Christopher Wells nunca pensó que April Jones quien es su mejor amiga, se volvería algo más para él. Luego de su "incidente" su amistad ya no volverá ser igual ¿o sí?
Melanie Wells nunca pensó que aquel chico quien ha sido su compañero de clases po...
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Melanie Wells.
Luego de ducharme, me coloqué una toalla femenina antes de subir mis bragas y acomodar mis jeans negros. Ajusté mi blusa blanca de tirantes cruzados y, frente al espejo, cepillé mi cabello con movimientos lentos, intentando ordenar también mis pensamientos.
Tomé mi mochila y salí de la habitación, cerrando con suavidad detrás de mí. Al bajar las escaleras, me encontré con Loris, que me dedicó una sonrisa cálida.
—Buenos días, Melanie.
—Buenos días —respondí, devolviéndole el gesto.
Dejé la mochila sobre una de las sillas del comedor justo cuando mi madre apareció desde la cocina con un plato de galletas con chispas de chocolate. Lo dejó en la mesa y, antes de sentarse, se inclinó para darme un beso breve en la mejilla.
—Dormiste bien —murmuró.
Asentí apenas, observando cómo tomaba asiento frente a mí. Aproveché el momento.
—¿Pudieron hablar con Christopher? —pregunté, mientras ella servía café en mi taza—. No responde mis mensajes desde hace horas ese idiota... y eso no es normal.
Mi madre alzó la mirada, firme pero sin dureza.
—Melanie, cuida la forma en que te refieres a tu hermano —me corrigió con calma—. Tu padre estuvo con él hasta tarde anoche.
Bajé la vista hacia mi taza, apretando ligeramente los labios. Sabía que algo pasaba. Y también sabía que ellos lo sabían.
El sonido de pasos me hizo levantar la cabeza. Sentí el beso de mi padre en la mejilla antes de verlo ocupar su lugar de siempre. Luego se inclinó hacia mi madre y le dio un beso breve en los labios, casi como un gesto automático, lleno de costumbre y cariño.
—Buenos días, princesa —dijo, sirviéndose café.
—Buenos días, papá.
Tomé una tostada con mermelada de frambuesa, pero apenas le di un pequeño mordisco. La tensión en el ambiente era demasiado evidente.
Mi padre intercambió una mirada con mi madre, una de esas que dicen mucho sin necesidad de palabras.
—Creo que ya es momento de contárselo —dijo finalmente.
Mi corazón dio un pequeño vuelco.
¿Contarme qué?
Una idea cruzó mi mente de golpe, casi automática.
—¿Mamá... estás embarazada? —solté, sin pensar demasiado.
Mi madre dejó escapar una risa suave, negando con la cabeza mientras buscaba la mano de mi padre sobre la mesa.
—No, cariño.
Observé sus manos entrelazadas, sus argollas brillando bajo la luz de la mañana, y fruncí levemente el ceño.