Christopher Wells nunca pensó que April Jones quien es su mejor amiga, se volvería algo más para él. Luego de su "incidente" su amistad ya no volverá ser igual ¿o sí?
Melanie Wells nunca pensó que aquel chico quien ha sido su compañero de clases po...
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Melanie Wells.
La madre de Rebeca, quien además era la mejor amiga de mi madre, había inaugurado hacía apenas unas semanas su nueva boutique de vestidos de novia: Rebeca Novias. Era la tercera tienda que abría en toda California y, como era de esperarse, ya todos hablaban de ella. No existía mujer en la ciudad que no conociera el nombre de Madison Fords, la diseñadora más reconocida y admirada del estado.
La boutique parecía sacada de una revista. Las enormes lámparas de cristal iluminaban cada rincón con una luz cálida y elegante; los vestidos colgaban cuidadosamente alrededor del salón como si fueran pequeñas obras de arte. Encajes, tul, perlas y seda decoraban el lugar junto al suave aroma a vainilla que impregnaba el aire.
Y allí estábamos nosotras.
Mi madre, la abuela de April y yo esperábamos sentadas frente a los probadores mientras April se cambiaba por tercera vez. Yo tenía a mi sobrina dormida entre mis brazos, envuelta en una pequeña manta rosa, completamente ajena al nerviosismo que llenaba el ambiente.
—¿Has comprado ya los regalos para todos? —preguntó la abuela de April mientras observaba un vestido lleno de pedrería—. Porque a mí aún me falta comprar varios.
—Pensaba ir mañana con mi esposo aprovechando que pidió el día libre —respondió mi madre soltando un pequeño suspiro cansado—. Con todos los preparativos apenas hemos tenido tiempo de nada. Aunque sigo sin entender por qué mi hijo y April decidieron adelantar la boda.
Yo tampoco lo entendía.
La boda estaba planeada para enero, después de que mi hermano terminara la universidad. Todo parecía perfectamente organizado... hasta que ambos anunciaron que querían casarse mucho antes.
—Yo tampoco lo entiendo —murmuró la señora Margaret con una sonrisa suave—, pero supongo que cuando dos personas están tan enamoradas, simplemente no quieren seguir esperando.
Mi madre soltó una pequeña risa y ambas quedaron en silencio.
Entonces la cortina del probador se abrió.
Y el mundo pareció detenerse por un instante.
April salió acompañada de la tía Madison, quien llevaba una sonrisa orgullosa en el rostro. Pero apenas mis ojos se posaron en ella, sentí que el aire abandonaba mis pulmones.
Se veía... preciosa.
No, preciosa no era suficiente.
Parecía sacada de un cuento.
El vestido marfil abrazaba delicadamente su figura; el corsé ajustado resaltaba su cintura y el escote bajo le daba una elegancia imposible de ignorar. Las mangas caían suavemente sobre sus hombros desnudos y la enorme falda de tul descendía en capas delicadas hasta formar una larga cola de capilla que se extendía detrás de ella como una nube.