Limerencia, limerencia es el estado mental involuntario, propio de la atracción romántica por parte de una persona hacia otra.
Ella nunca ha sentido eso que llaman amor. Es una primeriza y tan inocente... Con una curios...
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Ashley
Estaba muy nerviosa, nada nuevo. Las puertas de su armario estaban abiertas de par en par y varias prendas colgaban de él, Ashley juró que estas se reían de ella. No tenía nada nuevo, no tenía nada presentable. Entendía que el dinero no les llovía, viviendo con su abuela, cobrando la pensión y un dinero extra de cuando su abuelo falleció... Era escaso pero las sacaba adelante. Antes nunca se había planteado esos temas pero con su edad y abriéndose al mundo notaba que vivir en la burbuja era mejor, nada te dañaba.
—¡Ashley, te estoy llamando! —un grave y ronca carcajada la hizo botar de su lugar— ¿Qué sucede?
Su padre se apoyó en el marco de la puerta de brazos cruzados observándola. Ella lo repasó. Vestía una camisa azul oscuro impoluta, arremangada hasta los codos, junto con unos vaqueros y zapatos que valían lo que todo su armario o casi. La rabia comenzó a burbujear dentro de ella.
—No soy tan privilegiada como para tener ropa nueva o actual para salir.
Los ojos del hombre se abrieron como platos, ¿esa era su hija contestándole? Llevo sus dedos al mentón sintiendo la barba incipiente y rió. Su hija era algo de otro mundo y la quería demasiado.
—Bueno, tu madre es así de coqueta —se encogió de hombros justificando sus ropas— ¿Quieres que vayamos a mirarte ropa? —sonrió pasando a su cuarto y revisando percha por percha— Esta ropa está para cambiar.
Ashley sonrió como una niña pequeña, no podía creer esas palabras. ¡Se compraría ropa nueva!
—Gracias papá pero en dos horas tengo que estar lista.
—¿Para ir dónde y con quién? —la pizca de padre protector estaba asomándose.
—C-Con Ares...
Él asintió y le dejó unos minutos para arreglarse mientras tomaba dinero y las llaves del coche. Se lo comentó a Marga quién le remarcó que como perdiera a su nieta le castraba. Tomó aire y lo soltó, pasar rato a solas con Ashley le emocionaba y aterraba, no quería ahuyentarla.
—Estoy lista. ¡Adiós abu! —besó con fuerza su mejilla y se marcharon.
* * *
Recorrieron muchas tiendas, demasiadas, porque Ashley no se decidía por nada y si algo llamaba su atención y era más caro de lo que normalmente podía permitirse lo dejaba. Su padre le recomendó y aconsejó, con su mujer no era raro que supiera tanto de ropa femenina. Pasaron una escasa hora agradable, aunque a veces los silencios eran un poco incómodos.
Una vez en el coche, con la música de fondo, su padre la miró de reojo en varias ocasiones.
—Asi que... vas a salir con un chico —comentó de forma casual.
—No, con Ares —sonrió sonrojándose levemente.
Esa sonrisa en su hija al nombrar a ese chico era sincera. Se asustó. La veía pequeña para comenzar con un romance, dieciséis años era pronto para él. Ese chico podría decepcionarla, romperle ese hermoso corazón, como él había hecho. No había noche en que no recordara lo pequeña que era pero lo grandes que eran sus ojos, miel, como los suyos.