Capítulo 6.

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April Jones

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April Jones.

Minutos antes.

Desde que regresé de la universidad no he salido de mi habitación. Las paredes se han convertido en mi refugio y en mi cárcel al mismo tiempo. Mi padre ha intentado hablar conmigo más de una vez; escucho sus pasos detenerse frente a mi puerta, su suspiro contenido, el leve roce de sus nudillos antes de decidir si tocar o no. Entiendo su preocupación... pero no encuentro el valor para decirle lo que pasó entre Christopher y yo.

¿Se enfadaría con él?

¿Se enfadaría conmigo?

Cierro los ojos y las palabras vuelven como un eco que me quema las mejillas.

"Quiero hacerlo contigo..."

"Puedo probarte que soy buena..."

"Necesito saber si soy lo suficientemente buena..."

Me cubro el rostro con las manos, avergonzada. ¿Cómo pude decir eso? ¿Cómo pude dejar que todo se saliera de control?

La puerta se abre sin previo aviso.

—Mi propia hija está evitándome desde hace días —dice mi padre desde el umbral.

Alzo la vista. Tiene el ceño fruncido, pero no es enojo lo que veo primero... es miedo.

Ay, no.

—Quiero saber qué le sucede a mi princesa.

Muerdo el interior de mi mejilla para no temblar. Mi padre y yo siempre hemos sido inseparables. Él no solo es mi padre; es mi confidente, mi aliado, mi lugar seguro. Siempre me ha hablado con honestidad brutal sobre la vida, sobre el amor, sobre los errores. Yo también he sido honesta con él.

Hasta ahora.

—Papá... no quiero hablar de eso —susurro, apoyándome contra el armario como si necesitara sostenerme.

—¿Desde cuándo tenemos secretos tú y yo? —pregunta, entrando por completo a la habitación—. Si es por ese chiquillo Daniel, déjame...

—No es por Daniel —lo interrumpo, sintiendo cómo el corazón me golpea el pecho—. Es... es por Christopher.

Su expresión cambia. Parpadea, confundido.

—¿Qué sucedió con Christopher?

El nombre flota en el aire, pesado. El hijo de su mejor amigo. Su ahijado. El chico que prácticamente creció en esta casa.

—Prométeme que no vas a enfadarte —le pido, con la voz quebrada—. Es algo delicado para mí.

Se cruza de brazos, intentando mantener la calma.

—Te escucho, hija.

Trago saliva.

—El día de la fiesta... vi a Daniel con otra chica. Me molesté mucho. Christopher estaba ahí. Bebí más de la cuenta y... —mis labios tiemblan—. Iré al grano. Christopher y yo tuvimos sexo.

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