Christopher Wells nunca pensó que April Jones quien es su mejor amiga, se volvería algo más para él. Luego de su "incidente" su amistad ya no volverá ser igual ¿o sí?
Melanie Wells nunca pensó que aquel chico quien ha sido su compañero de clases po...
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Dedicada a @Giulanacb
Christopher Wells.
Me encuentro en la habitación de April, sentado en el borde de la cama, con los codos apoyados en las rodillas y la paciencia colgando de un hilo. Es la tercera vez en el día que vomita y su humor... bueno, su humor está listo para incendiar cualquier cosa que se le acerque.
No fue a la universidad. Dice que es por cómo se siente, pero sé que hay algo más. Su obra. Siempre vuelve a eso.
<<Está así por su obra...>>
El sonido del agua se corta. Minutos después, la puerta del baño se abre y April aparece. Lleva el cabello recogido en un moño desordenado, algunas hebras pegadas a su rostro pálido, ojeras marcadas... y aun así, maldita sea, sigue viéndose demasiado.
Demasiado para lo que debería.
Rodea la cama sin mirarme y se deja caer, abrazando esa ridícula almohada de jirafa que le regalé hace años. Como si fuera un escudo.
—Ey... —murmuro, acercándome un poco más.
Intento tomar su mano.
La aparta.
Ni siquiera me mira.
Aprieto la mandíbula.
—¿Ahora qué hice?
No responde. Solo se acomoda mejor contra la almohada, dándome parcialmente la espalda.
Y entonces lo recuerdo.
Lucy. La foto. Las malditas redes.
Exhalo por la nariz, intentando no perder la calma.
Me levanto sin decir nada y voy por mi mochila. Si no quiere hablar, bien. Pero no vine con las manos vacías.
—Tengo algo para ti.
Dejo la caja sobre sus piernas. April baja la mirada, confundida, y luego a mí.
—¿Y esto?
—Ábrelo.
Silencio.
Rompe el papel con menos entusiasmo del que esperaba y abre la caja. Sus dedos se detienen un segundo cuando ve el contenido: unos pequeños zapatos de bebé.
Demasiado pequeños.
Demasiado reales.
La observo, esperando... cualquier cosa. Una sonrisa, una emoción, aunque sea un suspiro.
Nada.
Aparta la jirafa, guarda los zapatitos otra vez y deja la caja en la mesa de noche como si fuera... cualquier cosa.
Algo en mi pecho se tensa.
—¿Quién te hace creer que va a ser niño? —pregunta al fin, sin mirarme—. Pareces bastante seguro.