Capítulo 35.

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Melanie Wells

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Melanie Wells.

Lo primero que hago al despertar es tomar mi mochila y sacar la ropa de cambio. Sin pensarlo demasiado, me encierro en el baño y dejo que el agua caiga sobre mi piel, llevándose el sueño... y un poco de los nervios que no sabía que tenía.

Quince minutos después estoy lista.

Cuando regreso a la habitación, seco mi cabello con la toalla mientras observo el espacio a mi alrededor. Aún me cuesta creerlo.

He pasado la noche en casa de James.

La primera.

Y lo más sorprendente... es que me lo permitieron.

Mi padre ya sabe lo nuestro. Se lo dije aquel día en casa de mi abuela, aunque, siendo honesta, su reacción no fue la que esperaba. No hubo interrogatorio, ni mirada intimidante... solo una calma que me dejó más desconcertada que cualquier otra cosa.

<<Al menos ya no tienes que esconderte.>>

Termino de arreglarme, tomo mi mochila y salgo de la habitación. Al pasar frente al cuarto de la señora Edith, noto la puerta entreabierta. Me asomo por inercia.

Vacío.

Las cortinas abiertas dejan entrar la luz del sol, iluminando todo con una calidez tranquila, casi silenciosa.

Bajo las escaleras y un aroma delicioso me recibe antes de que pueda decir nada.

Huevo revuelto.

Sonrío sin darme cuenta.

—¿James? —llamo, dejando la mochila sobre la mesa.

—En la cocina —responde.

Sigo su voz y lo encuentro ahí, de espaldas, concentrado en lo que hace. Hay algo... doméstico en la escena. Algo simple. Y aun así, me gusta más de lo que debería.

—Buenos días —murmuro, apoyándome en el marco de la puerta.

Él gira apenas el rostro, dedicándome una mirada breve.

—Buenos días.

No es especialmente efusivo, pero en él... eso ya dice mucho.

—¿Y tu abuela? —pregunto, acercándome.

—Fue al cementerio —responde, colocando unas tostadas en un plato.

Asiento en silencio, tomando la jarra de café y la cafetera.

—Déjame ayudarte.

Sirvo una taza para él con cuidado, y luego, tras dudar un segundo, me sirvo un poco también.

No soy fan del café.

Pero hoy... hago una excepción.

Dejo todo en la mesa y me siento frente a él, tomando una tostada.

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