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Ares

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Ares

Ambos amigos estaban sentados en una terraza de su cafetería favorita. El sol había salido con fuerza y calentaba sus pieles, a tal punto que llegaba a picar. No hablaban. Ninguno decía nada. Solo estaban con los ojos fijos en su bebida. Ares en un vaso de agua, moviendo los hielos que tintineaban, y Santiago observaba las burbujas de su coca-cola ascender.

Ares sabía que si los dos estaban ahí era porque tenían que hablar. Sus dedos comenzaron a dibujar en el vaso, quitando las gotas frías que lo bañaban.

—¿Qué tal? —suspiró su amigo y él sonrió por lo bajo.

Alzó los ojos y los clavó en él. Se veía cansado emocionalmente, eso era raro viniendo de él, pues siempre era la energía en persona. Santi estaba pasando por algo que no sabía pero que pronto descubriría.

—Pues, no lo se.

Escuchó un chasquido por parte de su amigo.

—¿Me vas a decir que ese beso no lo querías y no te gustó? —dijo divertido y Ares se incomodó.

Dio un trago a su bebida y le pisó el pie por debajo de la mesa.

—Normalmente el directo soy yo, pero en estos temas eres indeseablemente directo tú —añadió viendo como este sonreía de oreja a oreja.

Santi se encogió de hombros guardando silencio y Ares se vio obligado a contarle.

—No es por eso, solo se que ella quería probar para besar a otro chico.

Una carcajada y a continuación un arrenque de tos fue la respuesta de su compañero. Ares rodó los ojos y le lanzó una servilleta para que secara todo. Este lo hizo aún riendo.

—¿Hablamos de Ashley? —Ares asintió de mala gana— ¿Y tu crees que ella se fija en otros chicos? —no respondió— Siéndote sincero, es muy pero que muy tímida y no la veo como la clase de chica que se va aceptando besos por ahi de cualquiera. 

—No te entiendo, ¿dónde quieres llegar?

—¡Dios griedo la rarita te la ha jugado! —rió de nuevo mientras Ares lo veía molesto con el ceño fruncido— A quién quería besar es a ti. 

En ese momento todo se detuvo a su alrededor. Ya no escuchaba el resto del discurso de su amigo, ni las charlas banales de las otras mesas ni los pajaros revolotear. ¿Era posible que sí le gustara a Ashley? ¿Qué esa especie de declaración que le hizo ayer no hubiese sido mentira?

Se dejó caer hacia atrás en la silla, estaba tenso y no lo había notado. Una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios por la pequeña luz de oportunidad que vió.

—Tierra llamando a un Dios, por favor baje de su nube gobernada por su chica Ashley y vuelva —canturreó el castaño claro molestándole y lo fulminó con la mirada.

LimerenciaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora