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Ares 

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Ares 

Había pasado un mes, un largo y tormentoso mes. Si bien la partida de Clara fue rápida, todavía escuchaba a sus compañeros comentarla y hablar de su rota relación. Siempre giraba la cabeza e ignoraba las palabras pero le chirriaban. Aunque a decir verdad todo no fue malo, Ares se había unido más a Ashley. Ambos solían quedar cada tres días por las tardes para hablar y dejar que las horas corriesen de forma más amena. Hoy era un día de esos. Estaban en casa de Ashley sentados en el viejo sofá viendo una película de humor mientras comían palomitas. Ares giró su rostro un momento para observarla, se veía relajada y se le escapaban sonrisas por ciertas escenas de la pelicula que a él, no le hacian gracia pero no pudo negarse a verla. En este mes se habían cogido confianza, él se tomaba la libertad de abrazarla cada vez que la veía como saludo y apartaba su cabello cuando este se escapaba. 

Por alguna razón tenerla cerca le llenaba, le traía tranquilidad y no se preocupaba por mirar el porque, el motivo, le daba igual. Solo quería que eso siguiera como hasta ahora...

— ¿Ares? — Pronunció queda sacándolo del trance.

Parpadeó dos veces y sonrió. Estaba sonrojada, seguramente porque él la estaba mirando por minutos.

— ¿Sí?

— ¿Te aburres? — Murmuró preocupada y él se puso alerta.

— No, no eso. Solo que mirarte me pareció más interesante, lo siento — Dejó escapar una risa y ella se sonrojó más.

— ¿Q-Quieres algo de beber?

— Un poco de agua —decidió y cuando la vio hacer el gesto para levantarse la detuvo. Su mano apretó su rodilla ligeramente— Voy yo tranquila.

Se levantó y fue hacia la cocina siguiendo las indicaciones que ella le acababa de dar. En el camino pudo observar fotografías de una niña pequeña con coletas, era muy guapa. También una donde aparecían un matrimonio y por la calidad de la foto Ares supuso que serían sus abuelos. Extraño le pareció no ver ninguna foto de sus padres, tal vez no tenía o tal vez había algún problema.

Tomó dos vasos y la botella y cuando volvió se dejó caer en el sofá muy cerca de ella pero no por error, estaba calculado. Ahora sus brazos se rozaban y parte del muslo de su pierna chocaba contra el de ella. Consciente de eso se puso a servir la bebida inclinándose hacia la pequeña mesa de cristal ante ellos. Primero llenó un vaso y luego comenzó con el segundo pero se despistó al sentir como Ashley balanceaba su pierna rozando la suya. Tanto fue que el agua se derramó un poco, pudo reaccionar rápidamente cuando esta se desbordó ya un poco. Maldijo y la vio correr a por un paño con el cual secó el desastre que él solo había hecho. Se disculpó varias veces hasta hacerla reír por su insistencia. Ares tenía una cosa clara, ella no le daría la espalda nunca. Tal vez por como se comportaba con él o por simples gestos que para otros no eran importantes pero para él sí. Verla sonreírle con frecuencia, cuando no solía sonreírle a prácticamente nadie, era algo que le hinchaba el pecho. Pero algo le hizo apretar la mandíbula, tenso y contrariado. Estuvo atento a cada uno de sus delicados movimientos y la vio desaparecer de nuevo. No era él único que le sacaba esos deslices un sus labios, estaba su abuela también, la cual no conocía aun pero por lo que ella le había contado bastaba. Verla sonreír de esa manera y el brillo de sus ojos cuando contaba cualquier cosa de esa mujer mayor era asombroso. No era tonto y sabía que ese no era el motivo de su repentino cambio de humor. Solo tenía un nombre en mente, Santiago. 

LimerenciaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora