Christopher Wells nunca pensó que April Jones quien es su mejor amiga, se volvería algo más para él. Luego de su "incidente" su amistad ya no volverá ser igual ¿o sí?
Melanie Wells nunca pensó que aquel chico quien ha sido su compañero de clases po...
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April Jones.
Me encontraba recostada sobre el sofá largo de la sala de mi casa con las piernas estiradas y un paquete de cheetos apoyado sobre mi vientre, mientras repasaba por décima vez los diálogos de la última obra en la que participaría antes del nacimiento de mi hija.
Todavía me costaba creerlo.
Última obra.
Últimos meses de embarazo.
Últimas semanas antes de convertirme oficialmente en madre.
Y honestamente... estaba aterrada.
Christopher y mi padre habían salido hacía casi una hora para comprar la cuna de nuestra bebé. Desde que supieron que sería niña, ambas familias parecían haber perdido completamente la cordura. Mi padre ya había comprado ropa suficiente para vestir a cinco bebés distintos y Christopher llevaba días discutiendo colores, mantas y juguetes como si fuera el proyecto más importante de su vida.
Y probablemente lo era.
Sonrío apenas ante el pensamiento hasta que un pequeño movimiento dentro de mi vientre me obliga a detener el cheeto justo antes de llevarlo a mi boca.
Abro los ojos.
Otra patadita.
Automáticamente dejo el libreto a un lado y me incorporo un poco en el sofá acomodando mis pies descalzos sobre la alfombra.
—¿No quieres que mami coma más cheetos, mi vida? —pregunto acariciando mi vientre.
Recibo otro pequeño golpecito.
Y no puedo evitar reírme.
—Ok, ok... entendí el mensaje. —Niego divertida con la cabeza—. Papá se molestará si me descubre otra vez comiendo esto, ¿verdad?
Mi bebé vuelve a moverse apenas.
—Qué traidora eres...
Suelto una pequeña carcajada antes de ponerme de pie con cierta dificultad y caminar hacia la cocina para tirar el paquete a la basura.
Pero justo cuando estaba por regresar al sofá...
Oí que tocan la puerta.
Frunzo ligeramente el ceño.
Camino hacia la puerta y miro por el pequeño orificio.
Y mi corazón se detiene un segundo.
—¿Jared?
Abro rápidamente la puerta.
Y apenas lo veo de cerca, el horror me golpea de lleno.
—¡¿Qué demonios te pasó?!
Jared tenía el cabello completamente revuelto, el labio partido y un hilo de sangre descendiendo lentamente desde su nariz. Su camiseta estaba rasgada a la altura del pecho y tenía los nudillos rojos.