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CAPÍTULO 1

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CAPÍTULO 1

Ares 

Él había decidido que era la hora de marcharse a casa. No era relativamente tarde, de echo solo eran las 20:30 pero por alguna razón creía que marcharse era lo que tenía que hacer. Sus amigos le insistieron en que se quedara un poco más pero él era algo terco y no daba su brazo a torcer. Ni si quiera la chica de su mente pudo convencerlo. 

Esta vez era diferente, no se marchaba por aburrimiento, ni mucho menos. Esta vez era para cambiar... Dicen que cambiar la rutina, asi como la hora de irse, el camino de vuelta a casa puede darte sorpresas. Sería algo asi como una serendipia. Había intentado explicarles el significado a sus amigos pero estos bufaban y le decían que no comenzara con sus palabras raras.

— Vamos Ares, quedate un rato más — Insistió de nuevo su mejor amigo Santiago.

— No. 

— Eres tan terco cuando quieres... — Resopló el joven pasando una mano por su nuca aceptando que él se iría.

— Los veo otro día —se despidió— Adios — Beso la comisura de los labios de una linda chica de ojos azules y se fue.

Con las manos en los bolsillos se repetía en su mente que el haberse ido antes no tenía porque alterar nada. Solo, tal vez solo, algo bueno le sucediera de camino a su casa. Normalmente tomaba la calle todo recto y luego giraba a la izquierda pero hoy no. En la primera calle que pudo giró a la izquierda y decidió caminar por la calle paralela a la que siempre transitaba.

El viento mecía su flequillo ligeramente y sacudía la cabeza para ordenarselo pero le era algo complicado. Suspiró frustrado mientras observaba el suelo mojado de las calles. ¿Qué habrá pasado? Se preguntó. No había llovido y por la otra calle no vio charcos... Hizo una mueca y arrugó la nariz. Pasó por delante de varios establecimientos y leyó "Se recomienda a los ciudadanos no pasar por esta calle de las 19:45 a las 20:15 h ya que la calle será limpiada".

Al leerlo entendió y no le dio más importancia. Distraido cruzó por un pequeño callejón para continuar su recorrido y al salir de este escuchó unos sollozos. Parpadeó sorprendido al ver a una chica encogida en el suelo con la ropa mojada y llena de barro. Frunció el ceño. Ella sollozó más fuerte y él salió de su estado de anonadado. Se aproximó a ella y se puso a su altura.

— ¿Hola? —llamó sin obtener respuesta— ¿estás bien? — Dijo preocupado.

Ella alzo un poco su cabeza y se le quedó viendo a los ojos. Ares jamás había visto unos ojos tan claros y con tanta luz. Eran de color miel y brillaban de una forma que no imaginaba posible. Vio como la chica se sonrojaba al sentir su mirada tan intensa y le apartó un mechón de su rostro. Lo hizo de forma intencionada pero sin ser consciente de ello. Ese rostro pálido con esos ojos tan claros lo habían dejado algo perdido. ¿Ella podría ser su serendipia?

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