiera tenía la capacidad de refugiarse o pedir ayuda. Estaba asustada, no quería que nada le pasara a Sam. Y como le habían dicho, ella era débil, y era egoísta. Así que ni siquiera se le pasó por la mente pedirle ayuda a Sam. No quería angustiarlo más, aunque inconscientemente claro, ya lo estaba haciendo.
Unas manos atraparon su cintura. Se sobresaltó y cerró los ojos, pero la grave voz de Sam la hizo relajarse. Suavemente le besó el cuello, ella sonrió con melancolía. Se volteó y se encontró con aquellos ojos verdes que la hacían volar a las nubes y jamás bajar desde allí. Sus labios se toparon suavemente. Y ella lo único que atinó a hacer fue a lanzarse a sus brazos, sin querer dejarlo ir. Jamás.
-Te amo Sam –le dijo suavemente al oído. Sam sonrió al oír su melodiosa voz diciéndole esas palabras que tanto gustaba de oír.
-Yo también te amo princesa –le dijo dándole un sonoro beso en la mejilla. -¿estás lista?
-Sí, tomaré mi bolso y vamos. –dijo ella besándole la mejilla también. El caminó hasta el umbral de la puerta, mientras ella sin que el se percatara, metió dos sobres en su bolso, y lo cerró. Se acercó a él. –vamos.
Sam le tomó la mano y salieron de la casa. Manejó hasta el apartamento de Puck, donde tendrían una fiesta con amigos cercanos. Quinn estaba ida, más que nunca. Pero no podía decirle que no a Sam, al fin y al cabo, quizás sería la última vez que compartiera con él. Cerró los ojos, la garganta le ardía. Tenía unas terribles ganas de llorar, de lanzarse sobre Sam, decirle que la rescatara, la salvara. Pero no, el amor que sentía por él le impedía hacerlo, quizás el la odiara después de todo, quizás él no podría ayudarla, o simplemente lo haría pasar un mal rato. Además, estaba en peligro. Su integridad estaba en peligro si ella le pedía ayuda. Pero ya no había marcha atrás, estaba todo listo para escapar de la tortura en que su vida se había transformado.
-Llegamos princesa –le dijo él con una enorme sonrisa.
Subieron al ascensor, al piso 4. Tocaron la puerta, y abrió un Puck sonriente y alegre.
-¡Chicos! Solo faltaban ustedes –dijo haciéndolos pasar. Sam la dejó entrar primero, y le rodeó la cintura con sus manos. Caminaron con cierta dificultad ante el abrazo, pero ambos sonreían. Claramente Quinn quería disfrutar esto, lo último que le quedaba.
-¡chocolate white! –la voz aguda de Finn los hizo voltear. El se acercó con un trago en la mano, abrazó fuertemente a Sam y besó la mejilla de Quinn. -¡tómense uno de estos! –indicó su vaso –están geniales.
Quinn miró a su alrededor y vio caras conocidas, amigos y amigas de los chicos, sus novias y ellos. Había música, comida y alcohol. No sabía si quería emborracharse y olvidar todo, o recordar la última noche que pasaría con Sam. El la arrastró hasta la barra y pidió dos tragos, uno para cada uno. Suspiró y tomó, mientras Finn y Rachel, conversaban animadamente con Sam.
-Amiga, ¡Vamos! Tienes que disfrutar esto... solo tienes dieciocho, debes subir el ánimo –Rachel tomó asiento a su lado, mientras la miraba con cariño.
-Lo sé, lo intentaré –musitó ella.
-No hagas que Sam se decepcione de haberte confesado todo, conquístalo cada día, amalo, el te ama con su vida y lo menos que quiere es perderte. –Rachel le dio una sonrisa –anda, ve a bailar con él. (Reproduzcan la cancion ñ,ñ)
Ella sonrió y le susurró en el oído a Sam que bailaran. Mas allá, habían muchos que ya estaban alegres bailando. Santana y Puck estaban disfrutando bastante la fiesta, mientras reían con amigos, bailaban y se besaban. Artie y Brittany también estaban besándose, al parecer nadie perdía el tiempo. Ryder y Kitty bailaban con una enorme sonrisa en el rostro. Por un momento, Quinn los envidió, esa felicidad y alegría que desprendían. Como deseaba retroceder el tiempo y volver a ser la misma de siempre, pero no, ahora ya no podía.
El ritmo de la música, el alcohol y la adrenalina de la noche que estaba en su mejor momento los dejaba llevarse, Sam y Quinn, un poco borrachos, bailaban tan cerca como podían, se besaban de forma apasionada, como si no hubiese nadie más allí.
Under the lights tonight, turn around, and you stole my heart
Just one look, when I saw you face, I fell in love
Take a minute girl, to steal my heart tonight.
Sus bocas se movían de forma casi salvaje, como si no tuviesen suficiente del otro. Las manos de Sam estaban en la parte baja de su espalda, apegándola a su cuerpo, sintiendo cada curva sobre él.
La noche pasaba, y estaban pasándola genial. Sam estaba algo borracho, pero era consciente de todo. Eran pasadas las cinco de la madrugada, Puck y Santana se metieron a la habitación de Puck, mientras los otros se repartían las habitaciones.
-Quiero ir a casa –susurró Quinn
-¿A mi casa? –preguntó Sam. Ella asintió, rodeándolo con sus brazos –llamaré un taxi.
Se despidieron, pero antes, Quinn se acercó a Rachel.
-Necesito que leas esto, mañana, no hoy. Promételo –dijo. Rachel la miró frunciendo el ceño. No tenía idea de que planeaba, y eso le preocupaba, pero era su amiga, la confianza era algo esencial para ella.
-Lo haré. –prometió. Se abrazaron con fuerza, y ella se despidió de Finn. Subieron al taxi, dio las indicaciones y apoyó la cabeza en el pecho de Sam.
-Te amo hermosa –dijo él en su oído. Su voz sonó casi como un ronroneo, sensual y grave. Ella sintió un escalofrío recorrer su espalda. La mano de Sam estaba sobre su muslo, donde trazaba círculos irregulares. Buscó su boca, y rápidamente la encontró. Se besaron lentamente, para disfrutar cada centímetro de los labios del otro.
Apenas llegaron, entraron en silencio. Sam estaba borracho, por lo que ella lo ayudó a subir. Se quitó la chaqueta, y ayudó a Sam a quitarse la ropa. Pero él no tenía plan alguno de dormir. Él rápidamente comenzó a tocarla, y buscó sus labios. Ella no se resistió, al fin y al cabo, tenía que disfrutar quizás su última noche juntos. Se besaron lentamente, pero a la vez con desesperación. Sam se puso sobre ella, sin hacerle peso. Ella lo atrajo más a él, rodeándole el cuello con sus brazos. Sus manos pasaron bajo la camisa , deslizando suavemente sus dedos por su piel, haciéndolo soltar un suspiro sobre sus labios. La boca del muchacho sabía fuertemente a alcohol, pero no le molestó a ella en lo absoluto. Sus labios estaban fríos, porque hacía un poco de frío. Pero ella siguió besándolo casi con violencia. Sam se quitó la camisa rápidamente, y ayudó a Quinn a hacer lo mismo. Sus besos decendieron al cuello de la muchacha, ella tembló ante el contacto de sus labios fríos contra su piel, gimió suavemente, mientras el besaba su piel y sus manos recorrían su espalda, provocándole escalofríos en todo el cuerpo. Buscó el broche de su ropa interior, y sin mucho esfuerzo lo encontró. Quinn se movió, quedando ahora sobre él, y se terminó de quitar la prenda. Sam sintió el calor correr por su cuerpo cuando ella se sentó sobre él, y dejó caer su cabello sobre su pecho desnudo. Fue la imagen más sensual que había visto en su vida. Ella se inclinó nuevamente para besarlo, llevando sus manos al cinturón del pantalón de Sam. Jugó con él, mientras sus bocas seguían jugando, sin querer detenerse. Poco a poco le bajó el pantalón, mientras mordía su labio inferior, Sam cerró los ojos y se detuvo un segundo a disfrutar lo que ella le hacía sentir. La borrachera aún así le permitía sentir todo esto, y sabría que le permitiría recordarlo.
-Te amo –le susurró ella sensualmente en el oído, aplastando su pecho, contra el de él, cosa que lo llevaba al límite.
-Dios mío, te amo tanto –dijo él también en el oído de ella, su voz sonó extremadamente ronca. Sintió su piel erizarse ante el contacto del aliento de su novio contra su piel.
Ella se quitó de sobre él, solo para quitarse la ropa, ante la casi hambrienta mirada de su novio. Ya sin ninguna prenda encima, ayudo a Sam a hacer lo mismo.
Sus bocas se encontraron en el momento en que se hicieron uno otra vez. Por un momento, Quinn olvidó todo el sufrimiento, olvidó el dolor, solo dejó a su cuerpo sentir la tonelada de sensaciones que le hacía sentir su novio. No solo el placer, si no también la forma en que su piel quemaba cuando el la tocaba, o el amor que desprendían sus ojos verdes cuando se miraban. Cerró los ojos ante otro movimiento del rubio, y sus varoniles manos recorriendo la piel de sus piernas, atrayéndola más contra su cuerpo, haciéndola temblar. Otro gemido, y un beso. Sus bocas parecían romperse al ritmo que se movían. Sus lenguas no daban tregua, y sus cuerpos se movían al compás. Y sí, sus dedos otra vez le quemaban la piel, mientras se deslizaban por su espalda. Susurró su nombre, él cerró los ojos, con sus bocas aún unidas, mientras los consumía la mejor sensación del mundo. Sin moverse, sin hablar, disfrutando los largos segundos de placer. Hasta que ambos respiraron otra vez al mismo tiempo. Sam lentamente abrió los ojos, y la miró con tanto amor, que dolía. Quinn volvió abruptamente a la realidad, y no pudo evitarlo. Se abrazó contra él, apoyando su cabeza en su pecho, y sus lágrimas cayeron, mojando sus mejillas y la piel de Sam.
-¿Mi amor estás llorando? –preguntó Sam. Ella no dijo nada, solo se escuchaban sus sollozos. -Quinn diablos, dime que te pasa –susurró Sam algo más preocupado. Ella no hablaba, solo lloraba, mientras abrazaba con fuerza a Sam . Él le acariciaba el cabello, sin saber que hacer. Ella no cedía, no hablaba, le parecía mejor dejarla desahogarse, y luego hablar. Decidió cantar una canción, mientras sus dedos se deslizaban por la piel de su espalda.
Lyin' here with you so close to me It's hard to fight these feelings when it feels so hard to breathe I'm caught up in this moment, caught up in your smile I've never opened up to anyone So hard to hold back when I'm holding you in my arms We don't need to rush this, let's just take it slow Do you hear me, I'm talking to you Across the water across the deep blue ocean Under the open sky, oh my, baby I'm trying Boy I hear you in my dreams I feel your whisper across the sea I keep you with me in my heart You make it easier when life gets hard
I'm lucky I'm in love with my best friend Lucky to have been where I have been Lucky to be coming home again Ooohh ooooh oooh oooh ooh ooh ooh ooh .
Ella tenía sus ojos totalmente cerrados. Sam la conocía como a la palma de su mano, sabía que amaba a Jason Mraz, que muchas veces cuando estaba triste, era lo que más escuchaba y lograba calmarla. Y sobre todo sabía que alguna vez le había dicho que esa canción le recordaba a él, que era practicamente su historia, ya que ella se sentia afortunada de tenerlo y de haberse enamorado de su mejor amigo.
Él ya no oía su llanto. Se acomodó un poco, y ella se sentó junto a él. Se miraron a los ojos. Los de ella estaban hinchados.
-Princesa... -susurró el mientras su mano iba a la sonrojada mejilla de Quinn -¿qué está pasando contigo? –preguntó, casi esperando no obtener respuesta. Ella miró sus manos, sin decir nada -Quinn, estoy aquí... solo dímelo ¿sí? Yo puedo ayudarte... para eso estoy, estamos juntos en todo, si algo te sucede, si necesitas ayuda, solo dímelo. Soy capaz de dar mi vida por ti. –dijo él en voz baja, mientras sus dedos recorrían la piel de Quinn, desde su frente, hasta su mentón. Ella mantenía los ojos cerrados. –confía en mí... dime ¿qué te está afectando? ¿alguien te está haciendo daño Quinn? –ella no levantó la mirada, solo volvió a abrazar a Sam, no quería soltarlo, no quería dejarlo ir, no quería irse. Quería mantener ese momento para siempre.
-Te amo Evans... siempre lo he hecho, no sé como pude estar tan ciega, todo lo que siempre quise estaba aquí, estaba conmigo... no entiendo porque tardé tanto en darme cuenta, en saber que inconscientemente te amaba Sam. Nunca lo olvides. –pidió ella mientras levantaba la cabeza para besarlo. Sam respondió su beso. La borrachera había disminuido notoriamente. El miró la hora, eran las seis y media de la mañana.
-Nunca lo olvidaré. Descansa amor, mañana hablaremos bien –dijo él. Tomó la manta y los tapó a ambos. –buenas noches, te amo muchísimo.
-Te amo –dijo ella sonriendo con melancolía. Se besaron otra vez, lentamente, aunque Sam sintió una extraña sensación, como si algo fuese a suceder. Y lo peor de todo, es que su intuición no fallaba.
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Jdsfslkjfsldkjflkdsjflksdjfsldkjf estoy llorando, que se note que escuche Lucky y me inspiro a escribir estos capitulos
