Capítulo 39: El final de aquellos días.

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MARINETTE

Pasaron días antes de saber en dónde se encontraba Adrien luego de que yo despertara. Después de la guerra mis padres habían mandado incinerar el cuerpo de la madre de Adrien pero él y su padre continuaban sin aparecer.

Estaba asustada, llena de pavor imaginando lo peor.

Hasta que una semana después recibimos un mensaje por parte del maestro Fu indicando que ambos se encontraban en un hospital en el exterior de la ciudad. Inmediatamente salí de mi casa y corrí desesperadamente sin pensar en algún plan para llegar pues el transporte seguía siendo algo difícil de encontrar luego de que la ciudad terminase en caos. Ni siquiera sabía el nombre del hospital, no tuve la paciencia de esperar a escucharlo.

La ciudad tenía una pinta horrible y mis ganas de llorar volvían una y otra vez, los escombros de edificios caídos aún eran explorados en busca de sobrevivientes ante la masacre. Era imposible, las víctimas eran bastantes y jamás serían completamente contadas. Familias enteras habían desaparecido sin dejar rastro.

Tropecé una y otra vez con los diversos hundimientos y cráteres que se cruzaban en mi camino. Él debía estar vivo ¿no?

Mi mente tenía algunas lagunas mentales y por supuesto no podía recordar todo lo que había pasado en la batalla, no sabía si habíamos derrotado a Set o lo que ocurrió con Gabriel, el padre de Adrien. En un descuido un automóvil casi me golpea.

No importaba, solo quería llegar al lugar, ya tendría tiempo para buscar de hospital en hospital. El mismo automóvil tocó el claxon a mis espaldas e indignada, giré esperando algún reclamo.

Se trataba del maestro Fu.

–Es muy peligroso andar de manera apresurada y sin rumbo alguno, señorita Cheng– el pequeño hombre usaba su vestimenta típica de todos los días aunque realmente tenía bastante tiempo que no le veía de esa manera luego de que la mayoría de personas comenzara a usar capas gruesas y vestimentas oscuras. Sus ojos brillaban en gesto travieso como si la situación resultase divertida y finalmente se digno en hablar –Puedo llevarte, al fin y al cabo debo de hablar con ustedes dos– tardé bastante tiempo asimilando la sugerencia, como si de repente sintiera pavor de confiar en cualquiera. Sin embargo subí a la parte trasera del vehículo y el maestro empezó a conducir sin retraso (si llamas normal el transitar por una ciudad destruida).

Luego de algunos minutos el automóvil paró frente a un edificio blanco y pequeño, su nombre plasmado en un cartel había sido borrado al paso del tiempo y ahora solo se podía leer las palabras "Hospital.... Cy", se notaba deteriorado y poco fiable pero comparando con los demás en la zona supongo que aquel resultaba ser una joya en aquel momento. Fu caminó junto a mi y llegamos a la zona de recepción en donde una mujer regordeta se encontraba sentada mientras veía programas de citas. A estas alturas yo me preguntaba cómo podían transmitir tales cosas cuando nos encontrábamos en crisis, seguramente se trataba de un programa externo a la capital.

–Nancy– llamó el maestro y la mujer giró de inmediato sonriendo con falsedad.

–Habitación seis, piso dos– dijo la mujer sin preguntar y se enfocó nuevamente en su programa.

–Gracias– alcance a decir mientras Fu caminaba delante de mi hasta llegar a unas escaleras y empezar a subir.

–Escucha– en su mano derecha cargaba un pequeño bastón que algunas veces le ayudaba a caminar pues era algo difícil para él aunque no lo viese bastante viejo para ello, debajo de sus ojos una terribles ojeras relucian a la luz blanca del lugar y la misma le hacía ver de aspecto espectral, por un momento me pregunté cómo lucía yo en esos momentos pues no me había tomado la molestia de verme frente a un espejo desde hace un buen rato
–Adrien y su padre se encuentran aquí – mordí mi lengua de manera inconsciente al escuchar dicha frase
–Pero me temo que Gabriel se encuentra en un estado fatídico – explicó –Ambos fueron encontrados en un viejo edificio, Adrien portaba las heridas de la batalla mientras que su padre tenía una herida profunda de daga cerca de su corazón – exhale aire con fuerza intentando asimilar les cosas pero las ideas no cabían en mi confusa mente.

ForeverHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora