Christopher Wells nunca pensó que April Jones quien es su mejor amiga, se volvería algo más para él. Luego de su "incidente" su amistad ya no volverá ser igual ¿o sí?
Melanie Wells nunca pensó que aquel chico quien ha sido su compañero de clases po...
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April Jones.
Sebastián apenas alcanzó a cruzar mirada con mi tío cuando se puso de pie de inmediato. Sus ojos volvieron a mí por un segundo, y en ese silencio entendió todo: debía dejarnos solas. Tomó sus cosas con rapidez, se acercó y besó mi mejilla con suavidad antes de marcharse sin decir nada.
La puerta se cerró a su espalda y el silencio que quedó fue denso, incómodo.
Mi tío seguía de pie bajo el marco de la entrada, inmóvil, como si el tiempo se hubiera detenido solo para él. A sus pies, la bolsa que traía yacía desparramada en el suelo.
Solté un suspiro tembloroso y me acerqué.
—Déjame ayudarte... —murmuré, agachándome para recoger sus cosas.
Él no se movió de inmediato. Cuando por fin reaccionó, su voz salió quebrada, casi irreconocible.
—¿E-en serio estás embarazada... azulito?
Ese apodo...
Lo había usado desde que yo era pequeña. Decía que mis ojos azules escondían una fuerza que ni yo misma entendía. Escucharlo ahora, en ese tono, hizo que algo dentro de mí se encogiera.
Tragué saliva.
—Sí... —admití en voz baja.
Dejé la bolsa sobre la mesa y regresé al sofá. Él me siguió, aún aturdido, y se sentó frente a mí, inclinándose ligeramente hacia adelante, como si necesitara acortar la distancia para creerlo.
—¿Por qué no nos dijiste? —preguntó, todavía procesando—. ¿Mi hermano lo sabe?
Asentí despacio.
—Fue el primero en saberlo.
Mi tío pasó una mano por su rostro, exhalando con fuerza. En ese gesto vi a mi padre. Siempre habían sido iguales: la forma de fruncir el ceño, la postura rígida cuando algo los superaba... incluso ese aire protector que a veces pesaba demasiado.
—Estaba esperando el momento adecuado para decirlo... —expliqué, bajando la mirada—. Ni siquiera yo termino de asimilarlo.
El silencio se estiró unos segundos.
—No es algo de lo que me sienta orgullosa...
Él frunció el ceño.
—¿Estás diciéndome que ese bebé no fue planeado, azulito?
Negué en un susurro.
—No...
Mi tío cerró los ojos un instante, como preparándose para lo peor.
—April Jones... —dijo, tensando la mandíbula—. No me digas que tuviste una de esas noches impulsivas con tu novio.