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Ares

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Ares

No dudó, no lo pensó dos veces. Eso era un gran paso para ella y no podía negarse, además que quería verla.

"Me encantaría que vinieras :) ¿Que te parece esta tarde a las 18h? Para esa hora estaré solo en casa y como no podré salir... Tu compañía me alegraría. Vivo en la Av. Fishlegner, un edificio blanco y azul, piso 2º A"

Santi le sostuvo la mirada con el ceño fruncido como si no entendiera su comportamiento aunque para Ares no era nada del otro mundo. Había comenzado su amistad con Ashley con el propósito de ayudarla y se estaba convirtiendo en algo que también le favorecía. 

Pasada media hora, el padre del chico llegó a casa cansado de trabajar y Santi se fue a comer a su casa despidiéndose con un corto e incómodo abrazo hacia su amigo.

El hombre, padre de la familia, dejó sus cosas y se centró en su único hijo. Torció el gesto y se acuclilló para revisarle el pie. Se lo movió con delicadeza, como si de cristal se tratase, y ojeaba a Ares esperando alguna queja que no llegaba.

— ¿Como ha pasado? — Terció poniéndole crema para bajar el hinchazón.

Ares profirió a contárselo todo pero omitió que el profesor lo presionó y no le dio mucha opción ante sus negativas. Sabía que su padre le tenía en un pedestal. Su único hijo varón de buenas notas, deportista máso menos pero con buen físico y bastante inteligente. Nadie se quejaba de él y todos lo veían como "el chico perfecto". 

Su padre bufó tras acabar de enrollarle una venda, besó su frente y fue a preparar algo para comer. Ares lo siguió con los ojos y entendió porque todo el mundo le decía que era una gota de agua de su padre. Se parecían mucho. 

El hombre de 45 años era alto y apuesto con las facciones de su rostro bastante perfiladas. Sus ojos eran marrones y de pestañas largas y pobladas, como las de él pero sus pupilas salieron al color de las de su abuelo, ya que su madre también las tenía marrones. Su cabello, era igual, y la gente le decía que era Joseph de adolescente. Él solo atinaba a mostrar una ligera sonrisa sin mostrar sus dientes. Estaba bien parecerse a sus padres, de hecho era geneticamente así pero él no era su padre, él era su hijo, Ares. Las comparaciones y las expectativas que le tenían eran exhaustas para el joven adolescente. A sus 16 años, para 17, seguía aguantando esos comentarios que si se levantaba con el pie izquierdo rebatía hasta la saciedad.

Pero, ¿que iba a hacer? Quería a su padre y no podía decir "No quiero ser tú" porque en realidad si quería ser como él en varios aspectos pero no que se los pusieran los demás.

— Aquí esta la comida hijo. Son spaguetis con tomate natural y albahaca como te gustan — Sonrió el hombre y este salivó al oler la pasta recien hecha.

Quiso levantarse pero su padre con cara de espanto no lo permitió. Forcejó un poco con él para que le dejara dar cinco miseros pasos hasta la mesa pero fue en vano. Su padre le puso una mesa supletoria en el sofá y ambos comieron ahí viendo un documental de Felix Rodriguez de la Fuente, esos que su padre amaba.

LimerenciaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora