Capítulo 43.

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Christopher Wells

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Christopher Wells.

Me toma varios segundos abrir los ojos.

Y sinceramente no quería hacerlo.

El cansancio pesaba sobre mi cuerpo como una piedra, consecuencia de otra noche arrastrada por las pesadillas. Los recuerdos seguían persiguiéndome incluso dormido; imágenes borrosas de mi primer perro, su ausencia, la culpa y esa sensación de pérdida que todavía se aferraba a mi pecho.

Solté un suspiro cansado antes de girarme boca abajo sobre la cama.

Por costumbre, estiré el brazo buscando a April a mi lado, queriendo sentir aunque fuera el roce de su piel para convencerme de que todo estaba bien.

Pero mi mano solo encontró las sábanas frías y arrugadas.

Eso bastó para despertarme por completo.

Fruncí apenas el ceño mientras me apoyaba sobre los codos buscando con la mirada por toda la habitación.

—¿April? —murmuré aún con la voz ronca por el sueño.

No hubo respuesta inmediata.

Me senté lentamente en la cama y froté mis ojos intentando despejarme. La noche anterior habíamos pasado horas empacando algunas de las cosas de su habitación para llevarlas a mi apartamento. Todavía no teníamos una fecha fija para la boda, aunque ambos sabíamos que probablemente sería después del nacimiento de nuestra hija.

Escuché la puerta abrirse suavemente.

—Buenos días, Chris.

Levanté la mirada encontrándome con April entrando a la habitación con una bandeja entre las manos. El olor a café recién hecho llenó el ambiente.

Sonreía.

Pero algo no estaba bien.

Había tristeza en sus ojos.

Una tristeza silenciosa.

Y entonces lo noté.

Sus párpados ligeramente hinchados.

¿Había llorado?

—Eso creo —respondí cuando preguntó si había dormido mejor.

Ella dejó la bandeja sobre el velador antes de acercarse a la cama.

—¿Has llorado? —pregunté de inmediato.

April dudó apenas un segundo antes de sentarse a mi lado. Le hice espacio automáticamente y ella acomodó una pierna bajo su cuerpo mientras me observaba con una ternura que terminó partiéndome el alma.

—¿Qué sucede, mi amor?

April levantó lentamente una mano hasta mi mejilla acariciándome con la yema de los dedos.

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